Y después de haber orado, le impuso las manos, y le sanó
- Cuerpo Editorial

- 4 feb 2018
- 4 Min. de lectura

El último capítulo del libro de los Hechos de los apóstoles es el parteaguas a nuevos capítulos que diferentes apóstoles del Señor Jesús han escrito con sus hechos las lecciones del amor y poder del Señor Jesucristo tiene para con nosotros y son registrados en la eternidad. En éstos veinte siglos y contando promueven la genuinidad de sus servicios de llevar la palabra de Jesucristo a toda criatura. Reafirman además la profecía y esperanza de que la venida del Señor Jesús es ciertamente inminente y para vergüenza del mundo.
Narra el naufragio de la nave marítima donde iba el apóstol Pablo al zozobrar y ser destruida debido a una tormenta, no así la tripulación que salió en su totalidad sana y salva de esa aventura. El poder del Señor estaba con Pablo y los naturales, siendo muy buenos anfitriones los recibieron por su condición de necesidad en que estaban los ocupantes del barco.
Está registrado un hecho significativo: Pablo fue mordido por una serpiente. El mundo concluye argumentos según su pensamiento muy distintos a las causas espirituales, más sucede que en los hijos de Dios todo sucede para bien. Hay un mandato de Jesucristo que para sus siervos que prediquen el evangelio los aguijones o venenos de animales no hacen mella en sus organismos carnales y se cumple con este mandato y sirve para dar testimonio del poder de Dios y muchos fueron sanados al ver que en el apóstol Pablo no surtió efecto alguno el veneno de dicha serpiente.
Un hombre llamado Publio los alojó tres días y durante ese tiempo los naturales de esa isla llevaron enfermos para ser sanados por Pablo como parte de su ministerio, siendo uno de estos enfermos el propio padre de Publio. Éste enseña que después de haber orado, le impuso las manos y le sanó. Son tres elementos básicos en estas acciones de sanación:
a) El pedimento al Señor para obrar mediante la oración de fe de quien impone manos,
b) La importantísima acción física de imponer manos sobre el enfermo tocándolo,
c) Y sobre todo la fe de que el Señor Jesús tiene el poder de sanar por parte del enfermo, quedan descritos como la única manera autorizada para manifestar el poder de Dios.
Estas acciones trajeron el reconocimiento a Pablo y en agradecimiento le colmaron con las cosas necesarias para el viaje.
Esto fue visto por el centurión y soldados romanos, sobre los cuales recayó el deber de llevarle a Roma y a través de una ruta que los llevó a un lugar llamado Puteoli, fue recibido por hermanos en el evangelio. En su hospitalidad, ellos brindaron durante siete días atenciones y expresiones de afecto espiritual a Pablo. Esta compañía militar vio el amor fraternal entre los creyentes y Pablo (algo nunca visto en su cultura clasista y sexista) y ciertamente provocó que al llegar a Roma lo consideraran dejándole en un arresto domiciliario en lugar de cárcel, pues en el fondo de su corazón sabía que Pablo era inocente de los cargos que le había imputado el clero judío.
Los primeros 16 versículos del capítulo 28 ejemplifican una lección del comportamiento en cómo se debe dar testimonio ante el mundo. No había qué dejar en libertad a Pablo, pues había qué dejar en claro la nueva disposición para los hijos de Dios de su total separación espiritual con el pueblo judío. A continuación transcribo los versículos iniciales que sustentan en verdad el contenido de este tema.
28 Estando ya a salvo, supimos que la isla se llamaba Malta. 2 Y los naturales nos trataron con no poca humanidad; porque encendiendo un fuego, nos recibieron a todos, a causa de la lluvia que caía, y del frío. 3 Entonces, habiendo recogido Pablo algunas ramas secas, las echó al fuego; y una víbora, huyendo del calor, se le prendió en la mano. 4 Cuando los naturales vieron la víbora colgando de su mano, se decían unos a otros: Ciertamente este hombre es homicida, a quien, escapado del mar, la justicia no deja vivir. 5 Pero él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningún daño padeció. 6 Ellos estaban esperando que él se hinchase, o cayese muerto de repente; más habiendo esperado mucho, y viendo que ningún mal le venía, cambiaron de parecer y dijeron que era un dios. 7 En aquellos lugares había propiedades del hombre principal de la isla, llamado Publio, quien nos recibió y hospedó solícitamente tres días. 8 Y aconteció que el padre de Publio estaba en cama, enfermo de fiebre y de disentería; y entró Pablo a verle, y después de haber orado, le impuso las manos, y le sanó. 9 Hecho esto, también los otros que en la isla tenían enfermedades, venían, y eran sanados; 10 los cuales también nos honraron con muchas atenciones; y cuando zarpamos, nos cargaron de las cosas necesarias. 11 Pasados tres meses, nos hicimos a la vela en una nave alejandrina que había invernado en la isla, la cual tenía por enseña a Cástor y Pólux. 12 Y llegados a Siracusa, estuvimos allí tres días. 13 De allí, costeando alrededor, llegamos a Regio; y otro día después, soplando el viento sur, llegamos al segundo día a Puteoli, 14 donde habiendo hallado hermanos, nos rogaron que nos quedásemos con ellos siete días; y luego fuimos a Roma, 15 de donde, oyendo de nosotros los hermanos, salieron a recibirnos hasta el Foro de Apio y las Tres Tabernas; y al verlos, Pablo dio gracias a Dios y cobró aliento. 16 Cuando llegamos a Roma, el centurión entregó los presos al prefecto militar, pero a Pablo se le permitió vivir aparte, con un soldado que le custodiase.

Comentarios