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Y aún, si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 15 dic 2018
  • 3 Min. de lectura

Enviamos una afectuosa salutación de amor a todos nuestros lectores esparcidos en toda la tierra, que dicho amor y la esperanza sean completos en Cristo Jesús, Señor nuestro, amén.


El apóstol Pablo, en la segunda parte de este capítulo 5, hace una declaración fuerte que hoy en día es la diferencia entre fe e idolatría. Vivir por vista o por fe.


Cristo al morir, salvó a todos los que creen en él. Y al creer en él los que fuimos salvados morimos para el mundo, pues ya no nos reconoce como suyos. Por tanto, quedamos proscritos y parias en esta tierra según el mundo. Pero ahora nos debemos a nuestro SEÑOR que pacientemente nos llevará por su camino hacia nuestro destino: la eternidad en la patria celestial.


Y el punto clave que muchos ignoran y desconocen (usando ambos sentidos de la significancia: zafiedad y negación al hecho). Cristo al morir en la cruz, dejó su carne, su cuerpo físico aquí en la tierra y al resucitar se transfiguró en su realidad: su majestad y presencia celestial. Por esto echa por la borda todo retrato, imagen, efigie, escultura que alguien diga “así lució”, “así era” porque ya no es así. Es como traer una foto de la adolescencia siendo adultos y decir “este soy yo hoy”, “así luzco hoy en día”.


¿Cómo pueden muchos ser ingenuos y no leer para comprender esto? Y así como a Cristo, a sus siervos, quienes la religión ramera ha inventado figuras y monigotes con los cuales pretende hacer creer que son representaciones reales y fidedignas del Autor de la vida y aquellos.


Necedad de extrema es salir a la calle y decir que una imagen es una realidad. Recuerdo que al caminar por una avenida en la ciudad donde radicamos hace un par de días iban dos hombres de adultez media cargando una efigie de yeso de un ídolo femenino y se turnaban para llevarla.


Cristo trasciende al tiempo, los tiempos y la anatomía no tienen modo de delimitarlo. La figura humana que vino a esta tierra fue y ya no es más; ahora, como antes de su primera venida, Cristo es espiritual, como mencionamos antes y sabremos cómo es cuando en cuerpo espiritual le veamos tal cual es.


Amados, no nos dejemos engañar: los otros símbolos, como el pescado, la cruz, una copa, un libro, tenemos que ser prudentes y no darles categoría de objetos “santos” o “sagrados” porque sutilmente caemos en idolatría. Eso no tiene valor alguno para Dios. Nunca lo olvidemos. Dios es espíritu. Cristo es espíritu. El reino de Cristo NO es de este mundo y por tanto, nada en este mundo puede darle representación. En cualquier caso, sus fieles creyentes somos sus representantes, pero el rostro que el mundo ve es el de Cristo espiritual y por eso nos rechazan. Nuestras facciones pasarán con el tiempo. Pero con ello nuestro cuerpo espiritual es famoso y tampoco nos conocerán como fuimos, como éramos. Seremos renovados tal y como él lo hizo.


Dejamos la parte segunda de este capítulo 5, en los versículos del 14 al 17. Dejamos pues nuestro gran anhelo que el Señor Jesús cree en ustedes un ser espiritual fuerte, llenos de gracia, amor y paz en su alma, amén.


14 Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron;

15 y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.

16 De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así.

17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.












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