Si alguno entre vosotros se cree sabio en este siglo, hágase ignorante, para que llegue a ser sabio
- Cuerpo Editorial

- 7 jul 2018
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En el tema anterior vimos que los colaboradores de Dios somos ayudantes de Él en la propagación de la sana doctrina, pero en realidad no tenemos poder o influencia alguna sobre el cómo los creyentes crecen espiritualmente.
El que escribe declara: he visto hermanos de tantísimos años en la fe y siguen siendo los mismos, su crecimiento es prácticamente nulo, manteniéndose casi en la misma base de doctrinas. Por su parte también he visto pocos hermanos que con relativo poco tiempo dan muestras de tener un crecimiento en cuanto a conocimiento de doctrina, debiendo luego mostrar ese conocimiento con hechos en fe.
Esto último tiene respuesta en el anterior tema, porque ahora veremos lo que sigue. No importa quién predique, el predicado debe y tiene que ser el mismo -Jesucristo- para que el cimiento espiritual, la base, la plataforma sobre la cual nosotros como individuos debamos edificar nuestro testimonio a manera de un templo espiritual sea la misma, el cual es nuestro corazón.
En ningún caso otro fundamento sirve: si no es Jesucristo, el tal no es salvo. Es como decir, cemento (Cristo) contra arena (cualquier otra doctrina). Luego, ya vaciado el cemento de la fe en Jesucristo, el creyente con el tiempo y con las herramientas que Dios le dio ya, comenzará (con su testimonio) a procurar materiales de diferente tipo para edificar a Dios su obra dentro de sí. El apóstol Pablo vuelve a comparar los tipos de obra espiritual con materia de diferente estructura molecular con la cual nos hace ver que podemos o no usarlos: oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca.
Cuando a cierto tiempo el Señor prueba nuestra fe con fuego, los últimos elementos simbolizan actos humanos y almáticos que tienen cero de aprovechamiento para la fe genuina y los primeros son la sana doctrina debidamente creída, atesorada y aplicada cuando ha sido debido.
Menciona el apóstol que cuando la obra nuestra permanece, recibiremos recompensa; más si no, no dejará de ser salvo, pero no tendrá nada que ofrecer, volviendo a tener qué edificar sobre su vida de nuevo.
Aquí compara nuestro interior como el espacio idóneo de la construcción del templo que Dios quiere habitar. No más los edificios externos, sino el interno. ¡Ah, sí muchos leyeran y por el Espíritu fuesen revelados y creyesen a estas palabras, tiempo fuera muchos ya fuesen verdaderas edificaciones gloriosas para nuestro Dios! Ahora bien, advierte Dios que sólo Él prueba las edificaciones de todos nosotros. Nunca otro podrá jamás destruir la obra de cada quien, permitida por Dios. El tal que provoque eso, Dios mismo le destruirá, porque no admite saboteadores.
Por otro lado, tanto conocimiento es también una prueba en sí misma de paciencia, humildad, templanza y dominio propio. Menciona el apóstol que si alguien se cree sabio, debe hacerse ignorante, ya que para que el conocimiento de Dios prevalezca, debemos primero vaciar y desechar todo conocimiento terrenal y humano, puesto no tiene parte ni suerte con Dios ni con el Señor Jesucristo. Entonces, todo aquél que quiera hablar de Dios usando conceptos humanos, teológicos, religiosos, místicos, misteriosos u ocultistas, el tal es mentiroso y debe ser echado afuera, pues es agente lleno de leuda. Ellos serán confrontados con sus propios dogmas y avergonzados que creen conocer a Dios y de acuerdo con Pablo, Dios prende a los sabios en la astucia de ellos, cuya sabiduría es vana, en virtud que no tiene propósito de ser, siendo información paja, estéril e inútil.
En cambio, la simpleza propia del evangelio es manjar disfrutable, lleno de ejemplos sencillos y alegorías inspiradas por el Espíritu para enseñanza y posterior crecimiento. Y sabedores que todo es nuestro, espiritualmente hablando; y nosotros de Cristo y Cristo de Dios, amén.
Leemos:
10 Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. 11 Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. 12 Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, 13 la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. 14 Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. 15 Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego. 16 ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? 17 Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es. 18 Nadie se engañe a sí mismo; si alguno entre vosotros se cree sabio en este siglo, hágase ignorante, para que llegue a ser sabio. 19 Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito está: El prende a los sabios en la astucia de ellos. 20 Y otra vez: El Señor conoce los pensamientos de los sabios, que son vanos. 21 Así que, ninguno se gloríe en los hombres; porque todo es vuestro: 22 sea Pablo, sea Apolos, sea Cefas, sea el mundo, sea la vida, sea la muerte, sea lo presente, sea lo por venir, todo es vuestro, 23 y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.




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