No juzguéis, para que no seáis juzgados.
- Cuerpo Editorial

- 24 nov 2015
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Excelente modo de explicar una gran verdad acerca del hecho de levantar comentarios, y atreverse a enjuiciar los actos de los demás, emitir opiniones personales de otros es algo que no debemos volver a hacer. Si lo haces definitivamente te alcanzará el juicio de tus propias palabras y si has sido duro, esa dureza recaerá en ti; además, si ha sido displicente tu comentario, la misma displicencia será para ti también.
2 Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.
Una condición humana es la de criticar, de juzgar, de ver lo malo en otras personas, el juicio debe iniciar en nosotros, la comparación es con nosotros mismos y aceptar a todos como son, si hay algo que nos debe quedar cierto, es que nosotros tenemos que dejar el juicio de otras personas y liberarnos de criticar y de juzgar sin sentido o con ánimo de ofender.
Si das poco recibirás poco; si no haces bien tu trabajo, otro no hará ese trabajo por ti bien. Y se cumple aquí en este mundo. Solamente la iglesia de Jesucristo como iglesia SÍ puede juzgar a este mundo. Tenemos la vida en el Espíritu Santo y nos proporciona la sabiduría para conocer los tiempos y las condiciones de nuestro entorno. Pero los hijos de Dios en forma individual tenemos que ajustarnos a este ordenamiento que siguiendo la analogía de la casa los baños han sido totalmente limpiados.
3 ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?
El parámetro espiritual lo marca el Señor Jesucristo quien juzga y hace juicio, es porque está en peor condición que el juzgado, no hay otra verdad explicable. Tu críticas a alguien en una actitud y déjame decirte que algo está pasando en tu vida, porque tu estás peor en el lenguaje espiritual.
4 ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo?
Y no te esfuerces en corregir al otro, corrígete tú primero, esfuérzate y déjate guiar por el ordenamiento de Jesucristo, cuando utiliza el término: viga, lo detalla como algo pesado, fuerte, que no te permite ver bien y tapa tu vista.
5 ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.
La paja de los demás es fácil de quitar, la viga está sostenida por el orgullo y la altivez de ver en todos sus defectos, pero no son nada a comparación de la paja en ojo ajeno. Los que incurren en esta debilidad son hipócritas porque quieren disfrazar lo que son verdaderamente y distraer la vista en los hombres de condición débil.
6 No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.
Este versículo al parecer no tiene relación con el tema anterior ni con los versículos que le siguen, sin embargo es una alerta para el cuidado de los ordenamientos de su palabra lo dicho por Jesucristo que es santo. Esto porque está apartado del sabiduría del mundo y los perros son todos aquellos que nada quieren oír a Jesucristo, y esto te lo digo a ti, que crees y convives abiertamente con familiares, amigos, vecinos y demás compañías en el mundo pero, en el Espíritu muchos de ellos son perros. También habla de perlas, la palabra de Jesucristo son joyas de extremo valor y belleza que tenemos que cuidarlas y no ofrecerlas a los cerdos, no podemos ir ante ellos pues no tienen la capacidad de admirarlas ni de apreciar su valor, si lo haces hay una gran posibilidad de que no la acepten y tú seas despedazado por ellos.
Terrible verdad que se cumplirá en el ministerio de Jesucristo, hablar en el nombre del Padre y dar su palabra le costó al Señor Jesucristo el rechazo de mucho pueblo y el clero judío, tenemos que ser sabios para dar esta palabra a los hijos de Dios y definitivamente no compartirla con el mundo, a esos perros y cerdos que no es su naturaleza oír lo santo y valorar dichas perlas de lo Alto.
Y tiene sentido lo dicho por el Señor Jesús hace muchos años, pues ahora en estos días, donde el orgullo y las conciencias cauterizadas desprecian todo lo relacionado a Dios, increpan al Creador por todo lo que acontece debajo del sol, cuando no se percatan que es su propia maldad la que ocasiona todo el desastre espiritual y terrenal, por su naturaleza de ser perros y cerdos ¡lamentable situación la de ellos! Por eso nosotros debemos ser juiciosos y saber a quién mostrar la verdad, revelar lo santo y regalar las perlas y esto no por nosotros, sino por el Espíritu Santo de Dios en nosotros, Amén.




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