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Editorial 349 - La misión de Cristo

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 13 dic 2020
  • 5 Min. de lectura

| El contenido de este editorial debe discernirse con la mayor sobriedad en el espíritu para no dar malas interpretaciones.



Muchos oradores que se ponen al frente de las congregaciones de creyentes del Señor Jesucristo -en clara oposición de seguir el orden que se establece en el Nuevo Testamento para las reuniones de edificación de la iglesia- se encargan de tratar de explicar las enseñanzas que se describen en dicho libro, desvirtuando la sencillez y practicidad espiritual ordenada por el Espíritu Santo realizándolo bajo tradiciones religiosas y no en la libertad y santidad que se requiere para obedecer el evangelio.

Explico a continuación: desde el libro de Génesis (en donde se describe la creación de Dios) se profetizó el mover de la iglesia. Dios, habiendo hablado de diferentes formas a los hombres de cada época ha manifestado una clara forma de separar los tiempos, uno de ellos constituye el establecimiento de la iglesia del Señor Jesucristo instituida en toda la tierra y lo hizo de una manera sencilla y humilde en el Espíritu con el fin de dar a conocer la verdad para los hombres de este tiempo; aunque no es el propósito de este blog señalar las diferentes formas que Dios implementó esto en el transcurso de la humanidad, sino que solamente trataremos lo que concierne a nuestra actual generación.

El propósito del Señor Jesucristo es cumplir la profecía que el Padre dispuso para la salvación de todos los hombres, de ahí, que vino a obedecer en sujeción las disposiciones para nuestro tiempo. Esto es, revelar el nuevo pacto de Dios: ser “PADRE” y la verdad “creer en Jesucristo como el Hijo de Dios” para ser salvos y tener vida eterna. Para ello Jesucristo se dirigió al pueblo judío para enseñar el nuevo ordenamiento espiritual que dejaría en descubierto la hipocresía de profesar la religión judaica.

Además, el Señor Jesucristo vino a dar a conocer las buenas nuevas de redención a través de la fe y dejó una enseñanza de vivir en esperanza y amor, manifestaciones producidas por el Espíritu para sostenerse en un mundo que no es nuestro. De modo que su mayor propósito es dejar un legado de una forma de vivir a través de su palabra, él es el Mesías de quien se anunciaba en las escrituras, él señaló que él es el único camino para llegar al Padre y sobre toda razón él es el Cordero en sacrificio para redención de pecados.

Contrariamente a lo que muchos piensan y creen, Jesucristo vino solo a sentar las bases de la iglesia de su cuerpo establecido en todos los confines habitados en la tierra, vino a predicarla en forma futura pues requería morir, resucitar y ascender a la diestra del Padre para el advenimiento de la nueva forma de mantener comunión con la Deidad. Plació pues, a la Deidad, establecer que esa es la forma perfecta pues no puede haber dos fundamentos al mismo tiempo y con la ascensión del Señor Jesús se desconocía lo viejo, lo antiguo y se daba a conocer lo nuevo, lo mejor.

El Espíritu Santo vino a formar a la iglesia del Señor Jesús, sustentarla y ordenarla a través de estos 20 siglos por siete espíritus. El mover actual es el espíritu de Filadelfia, empero está entrando en el mundo con grandes contrariedades el último espíritu: Laodicea. Al terminar la lectura del Nuevo Testamento en orden se discierne que el Señor Jesucristo no salió de Israel para publicar el evangelio y llevó el conocimiento solamente a su pueblo, dentro de sus contornos geográficos en conformidad con las profecías. Posteriormente, en su forma de gloria el Señor Jesús elige a Saulo de Tarso (posteriormente Pablo) para llevar el evangelio a través del Espíritu Santo a los pueblos gentiles, miles de kilómetros recorrió por el mundo para esparcir la sana doctrina. Y de esos conocimientos lo constituye la forma de congregarse en el bendito nombre del Señor Jesús y los deberes sociales que se ordenan cumplir para dar testimonio.

Esto constituye el poder de Dios: manifestar Su voluntad con soberanía, majestad, imperio y gloria y no como lo enseña el dogma católico -muestra irreverentemente la figura de Dios como un hombre anciano, cansado, inmóvil y a un joven adulto como su hijo sentado a su diestra cargando una cruz, molesto e iracundo por el comportamiento de los seres humanos, que solo es tranquilizado por María, mujer sufrida y llorosa 24/7 y al Espíritu Santo como una paloma cuya función es solo descender del cielo como un actor extra o relleno, fuera de los créditos de esta caótica puesta en escena. En pocas palabras, esa es la manifestación errónea, perversa y demoníaca que hacen de Dios, nuestro Señor Jesucristo y Espíritu Santo, ahora se entiende por qué se describe en el capítulo 17 de Apocalipsis como la gran ramera a esta organización vaticana, la que está sentada sobre muchas aguas;

2 con la cual han fornicado los reyes de la tierra, y los moradores de la tierra se han embriagado con el vino de su fornicación.

3 Y me llevó en el Espíritu al desierto; y vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos.

4 Y la mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación;

5 y en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA.

Desde el inicio de este blog -hace ya casi siete años- se eligió abordar el tema de la iglesia por considerar el primer parámetro visual que cualquier lector reaccione a la forma correcta de congregarse conforme al conocimiento básico ordenado por el Señor Jesucristo y establecido en orden conforme al Espíritu Santo. Si no lo ha leído todavía le recomendamos su lectura para cumplir y obedecer la palabra escrita.

Estimado lector: anhelamos en el Espíritu que se vuelvan al Señor Jesucristo en mente y corazón; lo invoquen y vivan todas las promesas contenidas en el Nuevo Testamento, no se trata de cantidad de hermanos, sino de calidad en el conocimiento perfecto del Señor Jesucristo, que no tenga leuda, que reconozcamos el tiempo que vivimos, ciertamente tenemos la promesa del Señor nos ha de guardar de las pruebas que han de venir al mundo. El Editorial anterior describe el gran poder espiritual que tenemos desde nuestros lugares de orígenes para interceder al Padre por una gran operación evangelística en el mundo, es una forma humilde de escalar a grandes alturas en la grande y maravillosa forma de servir a nuestro Señor Jesús y de funcionar como miembros de su cuerpo. El mismo Espíritu nos hará llegar las noticias que cada día habrá más salvos por creer en el Señor Jesucristo.

Además, respecto al libro anunciado en el editorial anterior, mencionaremos que este libro deberá ser de distribución gratuita, como ordenanza a todos los creyentes quienes nos hagan favor de llevarlo a más manos no cobren por esto, dado que somos celosos de la palabra y con fe creemos que “dad de gracia lo que hemos recibido de gracia”. Amén.












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