Por tanto, amados míos, huid de la idolatría.
- Cuerpo Editorial

- 25 ago 2018
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Por tanto, amados míos, huid de la idolatría.
Que el amor y la sabiduría de Cristo esté todos los que nos leen, amén. Saludos desde el aposento donde se elaboran estos escritos para la propagación de la sana doctrina de nuestro amado Señor Jesucristo, en México.
Se quedó en el tema anterior pendiente acerca de la idolatría. La hipótesis a establecer en esta temática es: ¿Merece otra cosa ser adorada antes que a Dios? Y antes que me conteste “¡NO, por supuesto que no!” le pregunto ¿Tiene certeza de ese no? Y aquí apelo a su examen rápido de conciencia. Como se mencionó con anterioridad, la idolatría es el pecado donde nosotros permitimos, consciente o inconscientemente, poner en el altar de nuestra adoración cualquier sentimiento, objeto, persona, cosa, animal, ser, idea, doctrina, religión, etc., antes que a Dios.
Nuestra debilidad carnal así lo hace, porque sabe que es mortal y siente que debe adorar a algo superior. Pero al ser pecado no se le concede ver a Dios, sino que el mismo pecado esconde el hecho que Dios es Restaurador, Libertador, Sanador y, sobre todo, Salvador. Por eso es que la idolatría es un pegamento que todo ser humano arrastra desde que nace. Las culturas tienen sus propios espíritus mundanos que adoran. Cada etnia trae consigo sus propias creencias ancestrales de adorar cosas creadas o mortales, en virtud que la ven.
Pero en Jesucristo, tal cosa no debe existir. Debemos estar seguros que no puede haber persona, credo o denominación, idea que sobresalga por encima de Cristo. Jesucristo es el Hijo de Dios. Dios le levantó de los muertos. Dios ha dejado todo en manos de él, que administre el proceso de salvación. Él está sentado a la diestra del Padre.
No podemos tener otro Señor que no sea Jesucristo. No podemos tener otro pastor que no sea el mismo Cristo. No podemos tener otro Salvador que no sea Jesús de Nazaret. No podemos aspirar a adquirir otra nacionalidad que no sea la espiritual. No podemos decir que estamos “en la iglesia” de Jesucristo haciendo referencia a un espacio físico, sino que formamos parte de ella. No podemos hacernos de ideas que impliquen somos únicos o mejores con respecto a otros, porque deriva en soberbia. Más bien, aspirar en humildad, sobriedad, sencillez la obra de evangelizar. Pero sí debemos pregonar que estamos fundamentados sobre la Roca de Salvación, esto es Jesucristo mismo. Y que nuestros hechos nos avalen, como testimonio del amor profesado a él, el Obispo de nuestras almas.
Cristo desde su ministerio, rompió toda relación con Israel y el judaísmo, rompió con Roma y su religión politeísta, rompió con todo lazo que lo pudiese comprometer a algo terrenal. Él mismo declaró que su madre y sus hermanos son quienes hacen la voluntad del Padre, de acuerdo con Mateo 12:50, rompiendo todo lazo también con la carne, siendo el hijo de María, Juan; y la madre de Juan, María.
Por tanto, a Cristo no lo encontraremos en ningún lugar de estos y cualquiera que diga que yendo ahí le encuentra, el tal es mentiroso y peor aún, se junta y tiene comunión con demonios. Dios no tiene tampoco parte ni suerte con eso. Así, no debemos asistir a eventos donde se sepa de antemano no hay propósito de parte de Dios y además se exalte a un ídolo religioso o persona que se asuma como “dios” en algo en lo que destaque. Ya el mundo da ese título insulsamente en los ámbitos deportivos y musicales, de modo hay que estar alertas a esas sutilezas.
No quiero que los que lean piensen “entonces mejor quedarse en casa” ¡NO! Porque a testimonio fuimos llamados y debemos decir “no” cuando sea necesario y además es menester seguir el camino bello de la renunciación del mundo. Debemos hacer constar que estamos en contra de la corriente del mundo conviviendo, pero no tener comunión con ellos. Simplemente evitar despertar el celo del Señor hacia nosotros por ser infieles.
Se escribe el fundamento en el cual se fundamenta el tema. El conocimiento sano, la revelación sobre lo que el Señor Jesús espera de nosotros como sus escogidos sea completa, amén.
1 Corintios 10:14-22
14 Por tanto, amados míos, huid de la idolatría.
15 Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo que digo.
16 La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?
17 Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan.
18 Mirad a Israel según la carne; los que comen de los sacrificios, ¿no son partícipes del altar?
19 ¿Qué digo, pues? ¿Que el ídolo es algo, o que sea algo lo que se sacrifica a los ídolos?
20 Antes digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios.
21 No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios.
22 ¿O provocaremos a celos al Señor? ¿Somos más fuertes que él?




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