Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda conso
- Cuerpo Editorial

- 11 nov 2018
- 4 Min. de lectura

Bendiciones de parte de Dios y nuestro Señor Jesús sean dadas a todos los amados hermanos en Jesucristo esparcidos en toda la tierra, amén. Amor paz y gracia: salud.
El hermano Pablo tuvo necesidad de escribir por segunda vez otra carta a los hermanos congregados en la ciudad griega de Corinto, después de un cierto tiempo, con el propósito de informarles nuevas revelaciones del Espíritu para ellos, además de comunicarles el gran amor que les tenía y también confortarles acerca de lo escrito en la primera carta, que a su parecer fue algo dura, pero necesaria para que ellos aprendieran a valorar la importancia de la fe y la salvación, además del amor y alejarse de ciertas cuestiones.
Inicia con el título de este tema, con el que nos describe a manera de amoroso recordatorio quién es verdaderamente Dios para nosotros: Dios Y Padre, Misericordioso y dueño de la consolación. Dios desde un principio sabe que nosotros al tener conciencia del bien y el mal nos traería pesar y desconsuelo por constantemente tener que tomar esa decisión de elegir entre uno y otro. Y si bien Dios es misericordioso sobre todo ser vivo, a sus hijos nos agrega la consolación como un presente extra de parte suya.
Luego, ni tardo ni perezoso, escribe el primer capítulo que -el hermano en Jesucristo que escribe- no pudo evitar derramar lágrimas por el mensaje, tan necesario como urgente abrir los ojos de la congregación. El apóstol hace referencia a su ministerio, haciendo hincapié que la obra en Jesucristo es ardua, es dura, es difícil, es peligrosa, aflige a la carne.
Pero de inmediato menciona que a pesar de todo lo anterior, les brinda la fe y el testimonio el consuelo de saber que los padecimientos suyos y los de sus colaboradores no son en vano, puesto que sirven como mensaje, testimonio, enseñanza, compromiso, señal de amor verdadero por Cristo a través de los hermanos.
Ya sea que estén afligidos o consolados o en paz o atribulados, es para confirmación de salvación y aseguramiento de la consolación a los testigos oculares, por carta y futuros (nosotros) que todo tiene un propósito para con Dios en Jesucristo, pues el apóstol tiene su fe firme y su esperanza puesta sobre ella de que tanto una cosa como la otra se comparten en amor.
Todos tendremos pruebas, aflicciones debido a Jesucristo, mas eso no debe jamás mellar nuestra capacidad de entender que es temporal y viene consuelo después de eso. El mundo, al haberle rechazado, no cuenta con esto. Por esto las tragedias en el mundo son insufribles, infelices y amargas, pero las tribulaciones debido a nuestra fe en Jesucristo, son en extremo proveedoras de gozo, fe, fortaleza, amor, paciencia y poder.
Confirma el poder del Padre como Dios sobre toda criatura, mencionando que los libró de peligros y muerte para otros segura, les alejó de las manos de sus enemigos, en parte debido además por la incesante oración con fe de los hermanos en Corinto (aunque también de alguna manera las otras iglesias por igual) que rogaban a favor de Pablo sobre su ministerio.
Posteriormente, habla como humano, como un hermano más de la congregación, no como apóstol acerca de querer reunirse con ellos de nueva cuenta no una sino dos veces, porque sería ser uno con ellos. Se unió a ellos y pareciera que se auto juzga o regaña por haber decidido eso, más posteriormente menciona acciones como esta (habitar los hermanos juntos) siempre es Sí para el Señor. ¿Por qué? Porque el Señor desde su trono se regocija cuando los hermanos se buscan con el verdadero amor fraternal para convivir en él y manifestarse amor, testimonios, revelaciones, doctrinas, tribulaciones, ofrendas, ayudas, alimentos, ropa, vestido, alojamiento, seguridad, etc.
Y hoy en día hay otros como Pablo, Bernabé, Apolos, Bernabé, Silas, etc., dispersos en todo el orbe, con sus propios nombres y apellidos, llevando estas mismas situaciones. Es un amoroso y muy conmovedor mensaje que no debemos nunca bajar los brazos para rogar por todos los que dejaron todo para seguir anunciando la beldad de la doctrina de nuestro Señor Jesucristo, la verdad de su palabra, que es él.
Hay veces que el Espíritu nos impulsa visitar hermanos. Nunca ahoguemos ese sentir con cuestiones del mundo, porque es propósito de Dios hacerlo. Sabremos el motivo cuando obedezcamos. Seamos humildes y dejémonos guiar por el Espíritu cuando esto ocurra.
Ahora bien, hermanos, el apóstol Pablo establece que sostenidos en la fe en el Señor Jesucristo estaremos firmes.
Paz y gracia, pero sobre todo esperanza, sean plenas en su corazón amados creyentes, colegas en la fe, amén. El Espíritu y la iglesia claman a una voz ¡Ven Señor Jesús! Amén.
2 Corintios 1:1-11 Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, a la iglesia de Dios que está en Corinto, con todos los santos que están en toda Acaya: 2 Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. 3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, 4 el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. 5 Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación. 6 Pero si somos atribulados, es para vuestra consolación y salvación; o si somos consolados, es para vuestra consolación y salvación, la cual se opera en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros también padecemos. 7 Y nuestra esperanza respecto de vosotros es firme, pues sabemos que así como sois compañeros en las aflicciones, también lo sois en la consolación. 8 Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida. 9 Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos; 10 el cual nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aún nos librará, de tan gran muerte;11 cooperando también vosotros a favor nuestro con la oración, para que por muchas personas sean dadas gracias a favor nuestro por el don concedido a nosotros por medio de muchos.




Comentarios