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Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 16 mar 2019
  • 4 Min. de lectura

Bendecimos al Padre, en el nombre del Señor Jesucristo por concedernos esta gracia de enviar mediante esta carta, amados hermanos, las revelaciones dadas por gracia de nuestro Pastor, nuestro Obispo, el Señor Jesús. En donde estén, desde donde se conecten, que la paz, amor y fortaleza de nuestro amado Cristo sea plenos en ustedes, amén.


En este número habremos de dar inicio a una nueva carta epistolar, ahora hacia la iglesia de Jesucristo congregada en la región de Galacia. Vimos en la anterior epístola cómo el Apóstol Pablo colmó de consejos a la hermandad griega acerca de no perder el rumbo por escuchar fábulas divisorias humanas.


Ahora, desde la misma salutación hace hincapié sobre cuál es el fundamento espiritual del apóstol, sobre quién basa su revelación y su mensaje. Debemos entender y saber qué es un apóstol. Es un mensajero enviado por alguien a declarar asuntos de relevancia y Pablo especifica tajantemente que fue no enviado por hombre alguno, sino por Jesucristo mismo y nuestro Padre. Esto porque ya en Galacia también tuvo problemas de infiltrados quienes señalaban que Pablo no hablaba sino por sí mismo.


En versículo 3 extiende la bendición de amor que como hermanos siempre debemos darnos, no importan las circunstancias terrenales o físicas, puesto que es nuestro sello distintivo ante el mundo.


Los versículos 4 y 5 son las explicaciones del propósito de Pablo para predicar, enseñar y acotar el alcance de toda doctrina dentro de la iglesia, además de la constante alabanza hacia nuestro Padre Celestial, dador de toda gracia.


En los versículos siguientes rápidamente entra en materia el celo por la Verdad. La iglesia en Galacia es una calca de muchas congregaciones hoy en día, puesto que podemos decir que están llenas de doctrinas ajenas a nuestro Señor Jesús. El Espíritu Santo trasciende los tiempos y nos deja esta reprensión para testimonio y señal que no podemos engañar a Dios acerca de nuestro fundamento, fe y confianza ya desde aquellos años hasta hoy el apóstol reclamaba el hecho que hayan dejado entrar evangelios diferentes al de Cristo.


Tan simple como que no hay otro, o seguimos el evangelio dado por Jesucristo o no se sigue. Y con toda la seguridad y fortaleza propias de su investidura espiritual, el apóstol señala a todos los creyentes (y aún a nosotros) que si alguien osa llevar un evangelio diferente al de Cristo sea anatema. No es mi evangelio, ni suyo, ni nuestro, de aquellos o ustedes lo que debe predicarse es de Cristo, sólo Cristo. No puede haber hombres, entes, organizaciones o grupos que sean los que respalden o sean los predicados.


Y nosotros parafraseamos esto mismo para que, amados hermanos lectores, tengan a bien eliminar toda fuente extraña de conocimiento que no sea para la honra y gloria al Señor Jesucristo.


De ninguna manera buscamos quedar bien con nadie en cuanto a aceptar doctrinas fuera del nuevo pacto se refiere, ni nadie que se diga colaborador de Dios, siervo de Jesucristo, miembro de la iglesia hará lo mismo. Porque si alguien busca crédito, aprobación, alabanza de dejar entrar leuda, el tal no es de Cristo sino impostor.


Tan sano como necesario es ser muy estrictos agentes aduanales espirituales de toda mercancía que viene de fuera de nuestras congregaciones. Pasar todo por varios filtros y un exhaustivo escrutinio para evitar plagas del pensamiento y contaminen el corazón que manchen la fe, roben la esperanza y mermen el amor.


Hay que fijar tan altos aranceles a estos taimados sujetos que desistan en querer infiltrarse para destruir el orden y la fluidez del Espíritu. Solamente Cristo debe ser la contraseña perfecta para que entren los hermanos y no lobos vestidos de oveja. Ponemos a continuación los versículos 1 a 10 de este primer capítulo que habla al respecto. Que el amor y la sabiduría de lo Alto, tesoros invaluables de Cristo estén en ustedes amados hermanos, amén.


Gálatas 1:1-10

1 Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos), 2 y todos los hermanos que están conmigo, a las iglesias de Galacia: 3 Gracia y paz sean a vosotros, de Dios el Padre y de nuestro Señor Jesucristo, 4 el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre, 5 a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. No hay otro evangelio 6 Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. 7 No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. 8 Más si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. 9 Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema. 10 Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.

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