Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad
- Cuerpo Editorial

- 3 jun 2017
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En el momento de una despedida entre los seres que se profesan amor mutuo y han convivido un cierto período, implica un verdadero derrumbe emocional a grado tal que produce una tristeza desoladora. Eso fue lo que sucedió a los discípulos del Señor Jesús cuando les avisó que el tiempo de su partida de este mundo era para siempre y ya no lo volverían a ver ni oír.
¡Imagínese, amigo lector! Haber convivido con él aproximadamente tres años oyéndole, viendo sus maravillas, su corazón seguramente llenándose de pesadumbre. Jesús conoce los corazones de los hombres y pudo ver sus corazones, por eso exclamó dichas palabras.
Acostumbrado el Señor Jesús de mencionar promesas esperanzadoras, profetizó la venida del Espíritu Santo, ya les había explicado que él era Enviado del Padre y que él tenía que partir, les había anunciado que el Espíritu Santo iba a venir y había que esperarlo, pero antes tenía que partir de este mundo pues no se podía contener estos dos poderes unidos al mismo tiempo: habrían acabado el mal y al enemigo. Fue necesaria su partida para iniciar otro parteaguas de poder: la iglesia.
La venida del Espíritu Santo convence al mundo, de pecado, de justicia y de juicio. Estas verdades han sido declaradas para el cumplimiento del tiempo del poder del Espíritu Santo y explica más después: 9 De pecado, por cuanto no creen en mí: esta palabra es inobjetable, es sancionadora, si no crees en el Señor Jesucristo estás en pecado llevando la vida que lleves, contraes este pecado en tu ser y serás juzgado en pecado y condenado por siempre. Tu religión no te salvará, ni tus hermanos, negaste al autor de la vida y la muerte estará en ti.
Después dijo la siguiente sentencia 10 de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; el Padre diseñó la salvación de la humanidad. Él es bueno, Él es santo, es amor, es misericordia y es justicia, cumplió su palabra de enviar a su Hijo a morir en la cruz, el tiempo estaba por llegar y la venida del Espíritu Santo revela que Jesucristo está a su diestra y no lo verán más, de hecho sólo Saulo de Tarso en el camino a Damasco tuvo un atisbo de ver su gloria. Sus discípulos como su iglesia esperan la venida del Señor.
En la tercera sentencia 11 y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado, se refiere a que el enemigo de Dios ya fue desechado por el Padre e inexorablemente su tiempo de maldad y rebelión habrá de terminar. Este enemigo quedó circunscrito a tener su principado aquí en la tierra. Ya no tiene acceso a la corte celestial y por eso lucha para ganar adeptos. Solo le queda esperar cómo su tiempo de influencia en el hombre caducará y ser enjuiciado eternamente.
Finalmente, el Señor Jesús, movido aún más a misericordia ante el enorme quebrantamiento de sus amados discípulos explica que doctrina aún faltaba de decirles, pero que ya era necesario que con la ayuda del Espíritu Santo tuviesen la mente espiritual y ser capaces de meditar y entender estos misterios ya que aún diciéndoselos ahí mismo, no podrían comprender.
Y muestra su consuelo de nueva cuenta al decir que es mejor que él se fuera, para que el Espíritu que él enviaría 40 días después fuese el encargado de estar en nuestro interior y desde ahí ayudarnos a comprender todos los tesoros y misterios espirituales de la Verdad, que es Cristo. Concluye el relato que Jesús tiene como heredad todo lo que posee el Padre y de su herencia de sabiduría nos la hará llegar por medio del Espíritu Santo.
Tiene un propósito que nuestro Señor subiera a los cielos. No podría estar sujeto por siempre a un cuerpo en la carne, debido a la ley ejercida por Dios en cuanto al límite de vida que impuso al ser humano después del diluvio. Él, como vencedor, tenía que regresar y reclamar lo que es suyo de parte del Padre, tomar posesión del poder y la gloria prometidos. Al regresar a ser un ser espiritual, tiene ya potestad total sobre todo lo creado. El ciclo se completó cuando el Espíritu Santo descendió y entró en las almas de los reunidos aquél día en Pentecostés. Desde entonces hasta hoy, sigue la Deidad reinando en los corazones que profesamos y creemos que Jesucristo es el Hijo de Dios, bautizándose en el nombre del Señor Jesucristo hasta el fin de los tiempos, Amén.
Se agrega el texto en Juan donde se basa el tópico de hoy:
Juan 16:5-15 5 Pero ahora voy al que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿A dónde vas? 6 Antes, porque os he dicho estas cosas, tristeza ha llenado vuestro corazón. 7 Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; más si me fuere, os lo enviaré. 8 Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. 9 De pecado, por cuanto no creen en mí; 10 de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; 11 y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado. 12 Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. 13 Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. 14 El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. 15 Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber.




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