El Dios de la gloria apareció a nuestro padre Abraham
- Cuerpo Editorial

- 9 sept 2017
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El discurso que dijo el diácono Esteban fue realizado por el Espíritu Santo, cumpliendo una promesa del señor Jesús a sus discípulos en ponerlo para tal cosa. Esteban estaba lleno del Espíritu Santo y éste habló ante sus captores. Para mayor comodidad de lectura voy a seccionar las partes importantes de las diferentes épocas de los siervos de Dios. Voy a transcribir lo que está en el libro de Hechos de los apóstoles en el capítulo 7 en sus versículos del 2 al 8.
2 Y él dijo:
Varones hermanos y padres, oíd: El Dios de la gloria apareció a nuestro padre Abraham, estando en Mesopotamia, antes que morase en Harán, 3 y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela, y ven a la tierra que yo te mostraré. 4 Entonces salió de la tierra de los caldeos y habitó en Harán; y de allí, muerto su padre, Dios le trasladó a esta tierra, en la cual vosotros habitáis ahora. 5 Y no le dio herencia en ella, ni aun para asentar un pie; pero le prometió que se la daría en posesión, y a su descendencia después de él, cuando él aún no tenía hijo. 6 Y le dijo Dios así: Que su descendencia sería extranjera en tierra ajena, y que los reducirían a servidumbre y los maltratarían, por cuatrocientos años. 7 Mas yo juzgaré, dijo Dios, a la nación de la cual serán siervos; y después de esto saldrán y me servirán en este lugar. 8 Y le dio el pacto de la circuncisión; y así Abraham engendró a Isaac, y le circuncidó al octavo día; e Isaac a Jacob, y Jacob a los doce patriarcas.
El Espíritu Santo lo sabe todo y ha estado en todo lugar en el cual se predique el evangelio, él conoce todas las épocas, los lugares, las personas y sus actos. Todo está en su conocimiento, él dio a conocer en palabras muy precisas a los que juzgaban a Esteban acerca de la historia de la salida de Abraham de su casa, dice la escritura que la fe de Abraham de haber obedecido y creído le fue contada por justicia. O sea, Abraham era justo delante de Dios, por la fe de obedecer la voluntad de Dios sin chistar.
Los judíos debían estar embelesados con la relatoría de esos pasajes, quién podría levantar la mano sobre Esteban, si relataba fielmente la salida de Abraham de su tierra caldea, como si estuviese ahí y dando un reportaje. Abraham dejó parientes y tierra. La promesa fue la herencia de la tierra y su descendencia, aun cuando ya era viejo, el Señor le prometió un hijo, no le otorgó el derecho de poseerla sino de heredarla su descendencia.
Una profecía difícil de aceptar fue la de sus descendientes fueran extranjeros y maltratados por cuatrocientos años, y le dio la consolación que iba a juzgar a la nación opresora (Egipto), según Oseas 11:1 confirmándose proféticamente el llamado de Jesucristo “de Egipto llamé a mi hijo” y cumpliéndose también la profecía de que nosotros estábamos en el mundo y salimos de él como está escrito en Mateo 2:15. Y de profetizar la ciudad de Jerusalén como la tierra prometida dada por Dios a su pueblo y algo que después no cumplió el pueblo judío: servir a Dios.
El octavo versículo describe las tres generaciones libres: Abraham, Isaac y Jacob, circuncidados según el mandato de Dios y el establecimiento de las doce tribus de Israel que al final de los tiempos serán juzgadas por los doce apóstoles.
Abraham es padre de los judíos, la iglesia tiene un solo padre: el Dios Creador de los cielos y la tierra y de todo lo que habita en ellos, Padre de nuestro Señor Jesucristo. Abraham representa la fuente de los dos pueblos de Dios: los judíos y la iglesia de nuestro Señor Jesucristo. Somos los hijos de Dios por la fe en Jesucristo. Amén.




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