¡VEN, SEÑOR JESÚS!
- Cuerpo Editorial

- 20 ene 2016
- 4 Min. de lectura

Las tres últimas palabras del penúltimo versículo de toda la biblia escrita en el último capítulo del libro de Apocalipsis o Revelaciones, conlleva a su iglesia a repetir estas palabras en cada una de nuestras oraciones, pues la venida del Señor Jesús está cerca y es el pensamiento que debemos de guardar en nuestro corazón y nuestra mente.
La esperanza constituye un bálsamo a nuestra corta existencia en esta vida, el apóstol Pedro disertaba en su segunda carta en el capítulo 3 versículo 9. El Señor no retarda su promesa que algunos lo tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. ¿Pero estaremos preparados para su venida? ¿Estaremos haciendo lo que debemos de hacer? ¿Obedecemos fielmente a su palabra? ¿Seguimos en la comunión con el Espíritu Santo? ¿Mantenemos en nuestro corazón el advenimiento de su presencia?
En el tercer capítulo de Pedro nos hace un resumen de lo importante que es para la vida espiritual del creyente poner en prueba nuestra fe y lo transcribiré para una mayor comprensión de no apartarnos de la palabra y enseñanzas de Jesucristo.
2 Pedro 3 Amados, esta es la segunda carta que os escribo, y en ambas despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento, 2 para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles; 3 sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, 4 y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación. 5 Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste, 6 por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua; 7 pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos. 8 Más, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. 9 El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. 10 Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. 11 Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, 12 esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! 13 Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. 14 Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz. 15 Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, 16 casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición. 17 Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza. 18 Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.
El versículo 8 de esta carta es muy importante para despejar las dudas de muchos científicos que con el alarde de conocer la creación de Dios, hacen conjeturas con el tiempo y creen alcanzar el concepto de conquistarlo y vencer la muerte y estar en la eternidad y es de mucha importancia para los creyentes comprender que el Espíritu Santo anteponga este versículo en el advenimiento de nuestro Señor Jesucristo.
Hablar del tiempo en la eternidad es hablar de un proceso diferente al que está hecho la tierra, el espíritu es provisto de una sustancia imposible de apreciar por el sentido humano, por eso tenemos que dejarnos conducir por el Espíritu para conocer los alcances de su poder y su esencia.
El mismo Pedro nos explica que tenemos un linaje divino en nuestra naturaleza y que la podemos extender en el servicio de los santos y de los que nos rodean, ya que el espíritu es el que da la vida y transforma todo lo que este espacio terrenal contamina a la naturaleza humana, pondremos varios ejemplos para demostrarlo:
El Espíritu Santo escribe por el apóstol Pedro, en el versículo 18 tenemos que aspirar en crecer en gracia y el conocimiento de Jesucristo y esto se inicia confesando que Jesucristo es el Hijo de Dios y el Espíritu Santo morará en ti para vivir en el amor del Padre para con todos, con pocas palabras para llevarnos a una vida de poder y de eternidad.
Solamente a Jesucristo hay que darle la gloria, a nadie más, es una consolación para la iglesia de Jesucristo establecida en toda la tierra para no desviarnos a nada, ni a nadie, es el mensaje último que registra la epístola de Pedro y fundamenta nuestra esperanza en su venida. Dejemos el antiguo pacto y leamos al bendito Señor Jesús que vendrá a reinar mil años con su iglesia, digamos en espíritu y con nuestra mente y corazón: ¡Ven, Señor Jesús! Amén.




Comentarios