Siendo ciudadanos romanos, nos echaron en la cárcel
- Cuerpo Editorial

- 11 nov 2017
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Esta es una especie de segunda parte, con respecto al anterior. Estas palabras las dijo Pablo ya encarcelado junto con Silas debido a una injusta denuncia de unos comerciantes que lucraban con el espíritu de adivinación de una muchacha.
La biblia registra en el capítulo 16 del libro de Hechos de los apóstoles los siguientes versículos:
24 El cual, recibido este mandato, los metió en el calabozo de más adentro, y les aseguró los pies en el cepo. 25 Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. 26 Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron. 27 Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido. 28 Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí. 29 El entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas; 30 y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? 31 Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa. 32 Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. 33 Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos. 34 Y llevándolos a su casa, les puso la mesa; y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios. 35 Cuando fue de día, los magistrados enviaron alguaciles a decir: Suelta a aquellos hombres. 36 Y el carcelero hizo saber estas palabras a Pablo: Los magistrados han mandado a decir que se os suelte; así que ahora salid, y marchaos en paz. 37 Pero Pablo les dijo: Después de azotarnos públicamente sin sentencia judicial, siendo ciudadanos romanos, nos echaron en la cárcel, ¿y ahora nos echan encubiertamente? No, por cierto, sino vengan ellos mismos a sacarnos. 38 Y los alguaciles hicieron saber estas palabras a los magistrados, los cuales tuvieron miedo al oír que eran romanos. 39 Y viniendo, les rogaron; y sacándolos, les pidieron que salieran de la ciudad. 40 Entonces, saliendo de la cárcel, entraron en casa de Lidia, y habiendo visto a los hermanos, los consolaron, y se fueron.
De este pasaje bíblico se desprenden varias lecciones de fe inspiradas por el Espíritu Santo que ya han sido abordadas por hermanos en anteriores blogs y solamente nos referiremos a tres de ellas y sus resultados.
Después de una injusticia y un castigo innecesario.
La primera lección consiste en esperar en Dios, alabándolo y dar testimonio a los que están a tu alrededor, con eso se reproduce rápidamente la respuesta, no para hacer juicio sino para dar testimonio. La escritura dice: A los que aman a Dios, todas las cosas son para bien. El carcelero estuvo a punto de suicidarse porque asumió que los presos liberados por Dios mediante el terremoto que abrió las puertas y cadenas, se habían fugado pues pagaban con su vida cuando se fugaban los presos, siendo esa la ley vigente en esa época.
Pero Pablo le dice: -no te hagas daño, pues nadie se ha escapado-. Dios no intervendría por hombres que están pagando su merecido en la cárcel. Dios hace las obras justas porque Él es Justo.
Los siervos del Señor hasta en estos tiempos son reverenciados por los nuevos convertidos, postrándose ante las señales que hacen. Esto es una práctica constante y los siervos deben de inmediatamente levantarlos ya que ellos no son merecedores de tales acciones siendo el Único merecedor de toda honra y gloria nuestro Padre que habita en los cielos.
Segunda lección
¿Qué debo hacer para ser salvo?
Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.
La salvación es el estado de promesa por creer en Jesucristo. Entra de inmediato y no hay poder humano o diabólico que la pueda detener. Eres salvo y ya, la salvación no se pierde. Ese carcelero creyó con fe al despertarse cuando sintió el terremoto y se produjo el milagro que nadie escapase. Creyó con tanta fe que toda su casa fue salva y se bautizaron en el nombre de Jesucristo esa misma noche.
Y rápidamente un ánimo de gozo en el corazón envolvió a la familia del carcelero. Ese es el espíritu en que deben regocijarse los hijos de Dios y no el del miedo de ir al hades y quién sabe cuántas cosas más enseñan los falsos obreros. La salvación de haber sido liberado de los pecados, de la muerte y de tener un salvador: el Señor Jesucristo.
Tercera lección.
El testimonio de la justicia para los hermanos convertidos
Los magistrados resolvieron en dejar a Pablo y Silas después de analizar debatir la situación generada por el tumulto de los comerciantes y le comunican al carcelero por medio de alguaciles que liberase a Pablo y Silas. Pero, atendiendo al buen testimonio Pablo hace una referencia judicial como ciudadano romano: -Después de azotarnos públicamente sin sentencia judicial, siendo ciudadanos romanos, nos echaron en la cárcel, ¿y ahora nos echan encubiertamente? No, por cierto, sino vengan ellos mismos a sacarnos-.
Se hizo como el apóstol Pablo lo había resuelto, ya que las autoridades tuvieron que ir hasta donde él estaba y le rogaron; y sacándolos, les pidieron que salieran de la ciudad.
Entonces, saliendo de la cárcel, entraron en casa de Lidia, y habiendo visto a los hermanos, los consolaron, y se fueron.
El testimonio con los de afuera y con los de adentro es necesario vivirlo. Algunos de la ciudad habían creído y posiblemente algunos podrían haber preguntado ¿cómo siervos de Dios están en la cárcel? Por eso, era necesario limpiar todo pensamiento mezquino de los de afuera y salir públicamente airosos y victoriosos de que ningún mal habían cometido.
La hermana Lidia, su casa y todos los nuevos hermanos en Filipos, (donde tiempo después Pablo les enviaría la epístola a los Filipenses) comprendieron ahora que ya no será lo mismo: el mundo a su alrededor se convierte en su enemigo y que ahora dependen de las armas espirituales que el Señor Jesús les ha proveído. Amén.




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