Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto
- Cuerpo Editorial

- 29 abr 2017
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Estas palabras las dijo el Señor Jesús a Judas Iscariote al comentar que ya estaba próxima la pascua del Cordero y dar su vida por todos los seres humanos. Es menester saber que Judas Iscariote fue el discípulo que lo entregó, su corazón estaba lejos de servir al Señor Jesús, él se unió para buscar un reino terrenal, su vista estaba en las cosas materiales, su corazón estaba lleno de avaricia y codicia de bienes terrenales.
Como todo judío era rápido para hacer cuentas y aplicar la riqueza en cosas terrenales, no le importó que el perfume que aplicaba María (simboliza a la iglesia oyente y practicante) era a su Maestro, no le pareció porque en lo profundo de su corazón envidiaba y menospreciaba la doctrina de su Maestro.
Hay una doctrina religiosa que profesa un sentimentalismo hipócrita sobre Judas Iscariote, que si alcanzó perdón por la traición que hizo a Jesús. Sobre esto ya tenemos el conocimiento que lo hizo poseído por satanás y obrar la traición en contubernio con el clero judío. El versículo 7 del capítulo 12 describe la naturaleza de Judas Iscariote que lo hizo porque era ladrón y, teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella.
Judas Iscariote posteriormente se suicidó ahorcándosese y su alma está en un lugar reservado, se encuentra separado, pues su traición a Jesús es un pecado fuerte y sólo lo pudo hacer un alma pecadora diseñada para hacerlo. Y espera el fin de los siglos para ser juzgada y castigada. Creemos que su destino está marcado y no hay duda de cuál será su lugar en la eternidad.
Su pretexto de dar a los pobres el valor del perfume es considerado como una hipocresía más que lo delataba de su verdadero sentir. De ahí que el Señor Jesús le da una respuesta digna, sabia y profética entre los hombres: “Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto. Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, mas a mí no siempre me tendréis.”
Este pasaje bíblico está recopilado en una visita de Jesús a la casa de Marta y Lázaro quienes hicieron una cena para Jesús. Cabe resaltar la labor de Marta (servir) y Lázaro como todo varón sentado en la mesa con él. Había una gran multitud de judíos que se había congregado para ver a Jesús y a Lázaro el que fue resucitado.
En el versículo 10 se describe la naturaleza de los sacerdotes de una religión: acordarse para matar y así salvar una religión. Esto, amigo lector es muy fácil de comprender. Las religiones no tienen un punto de sostenimiento espiritual, están fundamentados en terribles dogmas humanos falsos y mentirosos que al ponerlos al descubierto, quieren exterminar todo aquello que quiera derrumbar sus mitos religiosos. Odian a los que se oponen y quitan todo aquello que los denuncie.
Lázaro era ajeno a hacer proselitismo para el Señor Jesús, aun cuando era el beneficiario del milagro y sin embargo, al clero judío poco le importaba. Esto porque a causa de él muchos de los judíos se apartaban y creían en Jesús. Y ya podremos ver que eso era momentáneo pues días después el pueblo, azuzado por el clero judío, participaba activamente en el sufrimiento de Jesús en su muerte.
La vida espiritual de Jesucristo no se encuentra en una religión, se encuentra en la fe del Hijo de Dios y se vive en su iglesia establecida en la tierra por el Espíritu Santo, creer en Jesucristo y sólo en él te llevará al Padre. Amén.
A continuación aparecen los siguientes versículos que fundamentaron el presente tema.
JUAN 12:1-11 Seis días antes de la pascua, vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de los muertos. 2 Y le hicieron allí una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él. 3 Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume. 4 Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de entregar: 5 ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres? 6 Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella. 7 Entonces Jesús dijo: Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto. 8 Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, mas a mí no siempre me tendréis. 9 Gran multitud de los judíos supieron entonces que él estaba allí, y vinieron, no solamente por causa de Jesús, sino también para ver a Lázaro, a quien había resucitado de los muertos. 10 Pero los principales sacerdotes acordaron dar muerte también a Lázaro, 11 porque a causa de él muchos de los judíos se apartaban y creían en Jesús.




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