El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.
- Cuerpo Editorial

- 7 abr 2018
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Para los que no saben diferenciar el versículo 15 del capítulo 8 de Romanos, explica que tenemos el Espíritu de Dios y que no se puede andar con temor de no ser salvos. La fe en Jesucristo determina tu salvación te exhortamos que no pongas estorbo en poner al pueblo de Israel como bendito y a dudar de tu salvación, Pues el Espíritu sigue actuando, él ha sido fiel, encontramos en él lo que no habíamos encontrado en algún otro. Por medio de Jesucristo somos hijos de Dios, no un pueblo. Esto nos da una importancia mayor a la del pueblo de Israel, somos su familia, no somos parte de su gobierno; como Israel que fue su pueblo.
Somos sus hijos (en plural) ya que el singular es solamente Jesucristo y con toda la confianza le podemos orar como un Padre o como un Padre benigno. En este conocimiento no hay duda de ninguna especie en contra de nuestra relación con Dios, puesto que conjuntamente nos ha señalado como herederos de Dios y coherederos de Jesucristo. La insensatez de algunos no les permite entender esta porción espiritual sencilla. El Nuevo Testamento se escribió para que permanezca hasta la venida de Jesucristo. Ya no puede haber cambios, el testamento dice que somos salvos por Jesucristo; nada ni nadie puede cambiarlo. Así lo resolvió el Testador con la muerte de su Hijo.
En el mundo hay aflicción, eso fue profetizado por nuestro Señor y no debemos de alarmarnos porque si entre ellos se pelean, ¿qué no harán con los que no somos del mundo? El padecimiento hay que entenderlo como parte del conocimiento. Muchos nos quejamos: ¿Por qué a los vecinos les va a bien y a nosotros no? Y empezamos con una gran comparación de lo que tenemos con lo que tienen lo demás y ahí empieza nuestra derrota. Se nos olvida que nuestro Padre es el Creador de todo lo que existe y que eso nos debe de bastar para no perder el gozo de nuestra salvación y todo lo que él ha hecho por nosotros. Si padecemos por Jesucristo hoy no será comparable con lo que recibiremos en la gloria de Dios. El peor día de tu vida que hayas sufrido en este mundo no es nada con lo que vas a recibir el día de gloria que te aguarda. Para los que anuncian prosperidad, felicidad y que el mundo nos pertenece son ciegos que guían a otros ciegos que les creen.
La creación descrita en el versículo 15 y demás de este capítulo es la misma creación que hizo Dios referida en la escritura. Hay muchas teorías y explicaciones humanas que están lejos de entender esta concepción espiritual que hizo Dios de este mundo material. Esto es: que el reino vegetal, el reino animal y el reino inanimado fueron creados al servicio del hombre. Las plantas y animales sufren también aun cuando no tengan alma, a causa del pecado de Adán fue sujetada la creación a vanidad y lo más glorioso de esto es tener el conocimiento que la creación anhela ardientemente la manifestación de los hijos de Dios.
Estos seres sufren por causa del pecado de igual manera. No por nada el Espíritu Santo nos muestra que los animales y plantas claman ante su Creador: los animales por alimento y agua, paz y reposo que no hallan por la contaminación de la muerte. Las plantas por sol, nutrientes y agua, vitales en su circunscrito espacio.
Quiero hacer una aclaración: he escuchado y leído a gente insensata e ignorante llamando a sus mascotas angelitos, ya en muchos blogs anteriores hemos visto lo que es un Ángel. O naciones que consideran a ciertos animales dioses. A los animales hay que cuidarlos, pero no caer en exageraciones como idolatrías en las que se desenvuelve cierta gente de nula espiritualidad, pues forma parte de creación que requiere ser redimida.
Las plantas y los animales en muchos versículos establecen una relación con el hombre, ellos también alaban a Dios en diferentes formas, algunas incomprensibles para el sentido humano. Y si esto es con estos seres vivos, ¿dónde está el hombre que pasan días y días y no se acuerda de su Creador y en otros casos más lamentables que trata de atacarlo?
Para los que no creen esto, recuerden cuando el Señor Jesús entró en Jerusalén. Los religiosos, molestos por los vítores que el pueblo hacía a Jesús, le dijeron que callase a la multitud y el Señor les contestó que si los hacía callar de cierto que hasta las mismas piedras hablarían.
Todo lo creado gime y anhela su redención: sufre, se agota, se encuentra desconsolada y el Espíritu escribe que la creación está con dolores de parto hasta ahora.
¿Se imagina amigo lector que todos los días de nuestra existencia toda la creación día con día está con dolores de parto y que ella espera el día glorioso de su redención? Medite esta porción de la escritura y vea la manifestación de Dios para con sus hijos y deje de una vez por todas las falsa promesa de los malos obreros de la palabra de Dios.
Lo que la creación enseña al hombre es esto: gemir y clamar incesantemente a su Hacedor. El que tiene el Espíritu Santo de Dios, al igual que la creación, gime día con día el momento de redención y si no hay ese Espíritu vuélvete a la sana doctrina del Señor Jesucristo.
Ahora leamos lo siguiente:
24 Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo?
25 Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.
26 Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.
27 Más el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.
Su interpretación es para coronar nuestra unción del Espíritu. Estos versículos ponen al descubierto una gran verdad, todo lo hace Dios para que podamos ser salvos, entre más creamos que somos salvos, más reafirma el Espíritu nuestra salvación, así pues no debe quedar ninguna duda de vuestra salvación pues es un don de Dios y no un esfuerzo de nosotros. ¡Bendito de toda bendición a nuestro gran y excelso Dios Padre de nuestro Señor Jesucristo y Padre de todos los creyentes en su Hijo, Amén!
Transcribo los siguientes versículos de la carta a los Romanos:
15 Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos! Abba, Padre! 16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. 17 Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. 18 Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. 19 Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. 20 Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; 21 porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. 22 Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; 23 y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo. 24 Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? 25 Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos. 26 Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. 27 Más el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos.




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