“Os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados: con toda humildad y man
- Cuerpo Editorial

- 29 jul 2019
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A toda la multitud que ocupa su tiempo y espacio en Jesucristo, peregrina en este mundo, habitante y testimonial del Cordero en vida: paz, gracia y amor plenos en Jesucristo les sean concedidos, amén.
Ya vimos en el capítulo anterior el propósito de predicar un evangelio verdadero, sustentado en la Roca (Cristo) y con mensaje de salvación. Ahora el mensaje del apóstol Pablo es dirigido a nosotros, los creyentes.
Debido a su extensión y la precisión con la que el Espíritu nos revela nos ha parecido tomar dos particiones del mismo para no hacer lectura pesada y mejor comprensión suya hermanos, en el Espíritu. He aquí la primera de dos.
Este capítulo es en esencia un manual de conducta y etiqueta (por así decirlo) respecto a las formas y perfil con los cuales debemos presentarnos ante nosotros mismos como hermandad.
En pocas palabras, el trato entre nosotros.
¿Por qué? Debido a que de parte de Dios tenemos ya una vocación qué cumplir; más antes de cumplirla debemos formarnos antes y prepararnos para tal efecto satisfactoriamente.
Por principio de cuentas, el apóstol menciona que seamos congruentes, es decir no seamos doble cara (hipócritas): tratar bien a unos y tratar mal a otros; tratar mal a todos y exigir nos traten bien, simulaciones, etcétera.
Muy por el contrario, el Espíritu se toma el tiempo en poner nombre y apellido en las conductas que debemos sí o sí erradicar de nosotros:
a) Humildad y mansedumbre: es decir manejar un perfil bajo y tener control de la ira siendo afables y no contenciosos.
b) Soportar con paciencia unos a otros en amor: el mensaje universal de todo creyente. Uno de los efectos del amor (ya visto en Corintios) es la paciencia ante eventos y personas desfavorables hacia nosotros.
c) Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz: es decir, prontos para apagar el fuego de contiendas innecesarias; evitar la confrontación en presencia de gentiles; ser capaces de coexistir con otros hermanos de diferente crecimiento espiritual, etc.
Estas tres características son las más básicas y mínimas a pedirnos y mostrarnos mutuamente. Continúa el Espíritu a través de Pablo:
“un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis llamados en una misma esperanza de vuestra vocación;”
Hasta aquí y se abre un paréntesis. El hermano que escribe por y para el Señor recuerda que existe un canto que parafrasea este versículo, pero la lírica a veces entorpece a la lectura inteligente. Omitimos esta importante punto y coma que pausa y nos hace meditar en esto: La vocación es múltiple pues somos muchos, pero la esperanza es única: que todos procedan al arrepentimiento, además aspirar a ser como Cristo. Todos debemos comportarnos como un solo cuerpo (Cristo) guiados por un solo espíritu (Espíritu Santo). Los mutiladores quieren tener una especie de “Frankenstein” como iglesia y los falsos obreros son poseídos por espíritus que no son el que viene de Dios, el Santo. Se cierra el paréntesis.
Continuamos leyendo hasta el siguiente punto seguido:
“un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos”.
¿Es necesario explicar algo tan obvio? Sí.
Si todos tenemos el mismo origen, fuimos llamados por el mismo Cristo Jesús, profesamos la misma fe, iremos al mismo destino, tenemos el mismo manual de edificación, un mismo Espíritu nos guía, creemos en el mismo Dios Padre, nos ama a todos por igual, nos cubre y protege a todos por igual y nos salva a todos por igual: ¿Por qué y para qué contender?
Es el punto irónico de nuestra humanidad: tergiversamos la suma, multiplicación, potenciación e integración que Dios planea por amor a nosotros en Jesucristo y en lugar de eso preferimos la resta, la división, la radicación y la derivación de nosotros bajo la tutela de nuestra ignorancia, carne y ego.
Hasta aquí este primer tema tan extenso, pero tan importante en Cristo Jesús sepamos cómo comportarnos porque como decían los antiguos: en el evangelio de Jesucristo SÍ IMPORTA el qué dirán.
Gracia, sabiduría y paz en Cristo Jesús no mengüen en ustedes amados hermanos, amén. Ponemos a disposición suya el fundamento escritural, encontrado en Efesios 4, versículos uno al seis.
Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, 2 con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, 3 solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; 4 un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; 5 un Señor, una fe, un bautismo, 6 un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.




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