¿Nos es lícito dar tributo a César, o no?
- Cuerpo Editorial

- 17 dic 2016
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En los siguientes versículos leemos la intención de los sacerdotes y los escribas en cuanto a la separación de las cosas del mundo con respecto a las de Dios. Las religiones no persiguen obedecer a Dios, sino que imitan y falsean la palabra de Dios; mientras que los ateos se auto engañan y engañan a sus feligreses, que a su vez se dejan engañar no sabiendo el error en que están, creando una pesadez en sus sentidos: sordera en sus oídos y miopía en su visita para evitar voltear a ver a Jesucristo.
Su interés es cautivar los pueblos a su conveniencia, ejercen el liderazgo para sí mismos donde poco a poco su ego los consume y saben en que la palabra esta la respuesta, pero se niegan a creerla por seguir en sus concupiscencias y placeres. Así son los que no quieren nada con Jesucristo, fingen andar en piedad y están llenos de podredumbre de huesos. No entienden que todos estamos así por la naturaleza de la carne y sólo el Señor Jesucristo vence nuestra carne.
El clero judío, sin temor a Dios quieren tentar y prender a Jesucristo con sus estratagemas y encubriéndose en hipocresía y cinismo le dicen:
“Maestro, sabemos que dices y enseñas rectamente, y que no haces acepción de persona, sino que enseñas el camino de Dios con verdad.
¿Nos es lícito dar tributo a César, o no?”
Jesucristo no vino a oponerse a ningún régimen político y mucho menos a rebelarse ante la autoridad. El Señor vino a cumplir la nueva etapa de vida dispuesta por el Padre y esto es: creer en su Hijo y ser salvos por la fe. Es todo lo que demanda. Las religiones vuelven una encrucijada la salvación y los pseudo teólogos son los que echan a perder la relación con sus locuras y desvaríos del hombre para con Dios. Jesús sabe las intenciones que hay en los hombres y concretamente en ésta no va a permitir que no vean su hipocresía y anuncia: Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imagen y la inscripción? Y respondiendo dijeron: De César.
Entonces les dijo: Pues dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.
La sabiduría del Hijo de Dios se manifiesta en luz, el mundo terreno es del mundo. Hay que acatarse a las autoridades y ver que los judíos querían apoderarse del mundo en su codicia y avaricia, ellos reclamaban el mundo y el Señor nunca les dijo que este mundo era para ellos, su elección como pueblo de Dios es anunciar el amor y misericordia de Dios y no en dominar el mundo para sus riquezas, el enemigo de Dios había cumplido un fin devastador: Desviarlos de la obediencia al Señor. Eventualmente, el hecho de ser hijos de la fe no nos exime de nuestras obligaciones para con el gobierno, ni familia, ni nosotros mismos. En general, debemos estar en paz con el mundo atendiendo lo que es menester: pagar los diversos servicios, impuestos, alimentos y bienes, etc., como esté estipulado, sin que eso merme nuestra verdadera vocación: ser testimonios vivientes de Jesucristo.
Él vino por un testimonio de que Dios es bueno, santo, misericordioso y justo, no en verlo con riquezas, ostentaciones, poderosos en armas, deleites. Dad al César lo que es del César, es acorde a la moneda en ese mundo no penetra, ni insinúa juzgarlo, solamente acatarlo. Vendría el día de que el templo de Jerusalén sería raído en su totalidad por el ejército romano y con ello cobraría muchas vidas del pueblo judío.
El clero no tiene palabra para sustentar su religión, se la pasan tergiversando y acomodando sus dogmas a la palabra del Señor, sólo leen fragmentos en sus servicios religiosos todos los años de la vida y no la explican, ni la entienden ellos y acaban por decir otras sandeces del mundo. Jesucristo vino a eso desenmascarar al clero judío y al clero religioso actual por medio de sus evangelios, un 70 por ciento de su contenido es evidenciar que los que se dicen ser religiosos, no son más que engañadores. La palabra es sencilla y fácil de entender, no se requiere estudiarla, solo leerla y aceptarla con fe en Jesucristo como el Hijo de Dios.
Muéstrale tu moneda. Y procura que esté acuñada como una moneda indivisible: el Padre y el Hijo en un solo valor de salvación: el confeccionador del plan de salvación el Padre y el ejecutor de dicho plan, el salvador Señor Jesucristo. Es la moneda para vida eterna.
Transcribo los siguientes versículos del capítulo de Lucas 20:19-26 a fin de que leas su palabra íntegramente:
19 Procuraban los principales sacerdotes y los escribas echarle mano en aquella hora, porque comprendieron que contra ellos había dicho esta parábola; pero temieron al pueblo. 20 Y acechándole enviaron espías que se simulasen justos, a fin de sorprenderle en alguna palabra, para entregarle al poder y autoridad del gobernador. 21 Y le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas rectamente, y que no haces acepción de persona, sino que enseñas el camino de Dios con verdad. 22 ¿Nos es lícito dar tributo a César, o no? 23 Más él, comprendiendo la astucia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? 24 Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imagen y la inscripción? Y respondiendo dijeron: De César. 25 Entonces les dijo: Pues dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. 26 Y no pudieron sorprenderle en palabra alguna delante del pueblo, sino que maravillados de su respuesta, callaron. Amén.




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