Tenemos mucho que decir y difícil de explicar
- Cuerpo Editorial

- 30 ago 2020
- 7 Min. de lectura

Amados creyentes del Señor Jesucristo, paz, gracia y sabiduría de nuestro Cordero Inmolado sea en su espíritu, amén. Desde México, un abrazo fraternal y un ósculo santo a todos los hermanos a quienes llegue este mensaje, saludos y bendiciones, amén.
Hermanos en Cristo. Nuestra siguiente temática es aplicable no solo a los hermanos provenientes de Israel, sino a los gentiles también, porque tanto unos como otros han caído en el mismo lazo del diablo: la incredulidad y la falta de fe en los aspectos del evangelio del Señor Jesús.
Sabemos que lidiar con la renunciación, las tentaciones, la debilidad propia requiere una gran fuerza de voluntad, amor y fe para salir avantes en la vida en Cristo, empero esto no es excusa para no hacerlo.
Al respecto, la fuerte exhortación hecha en Hebreos 5, del 11 al 14, debe ser leída casi a diario, porque recordatorio que esta lucha es diaria e incesante, hasta que por fin el Espíritu Santo en nosotros nos permita movernos como a él le plazca para cumplir la voluntad del Padre hablando de Cristo.
Menciona el autor que muchos creyentes siguen atorados en los primeros rudimentos, esto es, el primer amor. Pero conforme pasa el tiempo esto ya resulta insuficiente, puesto que no siempre podremos ser infantes o bebés. Es imposible.
La acción es caminar y andar el camino que lleva a la salvación, no detenerse en algún punto medio y esperar a que el destino llegue a nosotros.
Conocemos muchos hermanos de años, ya ancianos, y siguen en las mismas doctrinas rudimentarias, se resisten a abrir los cofres que el Señor Jesucristo nos tiene preparados; no quieren crecer porque no quieren renunciar a sí mismos. Algunos porque temen más perder relaciones humanas, otros tantos tienen temor a ser probados. Cualquiera que sea la razón, hermanos, de conformidad en Gálatas, “Dios no puede ser burlado, pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. De manera que, si quieren estar a media formación, eso segarán; si quieren derrota, eso segarán; si quieren bajo perfil, eso segarán.
El autor exhibe esto en el versículo 12 cuando escribe: “porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido”. Y remacha con el versículo 13: Y todo aquél que participa de la leche es inexperto en la palabra de la justicia, porque es niño; es decir: ¿esta escritura, se refiere a usted -amable lector- o a alguien a quien usted conoce?
¿Cuántos años deberán pasar para que por fin se decidan muchos a obedecer a los mandamientos del Señor Jesucristo? ¿Cuánto tiempo a ser bautizados en el nombre del Señor Jesucristo? ¿Cuánto más para celebrar la Cena del Señor Jesús como está escrito? ¿Cuánto tiempo para poder discernir y hablar, meditar y desentrañar numerosos misterios del Padre acerca de sí mismo, de Cristo, por medio del Espíritu Santo?
Porque en el versículo 14 refiere que quienes elija crecer y madurar en el evangelio tienen derecho a degustar el alimento sólido, ejercitados en el discernimiento del bien y el mal, para ejercer el poder, dar testimonio, enseñanza, edificación conforme a lo que Cristo quiere que hagamos en esta vida.
Y entrados en el capítulo 6, más que suficiente es hablar de lo mismo unas pocas veces y no tantas ni siempre, pues la primera falta de unos es ser tardos para oír. Además, es pecado no atender los asuntos competentes de Cristo.
Y aquí viene un mensaje para quienes ya estuvieron arriba y por alguna causa se desdicen, volviéndose atrás: Cristo murió por los hombres UNA SOLA VEZ, siendo esta sola vez más que suficiente para limpiar con todo pecado cometido por la humanidad a quien crea en esto. Sin embargo, los que voltean y recuerdan las glorias de Egipto (el mundo) claudicando pretenden bajar del cielo, de su trono a Cristo, para volverlo a crucificar y esto es inadmisible.
En este tipo de situaciones, refiere el versículo seis del capítulo 6: “…crucificando para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio”.
De manera que, hermanos, riesgoso es quedarse a medio camino. No es correcto, justo ni normal. Hacerlo implica la peligrosísima tentación de voltear hacia atrás y si el corazón cae, todo lo demás fenece.
