Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba.
- Cuerpo Editorial

- 2 jun 2018
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El amor es una manifestación de Dios en nuestras vidas, es la expresión que requiere el testimonio de que somos hijos de nuestro Padre, por ello seremos conocidos que somos de él. Debemos de amar al débil en toda circunstancia y recordar que el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.
No nos dividamos por comida o bebida, si para ti beber vino es aprobado por Dios y para tu hermano no es agradable a Dios, no lo tomes por causa del que lo salvó. (Solo en el caso de la celebración de la cena del Señor Jesús es insustituible y no aplica el amor sino la obediencia a un mandamiento de Cristo). Debemos de buscar la justicia, paz y gozo para fortalecernos en el mundo. Ya hay muchas cosas que el mundo produce para nuestra desviación y tenemos que vivir en el espíritu para salir airosos: en justicia por la fe; en paz como testimonio a todo el mundo; y en gozo para deleitarnos a la vida que fuimos tomados.
Seguir la palabra de Cristo agrada a Dios, cada vez que asumes obediencia a la palabra de Jesucristo el Padre está más contigo y los hombres ven tu testimonio y les agrada. La paz y la edificación son baluartes de la verdad. Hay una advertencia que el Espíritu Santo nos hace en el versículo 20 del capítulo 14 a los Romanos que dice: No destruyas la obra de Dios por causa de la comida,
17 porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. 18 Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los hombres. 19 Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación. 20 No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todas las cosas a la verdad son limpias; pero es malo que el hombre haga tropezar a otros con lo que come. 21 Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda, o se debilite. 22 ¿Tienes tú fe? Tenla para contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba. 23 Pero el que duda sobre lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado.




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