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Te he escrito confiando en tu obediencia, sabiendo que harás aún más de lo que te digo.

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 19 jul 2020
  • 5 Min. de lectura

Amados hermanos por el amor de Jesucristo, poderoso Hijo de Dios, Salvador y Maestro nuestro por gracia concedida desde lo Alto pues así le agradó a nuestro amado Padre, rogamos a ustedes enorme bendición, el amor esté rebosante y la esperanza de gloria más fulgurante que nunca, amén.


En este tema que inicia y culmina el mensaje personal de Pablo, vía Timoteo a Filemón, un hermano con holgura económica hablaremos del trato personal que debemos tener entre hermanos de Cristo.


Es decir, no ser más como mundanos, sino como creyentes respetuosos, confiables, humildes, transparentes y amorosos en el trato además del personal, el profesional y laboral.


Onésimo representa al hermano que falla, el apóstol Pablo a la conciencia nuestra por el Espíritu y nosotros a Filemón. No interesa al Espíritu Santo dar a conocer los pormenores del por qué Onésimo corrió al amparo del apóstol Pablo, porque lo que importa es el hecho de saber cómo afrontar las diferencias para arreglarlas en lugar de hacerlas más grande.

Siempre todo asunto debe estar en manos del Padre a través de Cristo y los hermanos deben tener un buen nombre ante la congregación para saber que ambos son de buen testimonio y no ociosos contenciosos.


Los hermanos deben reconocer públicamente las cosas hechas en los términos del Señor no como para alabarlos, sino para que sepan que no pueden mentirse mutuamente, desacreditarse o juzgarse. El Espíritu no toma nunca este tipo de actitudes. En el caso de Filemón, el Espíritu describe fue probo de amor y fe hacia el Señor Jesús y con todos los santos de su tiempo con la consecuencia de que era conocido por todos, con el gozo, consolación y confort a todos, incluidos Pablo y Timoteo.


Luego en el desarrollo de la carta, el apóstol habla en modo subjuntivo a manera de posibilidad, pero también imperativa como rogativa sincera de atender el caso del hermano Onésimo favorablemente, puesto que en el pasado éste mismo hermano fuera de la gracia dejó un mal sabor de boca al pensamiento de Filemón, siendo un esclavo inútil, según referencia de Pablo del primero.


Reconoció a las virtudes y testimonio del primero no para lisonjearlo, sino para hacerle ver que es menester seguir con el buen testimonio y no que un asunto como este manchase semejante récord espiritual ante los hombres, Cristo y el Padre.


De acuerdo con la referencia del versículo 10, Onésimo no tenía en su vida mundana un buen proceder a pesar de ser esclavo, pero reconoció el poder del Espíritu de Pablo y éste por la misericordia de Dios le concede la salvación a pesar de su mal testimonio. De hecho, como a manera de comprobación Pablo explica que el nuevo Onésimo es fiel colaborador de Pablo en las cosas que le toca hacer, pero por amor y en congruencia con el mover por el Espíritu, no lo retiene como su ayudante, sino que expone el caso a su antiguo amo para que él esté enterado y decida.


En el mundo sabemos que los esclavos eran menos que mascotas, de modo que Onésimo por la ley romana era reo de muerte o bien un salvaje castigo. Por esto mismo Pablo se interpuso -no desconfiando, sino previniendo un dardo del enemigo- como abogado defensor para que le considerase regresarlo a su casa, restaurándolo como esclavo converso a Cristo, aunque apelando a algo mucho mejor: regalarle la libertad de existencia como supremo acto de perdón, misericordia y amor.


Tanto así permitió este episodio el Padre que Pablo consideró a Onésimo como uno igual a él, en pleno acto de amor. Además, le rogó que si el daño fuese material él correría con todos los gastos ¡Aleluya! ¡Qué hermoso andar! Así debemos proceder en nuestro trato entre hermanos: en amor y no en demandas, en misericordia y no en todo el peso de la ley; en la fe y no en la codicia; en la esperanza y no en la venganza.

El versículo fuerte es el del tema.


Siempre debemos tener la fe que actuaremos caminando la milla extra, poniendo la otra mejilla porque somos familia de Dios en Cristo y Señor de los dos habrá de restaurar las cosas.


Pablo consideró ir a Filemón para verificar este asunto quede resuelto, además para darle el trasfondo espiritual que Filemón debía conocer, para consuelo y gozo suyo. Obviamente Pablo sabía pedía mucho en el Señor, por eso le fue concedido ir, para de manera personal consolar y gozar a Filemón que perder para Cristo, era ganar tesoros y buena fama para nuestro Padre.


Del mismo modo, esperamos en el Señor Jesús ustedes amados hermanos consideren cambiar su forma de proceder con otros hermanos conforme al Espíritu y no conforme a la carne.


Termina la carta como nosotros ahora, con las salutaciones de hermanos. Ponemos a su consideración el capítulo de Filemón.


La paz, gracia, amor y fortaleza del Señor Jesús sea en ustedes, amén.


1 Pablo, prisionero de Jesucristo, y el hermano Timoteo, al amado Filemón, colaborador nuestro, 2 y a la amada hermana Apia, y a Arquipo nuestro compañero de milicia, y a la iglesia que está en tu casa: 3 Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. El amor y la fe de Filemón 4 Doy gracias a mi Dios, haciendo siempre memoria de ti en mis oraciones, 5 porque oigo del amor y de la fe que tienes hacia el Señor Jesús, y para con todos los santos; 6 para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús. 7 Pues tenemos gran gozo y consolación en tu amor, porque por ti, oh hermano, han sido confortados los corazones de los santos. Pablo intercede por Onésimo 8 Por lo cual, aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte lo que conviene, 9 más bien te ruego por amor, siendo como soy, Pablo ya anciano, y ahora, además, prisionero de Jesucristo; 10 te ruego por mi hijo Onésimo, a quien engendré en mis prisiones, 11 el cual en otro tiempo te fue inútil, pero ahora a ti y a mí nos es útil, 12 el cual vuelvo a enviarte; tú, pues, recíbele como a mí mismo. 13 Yo quisiera retenerle conmigo, para que en lugar tuyo me sirviese en mis prisiones por el evangelio; 14 pero nada quise hacer sin tu consentimiento, para que tu favor no fuese como de necesidad, sino voluntario. 15 Porque quizá para esto se apartó de ti por algún tiempo, para que le recibieses para siempre; 16 no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado, mayormente para mí, pero cuánto más para ti, tanto en la carne como en el Señor. 17 Así que, si me tienes por compañero, recíbele como a mí mismo. 18 Y si en algo te dañó, o te debe, ponlo a mi cuenta. 19 Yo Pablo lo escribo de mi mano, yo lo pagaré; por no decirte que aun tú mismo te me debes también. 20 Sí, hermano, tenga yo algún provecho de ti en el Señor; conforta mi corazón en el Señor. 21 Te he escrito confiando en tu obediencia, sabiendo que harás aún más de lo que te digo. 22 Prepárame también alojamiento; porque espero que por vuestras oraciones os seré concedido. Salutaciones y bendición final 23 Te saludan Epafras, mi compañero de prisiones por Cristo Jesús, 24 Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis colaboradores. 25 La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén.



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