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Nada hagáis por contienda o vanagloria antes bien con humildad

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 1 sept 2019
  • 3 Min. de lectura

Hermanos en la fe, que el amor y la paz de nuestro amado Pastor, el Señor Jesucristo sea en todos ustedes, donde quiera que estén, amor y salud, amén.


Bien. Hemos llegado al capítulo dos de la carta escrita a los hermanos que radicaron en Filipos, cuyo contenido hace estallar nuestro corazón de esperanza y mente de gozo al poner en manos de Pablo una sabiduría inigualable ¡Bendito seas Señor Jesucristo por siempre y para siempre, amén!


Para empezar y como describe el título de este tema, nos es necesario ser abundantes en humildad, para que todo lo que hagamos en dicho o en hecho sea hecho perfectamente para Cristo. El apóstol de manera humilde nos pide que, si hay consolación, amor, comunión en el Espíritu, misericordia seamos iguales con él para completar su gozo, que es ser congruentes (como ya se estableció en los pasados blogs) en practicar mutuamente el amor.


Pero el amor demanda humildad, que el hermano nacido en Tarso define como la capacidad de ver a los otros como superiores, sin mirar lo propio primero, sino lo de los otros.


Y he aquí lo bello: Cristo fue el gestor de esta petición. Quien nos enseñó de modo práctico cómo debe de hacerse (de la misma manera que en el trabajo de modo presencial y con la demostración nos enseñan a usar algún dispositivo por primera vez) este proceso.


No hay mejor manera de explicarlo sino plasmarlo tal cual:

5 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús,

6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,

7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;

8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.


De manera que, como recompensa, el Padre otorgó sin chistar al Hijo, a raíz de su obediencia con humildad semejante exaltación, con las concesiones:

  1. su nombre es sobre todo nombre (injerencia)

  2. ante tal nombre toda rodilla se doble (autoridad)

  3. ya sea se encuentre en los cielos, en la tierra o debajo de la tierra (influencia)

  4. y toda lengua le confiese como Señor (reconocimiento)

  5. para gloria de Dios Padre (confirmación)


Así pues, amados de Cristo, tenemos que seguir el camino de Cristo porque ciertamente recompensas ya hay para nosotros si caminamos como Dios quiere el camino que es Cristo viviendo en nosotros amados hermanos y creyentes.


Recapitulemos: hay que estar conscientes que al guardar el testimonio de Jesucristo con amor y humildad, por eso podríamos padecer y no tener miedo sino valor y fe para enfrentar la circunstancia adversa debemos fortalecernos en la fe y esperanza de Cristo como Pablo hace dos mil años en esa cárcel. Dejamos el fundamento escrito en Filipenses 2: 1 al 11. Que la gracia, fortaleza y conocimiento en Cristo Jesús sea en ustedes amados, amén.


2 Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, 2 completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. 3 Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; 4 no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. 5 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. 9 Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

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