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EL ENVÍO DE LOS SETENTA

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 20 dic 2014
  • 7 Min. de lectura

No podríamos iniciar el presente tema de sin leer los versículos anteriores al texto de estudio, lo transcribimos íntegramente escrito en libro de Lucas 9:57-62 57 Yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré adondequiera que vayas. 58 Y le dijo Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza. 59 Y dijo a otro: Sígueme. Él le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre. 60 Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios. 61 Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. 62 Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.


La interpretación de estos versículos tiene forzosamente que ventilarse en el tiempo de nuestro Señor Jesucristo, ya que constituye una referencia histórica de tres personajes del pueblo judío que querían seguirlo, no tiene aplicación en nuestro tiempo, ya que ahora el Espíritu Santo es el que hace la obra que ha dispuesto Dios en el mundo gentil, para mayor ilustración citaremos a Saulo de Tarso que perseguía a la iglesia y el Señor lo escoge para el ministerio de su palabra a los gentiles.


Siguiendo con lo citado en los versículos anteriores. El primero de ellos deseaba seguirlo, pero el Señor Jesús conociendo los corazones le dice que en su ministerio lo material no cuenta y hay que moverse en el Espíritu, Jesucristo es el único maestro en ese entonces, nadie conoce las buenas nuevas más que él y tiene que hacer su labor con discípulos como él. El segundo es el Señor Jesús el que le dice Sígueme, sin embargo el segundo condiciona a un hecho quizás muy importante para el género humano y para la religión judía, pero el Señor Jesús antepone los asuntos del evangelio como una cosa de más valor, y por último, el tercero aspira a un último saludo a su familia y el Señor Jesús expresa un pensamiento eterno digno de toda sabiduría espiritual, a través de la analogía del arado, el que mira atrás no hace bien los surcos y no sirven para plantar la semilla, no hay aptitud y su labor será desastrosa, los seguidores del Señor Jesús sabían de su doctrina y del poder de Dios en él, las cosas del mundo les impedía un servicio que demandaba calidad en la fe para seguir verdaderamente al Señor. Ahora continuamos con los versículos del presente tema en Lucas 10:1-12 1 Después de estas cosas, designó el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir. 2 Y les decía: La mies a la verdad es mucha, más los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. 3 Id; he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos. 4 No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado; y a nadie saludéis por el camino. 5 En cualquier casa donde entréis, primeramente decid: Paz sea a esta casa. 6 Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros. 7 Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os den; porque el obrero es digno de su salario. No os paséis de casa en casa. 8 En cualquier ciudad donde entréis, y os reciban, comed lo que os pongan delante; 9 y sanad a los enfermos que en ella haya, y decidles: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios. 10 Mas en cualquier ciudad donde entréis, y no os reciban, saliendo por sus calles, decid: 11 Aun el polvo de vuestra ciudad, que se ha pegado a nuestros pies, lo sacudimos contra vosotros. Pero esto sabed, que el reino de Dios se ha acercado a vosotros. 12 Y os digo que en aquel día será más tolerable el castigo para Sodoma, que para aquella ciudad.


De los anteriores versículos se desprende que son las mismas instrucciones que les dio a los doce discípulos, pero no los menciona como discípulos sino hace referencia de enviar a setenta (se supone que serían discípulos) pero la escritura nos dice que no pensemos más de lo que está escrito, por lo que no podemos considerarlos discípulos, sino enviados. En el versículo 7 hay una instrucción más precisa: No os paséis de casa en casa. La instrucción principal es encontrar una casa de paz en las aldeas y ciudades, tenemos que analizar que las instrucciones que dio y el poder que fueron investidos es por su palabra, el Señor Jesús era lleno del Espíritu Santo en su carne, no había bajado el Espíritu Santo sobre los discípulos, ese día estaba reservado cuando el Señor Jesús estuviese sentado a la diestra del Padre, eso explica que dichos enviados no prevalecieron como discípulos pero como salvos si, como se puede ver en el versículo veinte de este mismo capítulo, para su obra el Señor Jesús dio poder a los setenta para testimonio del cumplimiento del tiempo que el reino de los cielos estaba en Israel.


