Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo
- Cuerpo Editorial

- 10 oct 2020
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La paz, gracia, amor y fortaleza del Señor Jesucristo es en ustedes amados: glorificamos al Padre en estos tiempos de pandemia nos tiene guardados de la leuda del mundo en el nombre del Señor Jesucristo y aprovechamos en no dejar de redactar y escribir la revelación que el Espíritu Santo tiene para nosotros.
Ahora comenzamos el capítulo 12 de la carta escrita a los Hebreos, aquellos hermanos nacidos bajo el yugo de la ley mosaica y ahora liberados por nuestro amado Señor Jesucristo, Salvador nuestro y de ellos quienes creen, le aman y esperan tanto como nosotros. También en este siglo actual hay muchos creyentes quienes buscan perfeccionarse en la verdad, la cual es Cristo forjándose en nosotros.
La primera parte, versículos de Hebreos 12: 1-11, denotan una palabra suave, masajeadora del alma, pero directa a la mente y corazón de estos creyentes cuyo origen es Israel. Después del vendaval del capítulo anterior, viene el remanso.
Mencionan los primeros tres versículos la necesidad de liberarse del yugo de la ley, lo pesado de su religión y lo oprobioso del mal testimonio de la nación judaica ante el mundo para venir a los pies de Jesús, quien creó y así mismo sentó las bases de la nueva fe con la cual se agradará a Dios.
Pide el autor correr con paciencia, pues el trecho es largo y Cristo es el objetivo a alcanzar en la meta, de la misma manera que él esperó la resurrección del Padre cuando se ofrendó a sí mismo morir en la cruz. Menciona el versículo tres que despreció el oprobio que hubo de por medio y ello le llevó ser glorificado hasta el grado de sentarse a la diestra de Dios Padre.
Así pues, ustedes amados hermanos, deben menospreciar el oprobio que causará el seguir al Maestro, Sumo Sacerdote, Rey y Mesías de Israel: Jesucristo, el Hijo de Dios. No importa ser echados fuera, ser ridiculizados, objeto de burla; antes bien, amar el gozo que implicará seguir el mismo testimonio liberador del Señor Jesucristo para ser recompensados por el mismísimo Padre en el día postrero, además de gozar con el apoyo, amor y salvación de Cristo.
Los versículos 3 al 5 describen este proceso como fácil de errar si no se sostienen por fe genuina en él, pues en las primeras pruebas muchos olvidan el premio, la recompensa, el objetivo y se entretienen en la ofensa, el qué dirán, la duda, el pesar y la vergüenza. La exhortación viene dada en el versículo 5 en su segunda parte y 6:
5 … Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él;
6 Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo.
Es necesario, amados hermanos, ser disciplinados porque la vara endereza nuestro andar. El diablo en estos días engaña aseverando la disciplina es un acto crueldad, poniendo como excusa la falta de diálogo y la impaciencia. Esto, aunado a la natural rebeldía humana provoca aún más ser excesivamente reticentes a ser disciplinados.
Como Dios escapa a estos pensamientos retrógrados, nos recuerda que como hijos fuimos disciplinados por nuestros padres, sabedores que, aun en secreto les agradecemos habernos enseñado “cosas buenas”. Si a los humanos falibles, les damos las gracias ¡Cuánto más a nuestro Dios que ahora es Padre amoroso! Y además, no confundamos disciplina con castigo. Precisamente los versículos 7, 9 y 10 llevan a profundizar en esta reflexión por medio del Espíritu Santo.
El castigo es para quien hace el mal, no se arrepiente y llena la copa de la ira del Señor. La disciplina, en cambio, es un ajuste necesario en la dirección dentro de los ejes espirituales que el Padre quiere que transitemos. El versículo ocho de manera complementaria sostiene que quien no es disciplinado, bastardo es. ¡Cosa tremenda! ¡Ay para aquellos a quienes Dios los tiene como bastardos!
LA PROMESA DE LA DISCIPLINA DEL SEÑOR ES ÉSTA: Dar fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.
Para terminar, concluimos con esta analogía: consideren a un infante deportista de fútbol soccer quien sueña con ser la siguiente estrella mundial en la posición de delantero. Necesita a su lado por fuerza entrenadores quienes le guíen en las técnicas, hábitos, rutinas y prácticas para que su sueño se haga realidad. Muchos infantes sueñan con esto, pero no todos lo logran. ¿Por qué? Porque no todos son disciplinados y no todos aceptan ser corregidos. Pasado cierto tiempo ya es muy tarde para ser corregidos, pues el carácter y ego del infante se forjan y será más difícil encauzarle por el camino del éxito.
El misterio de la disciplina para ustedes, hermanos es este: siendo pequeños, deben ser forjados en la disciplina del Señor de no salirse de Jesucristo para salirse por la tangente y regresar al desaseado antiguo pacto. Esta es, pues, su disciplina: nunca jamás salirse de Jesucristo una vez dentro porque entonces el Señor y Dios Todopoderoso, el Creador de los cielos y la Tierra, el Hacedor de Israel no titubeará en mostrar su autoridad, pues el nombre de su Cordero Inmolado sería puesto en entredicho.
Y si, persistiendo en su ego como aquel hipotético infante soñador y rebelde transcurre tal tiempo, quien tal cosa funesta haga será desechado de la misma forma en que nuestro Señor Jesucristo fue desechado y pisoteado por segunda y última vez. No hay más oportunidades para Israel, pues la primera vez fue muerto a causa de la rebeldía e impiedad de este pueblo y ya fueron instruidos ustedes, amados hermanos, que el Señor Jesús no puede ser crucificado de nuevo por cualquier judío.
Una vez siendo disciplinados y ejercitados en no salirse del camino que es Jesucristo dejando todo atrás, serán saciados del fruto de justicia, ese mismo fruto por el que recibieron la promesa los antiguos, pero que ellos siguen en la espera y ustedes lo reciben en esta misma vida.
He aquí que ustedes, amados, son mayores a todos ellos, porque el testimonio, los tiempos exigen mayor esfuerzo nuestro que en aquellos días. Y el Señor Jesucristo, su Sumo Sacerdote, les procura la libertad del yugo de la ley, cosa que ellos no degustaron ¡Amén! Solo como recordatorio, la carta escrita a los hebreos no incluye a los gentiles, de modo que este mensaje es solo para los hermanos nacidos y liberados del entorno judaico.
Dejamos como evidencia el mensaje escrito en Hebreos 12: 1-11. La paz, amor, gracia y sabiduría del Señor Jesucristo es en todos ustedes, amén.
12 Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, 2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. 3 Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar. 4 Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado;
5 y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo:
Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor,
Ni desmayes cuando eres reprendido por él;
6 Porque el Señor al que ama, disciplina,
Y azota a todo el que recibe por hijo.
7 Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? 8 Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. 9 Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? 10 Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. 11 Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.




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