Primer mandamiento del Señor Jesucristo para sus Santos
- Cuerpo Editorial

- 18 abr 2015
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Mateo 5:21-26 21 Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. 22 Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego. 23 Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, 24 deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. 25 Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, entre tanto que estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel. 26 De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.
¿Se sabrá y se practicará este mandamiento dicho por su boca por el Señor Jesús? Los hipócritas y los religiosos no aceptan la palabra del Señor Jesucristo, cualquier pretexto buscan para que la gente no lea y no sepa lo que pueda vencer al enemigo de Dios. Este mandamiento fue dirigido a los judíos y el Espíritu Santo lo validó para la iglesia, determina ya un cambio en la conducta de los hijos de Dios por la fe en Jesucristo, hoy se debate que si la ley, que si el antiguo pacto… ¡Nada de eso! La palabra del Señor Jesucristo debe observarse en la comunidad creyente.
Los hermanos deben practicar siempre el amor fraternal, todo amor entre nosotros, la esencia de Jesucristo es el amor. Lee de nuevo este versículo y encontrarás una gran disposición en el Espíritu Santo, no es correcto delante del Señor Jesús molestarnos o enojarnos con los hermanos en Cristo. ¿Por qué? El fundamento es sencillo, lo explicaremos: si dos personas tienen el mismo Espíritu de Dios ¿cómo puede molestarse el uno con el otro? Si el Señor nos enseña que un reino divido no prevalece, es evidente entonces que alguno de ellos está en su carne y engañado por satanás, no puede ver su error. Dios no se divide entre la vida de los hermanos. Los hermanos deben ser cuidadosos en sus relaciones sociales, mucho más con los hermanos en la fe, el reino dividido no puede subsistir, la palabra de Jesucristo entre los hermanos debe prevalecer, debemos de perdonar o sujetarnos, el Espíritu Santo es nuestra guía para vivir en amor fraternal.
Es un pecado de muerte esta condición débil, aquí hay orgullo, desobediencia, los verdaderos hijos de Dios por la fe en Jesucristo, son guardados por el Espíritu Santo de cometer este pecado, aun si lo has cometido, sabe Dios que está el arrepentimiento para remendar esta situación, es terrible la condición de la enseñanza de lo judaico, los parámetros a la iglesia de Jesucristo es alta, divina y espiritual.
¿Por qué no se enseñan los mandamientos de Jesucristo en la vida de los creyentes?
Porque el enemigo de Dios quiere que sigan con los mandamientos de la ley y no obedezcan al que dio su vida por ellos. El Espíritu Santo te da el dominio propio, sé que la carne es débil, de ahí que tienes que sujetarte cada vez más al Espíritu y no a las condiciones religiosas y humanas que proceden del mismo satanás.
El cuerpo no se pelea entre sí, se ayuda y se coordina como un organismo vivo que requiere de toda su energía para luchar en el nuevo testamento los hermanos deben determinar con conductas apacibles las diferentes opiniones en las cuales día con día se envuelve la vida humana entre los creyentes, no podemos abstenernos del mundo, ni de nuestra carne, lo que debemos ejercitarnos es en la vida espiritual que nos enseña el Espíritu Santo.
Este mandamiento es el primero y trae consecuencias graves, el ignorarlo va contra el cuerpo y evidentemente hay rigor por tu desobediencia, léelo una vez más y medita que la palabra del Señor Jesucristo, no es hipocresía y es la verdad, con los adversarios o sea con los del mundo, mantener la paz porque ellos cuentan con un aliado de mentira y falso poder: el enemigo de Dios, hay que estar en paz, es de nosotros padecer algo hecho por nosotros mismos, perdón entre los hermanos y negociar con los de afuera es una estrategia divina que debes de mantener como norma espiritual en tu vida.
Hoy los creyentes en Jesucristo tenemos la paz como esencia en nuestra vida espiritual, amemos a nuestros hermanos en Jesucristo y no nos enojemos, digamos mal e insultemos a un miembro del cuerpo, antes bien, ganemos todas las batallas en el cual el enemigo quiere que caigamos y salgamos airosos de cualquier tentación u motivo de enojo con nuestro hermanos, pidámosle todos los días de nuestra vida, obedecer este mandamiento del Señor Jesucristo.
Es por eso que el camino de Dios es imposible e ilógico para el humano natural. Porque ¿Cómo evitar enojarse?¿Por qué voy YO a ceder si YO sé que YO tengo la razón? Precisamente por eso, porque el orgullo, el egoísmo nubla los ojos, confunde a la mente entre verdad, realidad y deseo de prevalecer. El enemigo conoce a la perfección nuestras carencias comunes como especie humana, así como las particulares de cada individuo. Y las conoce por cómo actuamos a diario. Es como un espía que llega en el momento oportuno para crear lazos, tentaciones y pruebas con el fin de debilitar a los que considera sus contrarios.
Por eso el Señor Jesús nos advierte que siempre que tengamos un desacuerdo con alguien debemos aclarar eso lo antes posible, porque el tiempo que transcurre juega en contra de los involucrados y el enemigo hace sus fechorías. Por tanto entre más pronto se limen asperezas las puertas de oportunidad se cierran y el enemigo ya no puede urdir sus asechanzas. La paz siempre prevalece donde las diferencias no existen o son remediables.
Por obviedad no debemos estar en entornos donde la paz no puede florecer. Más en nuestro continuo mover por el mundo, siempre debemos ser maestros del bien, de la mansedumbre, de la sinceridad, de la honestidad y del amor. Por que ese es nuestro testimonio como hijos de luz. Somos pues la extensión de Aquel que nos llamó a vida para salvación eterna de modo espiritual y no una continuación del arcaico modo carnal que no es provechoso en lo absoluto. Amén.




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