Dejad a los niños venir a mí
- Cuerpo Editorial

- 16 jun 2016
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Estas palabras las dijo el Señor Jesucristo a los discípulos, o sea es dirigida al cuerpo de creyentes de toda la tierra y de todos los tiempos. La palabra en Marcos debe registrarse en la mente y el corazón del cuerpo de Cristo expresado visiblemente por todos aquellos que han sido declarados con poder hijos de Dios por la fe en Jesucristo.
Ha sido un desorden y una desviación de los padres no educar a los hijos en la lectura de los evangelios, Hechos de los apóstoles y las cartas epistolares, el Padre le ha otorgado a los niños el discernimiento de su palabra y de su voluntad. Son los padres que oyendo al enemigo de Dios los hacen abandonar la riqueza espiritual que les confiere a los infantes desde su niñez.
Los niños están cercanos en su nacimiento al Padre, desde antes de la fundación del mundo los engendró y preparó una vida plena para los nacidos en este mundo, en su conciencia todavía registra el reino que acaban de dejar. El Padre ha enviado a los hijos a que conozcan a Jesucristo. El Señor Jesucristo insta a los discípulos y a la iglesia de ahora que no les impidáis el conocimiento y la palabra de él.
Es una necedad inculcarles doctrinas del antiguo testamento o doctrinas religiosas o lo peor: lo que el mundo produce como películas, videos, juegos que contienen un alto contenido de abstracción y desviación mental a las cosas de Dios.
El niño pronto dejará de ser obediente y empezará una etapa difícil de su existencia como lo es la adolescencia que lo va a llevar a la vanidad, por no estar sujeto a la palabra del Señor Jesús, por no cimentarse y edificarse en la roca de la salvación y en las enseñanzas del único y sabio Maestro de transmitir las enseñanzas de nuestro Padre para la generación de los hombres de este tiempo.
Ahora es el Espíritu Santo el que transmite el evangelio de la gracia y la verdad. A los niños hay que llevarlos al conocimiento de Jesucristo (ver los temas del editorial 10), de ellos aprendemos la mejor forma de convivir y de vivir en paz y en soltura de amor y búsqueda de la sabiduría. Es en esta fase humana que el niño está preparado para comprender los propósitos de Dios de los cuales le proveyó para su destino.
Voy a transcribir literalmente este pasaje de Marcos 10:13-16 13 Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reprendían a los que los presentaban. 14 Viéndolo Jesús, se indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. 15 De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él. 16 Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía.
La inocencia es parte de la esencia de un niño, una de las cosas que Dios no quería para el hombre es que conociera el bien y el mal, pues al desobedecer Eva y Adán, trajeron juicio a la humanidad. El niño no está provisto de esa condición, somos los padres, la familia, la escuela, los vecinos, los medios de comunicación, los que intervenimos en el desarrollo de su concepción, de ahí nace la maldad descontrolada, no quiere decir que un niño que conozca a Jesucristo la maldad no esté en él, porque esta nos va acompañar hasta la muerte, lo que se quiere hacer notar es que se controló y se redarguye de nuestros actos.
Jesucristo es paz, amor, obediencia, sabiduría, discernimiento, llevarlos al conocimiento del Hijo de Dios, es llevarlos a una vida espiritual plena de la palabra de Dios, la iglesia tiene el mandato del Señor de no impedir que se acerquen a él, pues el reino de Dios es para ellos. No se lo impidas porque eso indigna al Señor Jesús.
El hombre debe volverse como niño cuando cree que Jesucristo es el Hijo de Dios, es una condición para reinar en el Señor. Jesucristo en su ministerio era autoridad, sabio, misericordioso, maestro de fe y amor; ahora se vuelve a formar parte de nuestra vida con la plenitud del poder del Espíritu Santo en la vida del creyente.
Él espera como Pastor ayudar a las ovejas que requieran de su amor, Él espera que anheles como niño su protección y sus cuidados, él está presto siempre para bendecir a su iglesia. Andemos sin malicia en la iglesia, en el mundo y en nuestra vida. Amén.




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