top of page

Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra o carta

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 26 ene 2020
  • 3 Min. de lectura

Amados miembros de la iglesia del Señor Jesucristo, bendiciones sean otorgadas a ustedes donde quiera que se encuentren. En el nombre del Señor Jesucristo, amor, paz y gracia de lo Alto prevalezcan en su vida, amén.


En esta ocasión veremos lo que está del otro lado de la moneda en cuanto a nuestro destino por participar en la fe de Jesucristo en nuestra vida. En el número anterior, notamos y observamos cómo se da el desarrollo de las señales antes de la venida del Señor Jesucristo por nosotros su iglesia; los engaños y maneras que los adversarios de nuestro Cristo usan para estorbar y tratar de evitar lo inevitable: su venida.


Ahora, nosotros, somos esa heredad que viene el Señor Jesús a reclamar como suya, después de habernos dejado trabajando, viene por los que trabajen, una vez que se alcance el número de los elegidos.


Menciona como un alivio, una garantía, un recordatorio el apóstol Pablo al respecto de nosotros los creyentes, somos parte de Dios sus elegidos desde el principio para ser salvos. ¿Por qué? ¡Porque así Le plació!


Ya con esto es suficiente razón de celebrar de continuo Su decisión al respecto de nosotros. Pero era necesario dejarnos en un principio en el pecado y en el mundo para el cumplimiento de la escritura que de Egipto llamó a su Hijo. Jesucristo ciertamente es el sujeto principal de esta profecía, pero también incluye a cada creyente, puesto que todos provenimos de tener un momento de quebrantamiento al dejar las cosas del mundo (aun los hermanos que nacen en el seno de una familia ya creyente, también van a Egipto en algún punto de su vida y desde ahí los trae Dios).


¿A qué compararemos la doctrina escrita en los versículos 13 y 14 de 2ª de Tesalonicenses capítulo 2? La compararemos a ganar un viaje en un concurso a un lugar paradisíaco. El Padre, como Dios, decidió quienes participaremos de este concurso y el boleto de entrada es la salvación (otra manera de demostrar que la salvación NO SE PIERDE). Luego las dinámicas de decir quiénes van primero o luego son dos: la santificación por el Espíritu y tener puesta la fe en la Verdad (Cristo). El evangelio es el medio por el cual concursamos y según nuestro desempeño es el destino (en todos es la gloria de Jesucristo, mas los vencedores tendrán mejores lugares que los que no son vencedores según su época).


La consigna es marcada por el versículo título de este tema, el 15. En pocas palabras, mantenernos en pleno concurso concentrados para lograr el primer puesto estando firmes y reteniendo la doctrina aprendida de Cristo.


Luego, la conclusión del versículo 17 declara que el premio, es decir Cristo, son motivación y aliciente suficientes para seguir participando activamente en atender los negocios de Dios en la tierra, por medio de confortar nuestros corazones, y él confirma nuestro actuar en las buenas obras y palabras que ya están dadas para cada quién, solo falta cumplirla en tiempo y forma.


Todo esto ya está seguro para nosotros, lo escrito en el anterior número es exclusivo para quienes, tercos en sus paganismos, reacios a dejar de ser sucios para ser santos, se obstinan en querer seguir el camino del error.


Por eso ustedes que creen y nosotros que creemos, el amor del Padre y de nuestro Señor Jesucristo que sentimos y dejamos fluya es lo que nos tiene concursando. Ahora ¡a ganar!


Lo anterior se basa en 2ª Tesalonicenses 2: 13 al 17.


La paz y gracia del Señor Jesucristo sobreabunde en ustedes amados de Dios y Cristo, amén.


13 Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, 14 a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo. 15 Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra. 16 Y el mismo Jesucristo Señor nuestro, y Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia, 17 conforte vuestros corazones, y os confirme en toda buena palabra y obra.

Comentarios


Si tiene alguna duda, sugerencia o comentario, no dude en ponerse en contacto con nosotros al siguiente correo: lasanadoctrina2014@gmail.com

 2025 Buenas Nuevas, Mty. Mx.

bottom of page