Jesucristo para testimonio y juicio al orgullo del pueblo judío exclamo en público y delante los setenta en Lucas 10:13-16 13 !!Ay de ti, Corazín!!Ay de ti, Betsaida! que si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que sentadas en cilicio y ceniza, se habrían arrepentido. 14 Por tanto, en el juicio será más tolerable el castigo para Tiro y Sidón, que para vosotras. 15 Y tú, Capernaum, que hasta los cielos eres levantada, hasta el Hades serás abatida. 16 El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió.


Quizás esta palabras constituyen una sentencia fatal para los que sigan sin creer en el anuncio del Señor Jesucristo, el juicio que recayó sobre Sidón, Tiro y Sodoma en el transcurso del tiempo y hasta nuestros días son una evidencia que los juicios de Dios son condenatorios e inapelables, ahora le tocará a tres ciudades judías pasar por esa mismas condiciones y aún más por no haber entendido el tiempo de su visitación, hasta la fecha las tres ciudades han sido desiertas por la incredulidad e ignorancia de la palabra de Jesucristo. Aquí termina las instrucciones a los setenta y los despide a su obra anunciadora.


Después de un tiempo de haber recorrido las ciudades y aldeas, los setenta regresaron como se puede leer en los siguientes versículos: Lucas 10:17-20 17 Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre. 18 Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. 19 He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará. 20 Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.


Los enviados experimentaron un deseo enorme de informarle al Señor de las hazañas espirituales en su alma y en su carne pero el Señor describe una señal solo vista en la dimensión espiritual de la Deidad al relatar la caída del enemigo de Dios y de la victoria de su nombre sobre toda cosa o potestad. El versículo veinte da testimonio y mensaje que en el libro de la vida eterna los nombres son anotados para esperanza. Para terminar ese momento se describe la alabanza del Señor Jesucristo a nuestro Padre Lucas 10:21-24 21 En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó. 22 Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. 23 Y volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis; 24 porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.


Quizás el término discípulos se puede pensar que está dirigido a los setenta pero es evidente que este término es para los doce discípulos que lo acompañaron en su trayectoria. Los sabios y los entendidos del mundo son comparados con los niños, con los sencillos y oidores de la palabra del Señor Jesucristo y el versículo 23 es una gratificante mensaje a sus discípulos que habían creído en su encomienda por el precioso momento que les tocó vivir y haberlo visto y oído al autor material de la salvación de la humanidad: el Señor Jesucristo. Después de pentecostés el mundo experimentó el cambio, el plan de salvación entró en su fase secundaria y la iglesia inició su labor con las instrucciones que venían de lo alto.


He meditado en la incredulidad de los judíos hacia el Señor Jesucristo y ellos estaban atónitos y sorprendidos por varios factores.


Primero: de su sabiduría y autoridad, de cómo les hablaba;


Segundo: por su edad y seguridad;


Tercero: de su poder y manifestaciones;


Cuarto: de su linaje y su origen;


Quinto: de su carácter y su conducta.


Todo lo anterioro provocó ese rechazo a su anuncio porque las preguntas que le hacían eran siempre para que cayera en error y poder acusarle de algo. Amigo lector considere lo siguiente: Los judíos se preguntaban primero de dónde sabe todas las cosas, dónde estudió y quién lo enseñó si era de Nazareth; segundo de dónde surgió su conocimiento si era joven y su voz era potente, tercero hacía muchas señales y prodigios ante el público, cuarto era hijo de carpintero, nacido según ellos en Nazaret, hijo de María y hermano de los hijos de María, quinto el porqué de su entereza y su capacidad de resistir tentaciones y responder sin dar pie a una falta o error, con todo eso el pueblo judío no le reconoció, hasta ahora, son especiales y de gran interés para los que leen la escritura en el nuevo pacto a quienes están dirigidos los mensajes el envío de los doce discípulos prevaleció hasta su muerte hay registro en los evangelios y en el libro de los Hechos, el envío de los setenta no hay nada escrito sobre ellos, quizás unos continuaron con su fe y algunos simplemente lo dejaron, cualquiera que fuese su destino, siempre hay esperanza si prevalece en la fe de nuestro Señor Jesucristo: Amén.

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