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La secrecía en nuestra comunión con el Padre

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 21 nov 2015
  • 3 Min. de lectura

La oración es una plática con Dios, al inicio de nuestra relación con el Padre cometemos errores al estar hablándole y comentándole nuestra situación, inclusive diremos frases cortas o a veces que no tienen sentido, Dios ya lo sabe todo, solo quiere ese momento preciado para que te acerques y creas con fe lo que le estas comunicando.


Jesucristo ya sabía que el pueblo judío admiraba a los hombres cultos que sabían hablar a Dios, el pueblo era ignorante, no tenía estudio y muy pocos sabían leer y escribir, el pueblo trabajador apenas le alcanzaban las fuerzas para mantenerse y su lenguaje era corto y de pocas palabras, el nuevo modelo habrá que hacerlo sencillo y práctico y Dios no quería más las palabras elocuentes sino el corazón de los hombres.


Mateo 6:5-15 5 Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.


Todavía el hombre religioso se quiere lucir ante la mirada de los hombres, quiere el show para ellos, su palabra es vacía y hueca. Las oraciones en algunos salmos detonaban tristezas, aflicciones y pesares y en el mismo salmo el salmista describe su desdicha y la inspiración del Espíritu Santo en el antiguo testamento les daba consuelo al final de su oración.


6 Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

7 Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos.

8 No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.


Dios es pródigo y magnánimo con sus hijos: los oye y le complace que se lo pidas en el nombre de Jesucristo y te contesta para testimonio de la gente que te rodea para que vea que no son tus fuerzas o sobre esfuerzos sino el poder y el amor del Padre. Otro parámetro espiritual de quiénes son de Dios y quiénes no, consiste en la inútil palabrería de los rezos. Es inconcebible que un hombre enseñe a repetir cientos de veces la misma frase, todas las veces y para todo caso. ¡Que inútil acto religioso, sin recompensa! Acércate de corazón contrito y humillado, Él te oye y Él te da lo que necesites.

La siguiente oración la veremos en un blog posterior por ser de gran importancia la explicación de estos versículos:


9 Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.

10 Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

11 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.

12 Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.

13 Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.


En el final hay dos versículos que tiene una profunda raíz en nuestro espíritu, nos demanda amar y también perdonar, no hay concesión o excusa, es perdonar a los hermanos, a los del mundo y a todos aquellos que nos rodea sin pretexto.


14 Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;

15 más si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.


Muy claro y conciso es la palabra del Señor Jesucristo el Señor Jesús en su muerte y en Hechos de los Apóstoles Esteban perdonaron a sus enemigos, diciendo “no les tomes en cuenta este pecado”. No seamos fariseos o religiosos, perdonemos de corazón.


En la analogía de la casa el aposento de la recámara está arreglado para recibir el fin del día. Amén.


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