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Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 3 jul 2018
  • 3 Min. de lectura

El hombre quiere alcanzar la sabiduría de Dios a través de razonamientos y pensamientos humanos. Todos estos “conocimientos” de Dios proceden del enemigo de Dios, puesto que si hay algo que Dios quiere enseñarnos es que todo lo que sucede en el mundo ya ha sido contemplado por Dios, nosotros vamos al encuentro de lo que Dios ha establecido por nosotros. Nadie nace fuera de época o de lugar, nacemos cuando Dios lo dispuso para que naciéramos ese tiempo y espacio. Es un poder infinito: Él tiene medido nuestros ancestros y sucesores, ese es el poder de nuestro Dios y lo hace para que confiemos en Él.


La venida de Jesucristo tenía un gran propósito y éste era de dar cabida a los pueblos gentiles que estaban sin esperanza y que arrastraban con ella un largo y penoso mover de alejamiento de la sabiduría de Dios. La inclusión de los creyentes vino a conformar el cuerpo de Cristo, o sea la iglesia los que iban a ser llamados para salvación y vida eterna y algo más precioso: el conocimiento de Jesucristo y el mover de su espíritu en el interior de nosotros.


Antes bien, como está escrito:

Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman.


Los hijos de Dios tenemos acceso a mucho conocimiento de la sabiduría de Dios para el mundo, más en ocasiones nos vamos por el conocimiento humano y eso es ver lo de abajo en lugar de ver lo de arriba. Las congregaciones de creyentes se dejan llevar de un pobre de conocimiento que quiere acaparar la obra de Dios, en lugar de practicar, de enseñar la palabra del nuevo testamento sin leuda.


Si creemos que Jesucristo es el Hijo de Dios y lo confesamos con nuestra boca recibimos el Espíritu de Dios y entenderíamos los diversos planes de Dios que tiene para su iglesia, dice la palabra que aún lo profundo de la mente de Dios conoce. Pero muchas congregaciones olvidan esta gran promesa y se enfrascan en luchas estériles de divisionismo por ciertas reglas tradicionales.


El espíritu de Dios te ayuda a comprender la escritura del nuevo pacto, la sabiduría de Dios. ¿Qué puede haber más preciado que conocer la voluntad de Dios? Y eso lo tenemos si nos mantenemos en la fe de la palabra de Jesucristo.


Nosotros no debemos procurar conocer el espíritu del mundo, pues el que se ocupa en eso se desvía de la voluntad de Dios, vivir y ser guiados en el Espíritu es nuestra nueva forma de pasar esta existencia. El hombre natural y del mundo no entiende las cosas del evangelio. Los hijos de Dios somos los que juzgamos al mundo por la sabiduría que hay en nosotros y no podemos ser juzgados por nadie porque en nosotros está el Espíritu de Dios.

Debemos de mantenernos en la aplicación diaria del evangelio y creer fervientemente que en nosotros está el Espíritu Santo quien nos lleva a conocer la mente de Cristo. No dejemos esta sabiduría a un lado sino despojémonos del antiguo testamento y vivamos conforme al evangelio de Cristo porque como dice la escritura: en él estamos completos.


El poder de Dios sea manifiesto a todos sus hijos para testimonio del mundo. Amén.


1 Coritnios 2:6-16 6 Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen. 7 Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, 8 la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria. 9 Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman. 10 Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. 11 Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. 12 Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, 13 lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. 14 Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. 15 En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. 16 Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Más nosotros tenemos la mente de Cristo.

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