Y vosotros, hermanos, no os canséis de hacer el bien.
- Cuerpo Editorial

- 10 feb 2020
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Bendiciones de Dios y Cristo sean plenas en ustedes, amados hermanos del Señor Jesús. Salud, amor y paz del Señor Jesucristo sobreabunden en vuestro espíritu, amén.
Culminamos en este número la segunda carta que el apóstol Pablo escribió a los hermanos en Tesalónica. Hacemos referencia desde el versículo seis hasta el 18, del capítulo tres.
La carta termina con una muy seria y formal recomendación a estos amorosos hermanos. Como griegos, su tradición natural era creer en dioses politeístas, holgazanes y borrachos, de modo que los mismos griegos eran así, dados a las fiestas, amadores de filosofías huecas y muchos de ellos, desobligados. Al creer en Jesucristo como el Hijo de Dios, debían ellos como ahora nosotros en nuestros tiempos, renunciar a estas vanas maneras de vivir.
Como nuestro Padre es un Dios de orden y trabajador, nosotros como hijos espirituales es menester imitar esto. No debemos ser mantenidos, sino procurar no ser gravosos a la iglesia, como tampoco ser molestia y foco de desorden al interior de la iglesia con chismes, rumores y habladurías estériles. Mucho menos propagar blasfemias, mentiras o mensajes vanos que estorban el desarrollo natural en Cristo.
Ciertamente, alguna vez tendremos que ser ayudados con recursos materiales y dinero porque así conviene al Señor practiquemos en estas cosas, pero ya sea una cosa u otra, debemos brindarnos en servicio en trabajo activo, gratitud mediante oración o solícitos en favores y ayudas a quienes nos apoyan. A esto se refiere el apóstol Pablo cuando dice que “ni comimos de balde el pan de nadie”.
El apóstol Pablo es muy claro sobre la pereza dentro de la iglesia, tanto para lo secular como lo espiritual: “Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma”.
El trabajo es una encomienda dada por Dios desde que arrojó al hombre y a la mujer del Edén para escarmiento de su desobediencia. Por eso, el Señor Jesús, congruente con esto, manda decir a Pablo por medio del Espíritu Santo que el que creamos en Dios, y en él, esta regla sigue inalterable, y ahora con más razón.
Los hermanos no pueden entrometerse en la vida económica y financiera de otros. Esto constituye una falta delante de Dios, porque Dios provee a cada quien conforme al esfuerzo de sus manos y el extra que da a la grey es para el servicio a sus colaboradores que en verdad necesitan ese apoyo extra, no para gente que ni sirve a Dios, a Jesucristo o al Espíritu Santo en sus ministerios ni tampoco a los hombres, siquiera a sí mismos.
Por esto es dura la palabra: “A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente, coman su propio pan”. Si no tenemos ministerio claro por Jesucristo, entonces debemos atender los negocios seculares: trabajo, profesión, destreza u oficio porque de ahí viene la provisión de Dios, siempre dentro del marco legal en las leyes humanas y, además, no se oponga a Dios o deshonre Su nombre.
Trabajando se da la verdadera prosperidad y riqueza en el Señor. En la ayuda mutua, el servicio, ofrendar a los santos cuando se necesite, en dar manutención a las que verdaderamente son viudas. Esto es una base sencilla sobre lo que es no cansarse de hacer el bien.
Pero quien se obstine en desobedecer, será señalado por todos y apartarlo para que entienda lo mal de su proceder, como a hermano en Cristo y no como enemigo. Más necesario es crear precedente que esto no puede ser tolerado al interior de la iglesia.
Cierra entonces con una salutación corta, debido a que era necesario tratar los asuntos, aunque completa.
Y lo mismo nosotros, hermanos, la enseñanza es que si no trabajamos como siervos de Jesucristo, entonces trabajemos como entes productivos, en fe, por obediencia y para manutención propia y de quienes dependan de nosotros.
La paz y gracia del Señor Jesucristo es en todos ustedes, amén.
6 Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros. 7 Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos; pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros, 8 ni comimos de balde el pan de nadie, sino que trabajamos con afán y fatiga día y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros; 9 no porque no tuviésemos derecho, sino por daros nosotros mismos un ejemplo para que nos imitaseis. 10 Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma. 11 Porque oímos que algunos de entre vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino entremetiéndose en lo ajeno. 12 A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente, coman su propio pan. 13 Y vosotros, hermanos, no os canséis de hacer bien. 14 Si alguno no obedece a lo que decimos por medio de esta carta, a ése señaladlo, y no os juntéis con él, para que se avergüence. 15 Mas no lo tengáis por enemigo, sino amonestadle como a hermano. 16 Y el mismo Señor de paz os dé siempre paz en toda manera. El Señor sea con todos vosotros. 17 La salutación es de mi propia mano, de Pablo, que es el signo en toda carta mía; así escribo. 18 La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.




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