Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios
- Cuerpo Editorial

- 31 oct 2020
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Amados hermanos del Señor Jesucristo, enviamos a ustedes un fraternal saludo a todos ustedes y deseamos en el Espíritu que la paz, gracia y sabiduría de nuestro amado Señor Jesucristo sea en ustedes amados, amén.
Comenzamos ahora una nueva carta epistolar, la que escribió el apóstol Santiago a los hermanos creyentes del Señor Jesucristo dispersos, pertenecientes a las doce tribus de Israel. Se escribió para dejar mandatos a los hermanos quienes salieron huyendo de Jerusalén por la destrucción venidera por la invasión romana y tuvieran fortaleza para esos momentos tan aciagos.
Muchos creyentes se cuestionaban por qué el Dios Altísimo haría semejante cosa a su -considerada en ese tiempo- santa ciudad. Otros estaban simplemente atónitos y no podían articular pensamientos o palabras que explicasen esto, debido a su novatez. Otros, en su pobreza y falta de cultura, pero con muchas preguntas en su haber, meditaban esto. En verdad, tenían muchas dudas al respecto y el apóstol Santiago es inspirado por el Espíritu Santo para darles consejos y exhortaciones fuertes (era necesario así, para que no claudicasen de la fe) y así responder a varias de sus cuestiones. En esta ocasión veremos tan solo la parte de Santiago 1:1-11.
Comienza diciendo el apóstol en el versículo 2 que el gozo debe formar parte de nuestro sentir diario, pues en las distintas pruebas este gozo ayuda que la fe probada se traduzca en paciencia. Tiempos tumultuosos se encontraban en aquel entonces y debían mantener un perfil discreto en cuanto a realizar escándalos que no fueran motivados por actos de testimonio de Jesucristo.
De manera que, de entrada, les solicita que se gocen, porque los muertos no sufren y ellos están sanos y salvos, tengan fe y produzcan paciencia, pues necesario era este juicio y habría que esperar se calmasen estos actos violentos contra Judea y alrededores.
Para quienes cuestionan, el apóstol sugiere que pidan sabiduría al Señor y Dios, pues no la niega y muy por el contrario, la provee abundantemente. Pero de nueva cuenta, a cambio de una fe sincera y no fingida, porque el judío -como cualquier otro ser religioso- se llenan de palabrerías vanas y huecas la cuales no son oídas por Dios.
La fe es algo que entre los israelitas es muy difícil aquilatar. ¿Por qué? Porque su escuela teológica es “amar y temer a Dios”, pero no creer. Por eso cuando Cristo enseñó con fe ellos se maravillaban, pero el clero enfurecía. Y es que la fe viene por el oír, luego el creer viene dado por la fe, el entendimiento y el sentido de la verdad hace que el corazón arda y confiese para salvación… Si tan solo el pueblo hubiese oído. Una sola sincera vez bastaba, porque oían unos pocos y si acaso pocas generaciones; aunque no se enseñaba la fe, solo la obediencia y práctica de la ley que con el tiempo se volvió tradición y luego costumbre nacional, para después tergiversarse en religión y vanidad.
Por eso el versículo 8 dice: “el hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos”. Así hoy día los ve la Deidad. Un pueblo de doble ánimo. Por una parte, procuran seguir su antigua ley infructuosamente; por otra niegan la eficacia de la sangre del Cordero de manera estoica y no osan siquiera mencionar su nombre, Jesucristo, nuestro Señor.
Pero para los creyentes nacidos del judaísmo, dice el versículo seis: “El hermano que es de humilde condición, gloríese en su exaltación; pero el que es rico, en su humillación, porque él pasará como la flor de la hierba”. Es necesaria la pobreza física en el seno de los creyentes israelitas, porque ellos tan acostumbrados a lujos, nación y propiedades, es necesario dejar de amar esto y no verlo como maldición o castigo por parte de Dios, sino como la libertad que Cristo les da de ese yugo. Por tanto, que no teman si llegasen a ser pobres, puesto que esto les garantiza mejor riqueza: la espiritual.
Para los potentados (aun dentro de la iglesia) su riqueza y la memoria de ella será pasajera. ¿Por qué? Porque en la sangre israelí siempre ha sido un imán para generar recursos e ingresos. Dios les ha conferido esa potestad; sin embargo, no la emplean para el bienestar colectivo de la iglesia, sino como un seguro de vida, salud y poder. Es el mal de los hermanos de esta nación, el dinero, una herramienta que vino a ser figura de adoración. Muy pocos hermanos son capaces de desestimar sus riquezas en pro de Jesucristo, la gran mayoría sucumbe ante el dolor y el escenario de verlos ir.
Esta parte es muy dura, porque no habla del mundo, no habla de los judíos, sino de los creyentes del Señor Jesucristo que salieron de esa religión en la cual está atrapado el pueblo de Dios.
Por eso instamos también a que los hermanos israelitas sean valientes y entre sus congéneres luchen con la fuerza del Espíritu Santo para que entre los hijos de Israel también se encuentren las ovejas todavía descarriadas de Cristo, el auténtico y renovado pueblo, la descendencia verdadera de los antiguos padres suyos.
Dejamos la evidencia escritural a continuación, Santiago 1:1-11, la paz del Señor Jesucristo sea en todos ustedes, amados hermanos en la fe, amén.
1 Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que están en la dispersión: Salud. 2 Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, 3 sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. 4 Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. 5 Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. 6 Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. 7 No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. 8 El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos. 9 El hermano que es de humilde condición, gloríese en su exaltación; 10 pero el que es rico, en su humillación; porque él pasará como la flor de la hierba. 11 Porque cuando sale el sol con calor abrasador, la hierba se seca, su flor se cae, y perece su hermosa apariencia; así también se marchitará el rico en todas sus empresas.




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