Yo soy la resurrección y la vida
- Cuerpo Editorial

- 22 abr 2017
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Ningún hombre hasta ahora ha declarado estas palabras, escogidas y reveladas para el Señor Jesucristo desde antes de la fundación del mundo y proclamada por los profetas y guardadas por el Espíritu Santo para los hombres de esta generación. Se han construido falsas doctrinas que tratan de opacar y de hacerlas menos o de poco interés, pero en el fondo del corazón humano saben que de toda existencia humana es la promesa absoluta de verdad.
Ningún hombre fuera de Dios es capaz de resucitar a un muerto, aunque el término lo utilizan en medicina, en paramédicos, se han dado casos muy publicitados de resurrección que no poseen las características espirituales y que a mi manera de ver son dudosos y obedece más a un protagonismo engañador que a una real situación de muerte, salvo que sea operado por el poder del Espíritu Santo.
La expresión del título de este tema obedece a mostrar una lección más de las promesas del Señor Jesucristo, que él tiene toda potestad en el cielo como en la tierra y solo demanda la fe (elemento importante espiritual) para dominar la materia y lo visible. Los primeros en recibir ese poder fueron sus apóstoles como Pablo que fue conducto de diversos milagros entre el mundo pagano para integración de la iglesia.
La declaración de Jesucristo la realiza a Marta (ésta representa a la iglesia conocedora de la verdad pero carente de fe) Jesús tiene qué demostrar su linaje divino para que entendamos sus futuros seguidores de que tenemos el mismo linaje de Jesucristo. (Escogidos por el Padre para creer en Jesucristo y morando el Espíritu Santo en nosotros).
La resurrección para volver a vivir en esta vida, absolutamente en Dios es cosa posible, normal, ajustada a una realidad, se encuentra en Su voluntad, el siervo que contenga su Espíritu tiene ese poder y la iglesia ahora cuenta con su Espíritu para que demos testimonio de la verdad y del verdadero.
Es fácil pronunciar las palabras “Yo soy la resurrección y la vida” pero extremadamente difícil ponerla en práctica, sólo el Señor Jesús estaba capacitado para realizarlo en esa época, después la generación apostólica enseñó que ese poder es una vivencia total si nos mantenemos en el Espíritu guardando las palabras del Señor Jesucristo.
El poder de su palabra habrá de manifestarse para la generación de su pueblo judío, creyente y no creyente, éste es la vida: el dominio de todas las cosas físicas y materiales para dar vida a las espirituales eternas por siempre. Las generaciones posteriores a su venida y anteriores a las nuestras no han establecido esa conexión por ver lo sensual, sentimental y emocional, esta generación de hermanos en Jesucristo afronta un gran compromiso ante el mundo de poner en práctica estas señales de poder, que se han olvidado y mal entendido pero no están perdidas sino que aparecen esporádicamente en la vida poderosa de la iglesia.
Toda alma resucitará en el día preparado para enjuiciar tu vida, pero la resurrección en este mundo es potestad del Señor Jesucristo y de sus siervos encargados de los ministerios. Ahora bien, toda resurrección en este mundo debe servir a un propósito espiritual, Así como no es de todos la fe, no es de todos tampoco ser resucitados, debe existir un por qué resucitar a tal o cual persona además de ser un acto que glorifica a Dios. La muerte fue vencida por el Señor Jesús y él es el Hijo de Dios y para Él no hay imposible. Amén.




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