Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley
- Cuerpo Editorial

- 26 may 2019
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Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley Gracias sean dadas a Dios, nuestro amado Padre Celestial por su misericordia inmensa de salvarnos y a Jesucristo, nuestro Señor y Salvador por concedernos la oportunidad de reconocer y cambiar para ver a nuestro Padre a través de sus palabras y consejos de amor.
La misericordia y amor de Jesucristo sean plenas en ustedes amados lectores y creyentes en Cristo, nuestro Señor y Salvador, además de Maestro. Gracia y paz, saludos.
En esta segunda parte del capítulo 5 de Gálatas, la reprensión continúa, haciendo el apóstol Pablo un comparativo entre lo que es estar en Cristo y por consiguiente lo que no es estar en Cristo (en la carta). Matemáticamente hablando, son dos conjuntos mutuamente excluyentes, donde E (el andar en el Espíritu) no pertenece, no es conjunto ni está incluido en C (andar en la carne) y viceversa, el conjunto C no pertenece, no es conjunto ni está incluido en E. Explicado en términos matemáticos:

Donde x=usted que nos lee; E=andar en el Espíritu; L=andar en la ley y C=andar en la carne.
Y en términos de lenguaje natural, se quiere decir que el Espíritu en su manifestación no tiene nada de la carne y la carne nada del Espíritu (mensaje con dedicatoria a los insensatos científicos que creen que con conductas extrañas, vociferaciones lunáticas y mensajes confusos son cosas del Espíritu).
Pero, ¿qué son los frutos del ESPÍRITU y qué son las obras de la carne? La siguiente tabla nos ilustrará al respecto:

Ahora bien, el apóstol Pablo acota que, contra los frutos del Espíritu no hay ley como se explicó en teoría de conjuntos. La ley no tiene influencia sobre el Espíritu, pero andar en el Espíritu ya implica cumplir con la Ley (indirectamente porque no es nuestro objetivo primordial) puesto que el evangelio de Jesucristo es muy superior a la simple ley. No es la ley nuestra meta, es la perfección en Jesucristo.
No es denostar la ley nuestro propósito, sino dejarla guardada en el baúl de los recuerdos porque nuestra mente debe ser Cristo en nosotros. No es nuestro deber minimizar a los mesiánicos, porque su trabajo es hablar a los judíos, convenciéndoles de su error doctrinal y vengan a Cristo y no a nosotros los gentiles -mayores por así decirlo a ellos- por cuanto nacimos libres del impacto directo de la ley, y la sangre del Cordero Redentor no está demandada a nuestra etnia, como en el caso de ellos sí. Querer estar bajo los influjos de la ley en detrimento del Espíritu implica gritar a los cuatro vientos: “Que la sangre de Jesús derramada me sea demandada a mí, crucifícale”. ¿Muy duro o grotesco? Sí. Pero cierto, muy cierto.
Además, andar en el Espíritu nulifica la existencia simultánea de la carne, sojuzgada por la ley; por tanto, no hay condenación en los que creemos porque el mover en el Espíritu es mucho mayor que andar tras la ley.
Finalmente, el apóstol Pablo culmina amonestándonos sinceramente: “Si vivimos en el Espíritu, andemos también por el Espíritu”. Es decir, no tanto decir y pregonar, sino también hacer y practicar. Continúa: “No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros”.
Esperamos ansiosamente quiera el Señor les sean abiertos los ojos, el entendimiento y el corazón para que esta disertación les sea de provecho, crecimiento y bendición. Dejamos el fundamento en los versículos del 16 al 26, de este quinto capítulo. La paz y gracia de nuestro Señor Jesucristo sean plenas en ustedes, amén.
Gálatas 5:16-26 Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. 17 Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. 18 Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. 19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, 20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, 21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. 22 Más el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. 24 Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. 25 Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. 26 No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros. ¡Feliz día del maestro!




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