La autoridad del Señor Jesús
- Cuerpo Editorial

- 14 mar 2015
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Marcos 11:27-33 27 Volvieron entonces a Jerusalén; y andando él por el templo, vinieron a él los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos, 28 y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas, y quién te dio autoridad para hacer estas cosas? 29 Jesús, respondiendo, les dijo: Os haré yo también una pregunta; respondedme, y os diré con qué autoridad hago estas cosas. 30 El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres? Respondedme. 31 Entonces ellos discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? 32 ¿Y si decimos, de los hombres...? Pero temían al pueblo, pues todos tenían a Juan como un verdadero profeta. 33 Así que, respondiendo, dijeron a Jesús: No sabemos. Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas.
Los religiosos siempre juzgan y critican a Dios y a sus hijos por la fe en el Señor Jesucristo, ellos dicen tener a Dios y cuando los siervos del Señor Jesucristo enseñan su palabra a los nuevos creyentes, les es molestoso y los atacan diciendo que por qué hablan de Jesucristo o de Dios, se han autodenominado que tienen a Dios y lo representan aquí en este mundo, nada más engañoso, lo peor es que dicen que se debe estudiar a Dios y a Jesucristo en institutos bíblicos o seminarios, otro error que los hace ver lejanos al Padre.
En el pasaje inicial la élite sacerdotal cuestiona a Jesucristo que viene de lo alto, salido de Dios dice la escritura y esos religiosos cuestionaban la autoridad de Dios, el Señor Jesús conocedor de las mentes y corazones de los hombres, con palabra persuasiva, inteligencia y sabiduría de lo alto los avergonzaba con sus cuestionamientos, el sí tenía autoridad y no como los escribas y sacerdotes, el pueblo lo reconocía, nadie podía negar la fresca sabiduría que enseñaba el Hijo de Dios, el decir “No sabemos” a la dicha interrogante les hizo perder la oportunidad de prender al Señor Jesús en sus acusaciones, el Señor Jesús (magistralmente como lo era) los superó en sabiduría y tampoco respondió a la pregunta. Él se denominaba el Hijo del hombre, si decía que era el Hijo de Dios abiertamente lo habrían acusado y no habría terminado su ministerio, como se había establecido desde antes de la fundación del mundo.
Hoy en día predicar la palabra del Señor Jesucristo por parte de los siervos del Señor, enoja y causa malestar en los religiosos y hombres que presiden congregaciones porque quieren ser los protagonistas y ser jefes de sus súbditos y correligionarios, desobedeciendo en su totalidad los preceptos del Señor. La autoridad es una facultad espiritual que investida de lo Alto, es única, indivisible, divina y no admite cuestionamiento. La autoridad es la supremacía del poder que viene de lo Alto, del mismo cetro de poder de Dios ahora en espíritu en el interior de los hijos de Dios. La diferencia es notoria Dios avala la autoridad de sus hijos en su paso por este mundo y avergüenza a los que se dicen ser de Él y pertenecen a religiones y organizaciones humanas.
La autoridad del Señor es incuestionable, él tiene todo el poder por voluntad del Padre y lo deposita en sus hijos para hacerlo valer en este mundo. Los hijos de Dios son los embajadores del Señor aquí en este mundo del amor y del poder, de la autoridad y del testimonio, de lo espiritual y de la verdad, de la salvación y de la eternidad, del servicio y de la humildad. Somos un linaje y no una raza, somos hijos y no criaturas, somos la iglesia gentil en Jesucristo y no la religión atada a los hombres. Cree que Jesucristo es el Hijo de Dios y la autoridad del Señor está a favor y está en ti. Amén.




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