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Y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 5 ago 2017
  • 4 Min. de lectura

El discurso de Pedro en el pórtico de Salomón tiene diferentes enseñanzas para los hijos de Dios por la fe en Jesucristo y una de ellas es comunicar que el pueblo judío fue avisado con tiempo de la venida del Santo de Dios, para salvación del pueblo judío.


El Padre jamás olvidó a su pueblo, aunque se distanció por la terrible maldad de haberle apartado a causa de las cosas que vieron en el mundo y, seducido por satanás, se fue en pos de él.


Jesús vino en obediencia a su Padre por el pueblo que desechó primero al Padre y luego a Jesucristo: ni con toda la información histórica a través de su palabra el pueblo judío entendió la voluntad de su Dios. No oyeron a Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, Josué, los jueces y profetas. El pueblo judío estaba totalmente ajeno a las cosas de Dios, su idolatría llegó a extremos delirantes cuando prefirieron guardar su sistema religioso antes que al Hijo de Dios.


Siempre desobediente, este pueblo se enfrascó en una lucha con todas las naciones del mundo, en lugar de prodigarles paz, humildad y buena vecindad para dar testimonio de la misericordia de Dios, es un pueblo rebelde en sus ímpetus de gobernar lo material y al mundo.


Satanás hizo un sistema en todas las naciones del mundo para que el fin de este tipo de organización lo condujera a su adoración, solo remanentes pequeños seguían alejados de las religiones paganas y mundanas y esperaban con ansia la venida del Salvador del mundo.


Pedro tenía qué poner en conocimiento del pueblo el gran error visionario de no ver a Jesucristo y no creer en su palabra, con lo cual cayó el pueblo de toda gracia prefiriendo seguir al clero y a sus sacerdotes. En sus palabras había la amonestación y la consolación a su incredulidad “arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio”


Estos tiempos de refrigerio son la experimentación de la salvación y la vida eterna, una nueva vida espiritual y no por la promesa engañadora de poseer toda la tierra para ellos. La gran diferencia de la iglesia de Jesucristo con respecto al pueblo judío es que se dirige hacia un nuevo derrotero con la aspiración de una entrega al Señor Jesús, el desapego de las cosas del mundo por vivir la salvación en el Señor Jesucristo.


El mensaje era claro, los tiempos prometidos de abrirse a todas las almas de la tierra por todos los tiempos se abría ante sus ojos. La palabra ha llegado primeramente a su pueblo y luego a las demás naciones. Ya el clero judío quedaba obsoleto, y el antiguo testamento quedaba como palabra muda al cumplirse las profecías. Ahora un reino de Dios se abría en la vida de todos los hombres de todas las razas, de toda lengua y de los futuros tiempos. Un reino de paz, luz, amor, poder, unidad, fe, esperanza, testimonio y servicio estaba por establecerse en todos los rincones de la tierra.


Ya nunca más será Jerusalén en estos tiempos la ciudad del gran Rey, ahora seremos los salvos por la misericordia del Padre, los creyentes en el Hijo de Dios: Jesucristo, los que seremos los templos del Espíritu Santo, ahora será la iglesia en cada localidad la embajada de los intereses espirituales del Señor, la tierra entera ha quedado como el estrado de sus pies. La iglesia de Jesucristo será la asamblea de nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Ya no más peregrinaciones a ciudades, ya no más construcciones de templos, ya no más materialismo en la vida de los santos. La vida espiritual es vivir el reino de Dios en nuestras vidas. Los extranjeros de este mundo habrán de comprender que solo somos testimonios de Jesucristo en nuestras vidas.


Pedro alerta a los judíos y a todos aquellos con las palabras: Y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo. Tanto del pueblo judío y del pueblo de Dios. O ellos creen o se van hasta lo último de las naciones, ya no hay otro mensaje: creer en Jesucristo para estar en la salvación y lograr la vida eterna. Amén.


Voy a transcribir el discurso de Pedro:

11 Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón.

12 Viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿o por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste?

13 El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando éste había resuelto ponerle en libertad.

14 Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida,

15 y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos.

16 Y por la fe en su nombre, a éste, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es por él ha dado a éste esta completa sanidad en presencia de todos vosotros.

17 Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes.

18 Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer.

19 Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,

20 y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado;

21 a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.

22 Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable;

23 y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo.

24 Y todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días.

25 Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra.

26 A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad.

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