Por esto mismo los versículos 7 y 8 ofrecen una excelentísima analogía sobre qué tenemos sembrado en nuestro corazón, de nuevo, en tono con lo dicho en Gálatas: un campo agrícola. Y la pregunta confrontativa es: ¿qué hay sembrado en tu corazón -campo o parcela-: plantas que darán los frutos del Espíritu o herbazas que darán espinos, cizaña y abrojos? Pues ciertamente, Dios con la lluvia (Su Voluntad) permite hacer a los hombres lo que plazca: los que cosechan frutos comerán de ellos y negociarán con el excedente para hacerse ricos; mientras que quienes cosechen maleza empobrecerán y lo que tengan no servirá más que para prenderle fuego.
El versículo 9 es el consuelo perfecto: sabe el Señor nuestro arduo camino y esfuerzo, nos consuela diciendo que mientras andemos en amor y en el trabajo (testimonio correcto ante los hombres) Él nos mantendrá caminando hacia nuestro destino.
Pero a cambio pide Dios a nosotros por ningún motivo dejemos que nuestra esperanza se pierda o mengüe, pues esto como consecuencia trae el detenerse de caminar a dudar, surja un falso sentir de cansancio, o bien la simple pereza de continuar. Aquí se manifiestan la fe (resiliencia a seguir sin importar nada) y la paciencia (el conocimiento que en algún momento habremos de llegar, mientras más andemos, más rápido llegaremos).
Ahora bien, a partir del versículo 13, vuelve el autor a regresar a hablar solamente a los creyentes israelitas, no a los que dudan, sino a quienes firmes resisten sujetos en la Roca que es Cristo Jesús, Señor nuestro de voltear a ver al judaísmo.
Hace la referencia a Abraham, en la promesa de bendecirle y darle numerosa descendencia jurando por Sí mismo. Esta promesa la hace el mismo Dios de Abraham a quienes de Su pueblo creen las palabras de Jesucristo, el Ungido de Jehová, y la cumple, permitiendo que ellos sigan vivos en la memoria Suya, al creer en él como el Hijo de Dios. Si Dios mismo pone su palabra como garantía y sabemos que Él no miente ¿por qué desoírle cuando dijo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia: a él oíd”?
Y es que Jesucristo hermanos, es el único Ser quien tiene la potestad de ver al Mismísimo Yo Soy sin necesidad de verlo cara a cara, sentarse a su diestra y dialogar con él ¿Qué sumo sacerdote jamás ha hecho eso? ¡NINGUNO! El Señor Jesucristo, cierra el capítulo 6, es el Sumo Sacerdote que ministra para el Padre, según el orden de Melquisedec, aún más y mejor que Aarón.
Dejamos la evidencia en los capítulos 5:11-14 y el capítulo 6 íntegro para su comprensión.
La paz, gracia y sabiduría del Señor Jesús está en ustedes amados hermanos, amén.
Hebreos 5:11-14
11 Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír. 12 Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. 13 Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; 14 pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.
Hebreos 6
Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios, 2 de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno. 3 Y esto haremos, si Dios en verdad lo permite. 4 Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, 5 y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, 6 y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio. 7 Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; 8 pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada. 9 Pero en cuanto a vosotros, oh amados, estamos persuadidos de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación, aunque hablamos así. 10 Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún. 11 Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza, 12 a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas. 13 Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo, 14 diciendo: De cierto te bendeciré con abundancia y te multiplicaré grandemente. 15 Y habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa. 16 Porque los hombres ciertamente juran por uno mayor que ellos, y para ellos el fin de toda controversia es el juramento para confirmación. 17 Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento; 18 para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. 19 La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo, 20 donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.




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