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“Esto pues digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles”

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 30 jul 2019
  • 3 Min. de lectura

Que el amor, la bondad, la mansedumbre y la obediencia al Señor Jesús nunca flaqueen en ustedes, pequeños del Señor. Hijos en la fe en Jesucristo, sean bendiciones multiplicadas, amén.


Continuamos con la cátedra que el Espíritu nos dejó mediante esta carta escrita por medio de Pablo a nosotros los gentiles en cuanto al testimonio. Ahora pues, tenemos que ser supervisores de nosotros y nuestros hermanos en Cristo respecto a ciertos patrones de conducta que cuando comienzan a aflorar y no se controlan, ocasionan la creciente erosión en la relación con Dios y Cristo.


Consideremos ahora somos supervisores de producción en una empresa productora de siervos de Jesucristo. Según los dones recibidos, los ministerios otorgados, amor, fe, paciencia, frutos del Espíritu, tiempo y dedicación al evangelio, es como somos colocados en las diferentes áreas estratégicas de dicho proceso, desde materia prima hasta producto terminado, cuyo Gerente de Planta es Jesucristo y el dueño es el Padre.


Como en todo proceso, existe un área de aseguramiento de la calidad que evalúa, mide, ajusta y autoriza procedimientos para que todo producto elaborado cumpla con las características exigidas por el mercado en tiempo y forma. Siendo congruentes con estos aspectos de calidad, tendremos algunos patrones que advierten no conformidad, de acuerdo con la escritura:

En la congregación nadie debe poseer estas características negativas, quien las tenga deberá enmendarse, regresar a Dios y a Cristo si no quiere ser apartado como pieza defectuosa con dos opciones (retrabajo, disciplina y justicia dolorosas; o bien merma: sacados definitivamente del mundo por no ser aptos de ser útiles a Dios en esta tierra).


Las características de conformidad para toda materia prima (nuevo creyente y dicho sea de paso, ver si los estamos formando de esta manera) son las siguientes:

La manera en cómo Dios prepara a sus siervos es así:

  1. Mente renovada en el Espíritu

  2. Seguir el diseño del nuevo hombre (cuyas especificaciones dadas por Dios son: justicia, santidad y verdad


Y como premisa de lo anterior, es sencillamente la manera en cómo el Padre nos ha tratado a nosotros, con amor, paciencia, perdón y misericordia mediante el Señor Jesucristo.


Y así hemos concluido un tema más, en cuanto cómo debemos perfeccionar en Cristo nuestro accionar. Dejamos como base Efesios 4: 17 al 32.


Que la paz y gracia de nuestro Señor Jesucristo sobreabunde en ustedes amables lectores, amén. El Espíritu y la iglesia claman a una: ¡Ven Señor Jesús! Amén.


17 Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, 18 teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; 19 los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza. 20 Más vosotros no habéis aprendido así a Cristo, 21 si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. 22 En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, 23 y renovaos en el espíritu de vuestra mente, 24 y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad. 25 Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. 26 Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, 27 ni deis lugar al diablo. 28 El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad. 29 Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. 30 Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. 31 Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. 32 Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.



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