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Jesucristo da la vista y la observación

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 27 jun
  • 6 min de lectura

Que el amor, la paz y la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos ustedes, amados lectores, en su espíritu rebosante, amen. 

Escrito está -y no por una adorable figura retórica- que lo que está escrito en los cuatro evangelios es solo un pequeño compendio de todo lo que en realidad hizo nuestro amado Señor. Salvador y Maestro Jesucristo, el Todopoderoso Hijo del Dios Viviente, amén. Menciona el apóstol revelado en su reflexión que lo escrito es para que se tenga confianza en la bondad, misericordia y poder que el Señor nos da. Hace tal reflexión con el poder de conocimiento revelado por el Espíritu Santo al respecto, situación negada a gente fuera de la salvación y la gracia.

Y esto se menciona porque, quienes fuimos elegidos por la gracia salvadora del Padre desde antes de la fundación del mundo, tenemos acceso a disfrutar de manera privilegiada el torrente de amor celestial vertido sobre nosotros. Privilegio por cuanto no todos quieren o desean esto, antes bien permanecen en su tonta firmeza de negar o rechazar la asistencia de lo Alto confesando el nombre del Señor Jesucristo en cualquier situación.

También, no es voluntad de Dios que el mundo sepa de cuán grandes cosas esperan a Sus hijos espirituales, en virtud de su incredulidad que Él haga esto. ¿Por qué? Porque querrían el beneficio sin dar algo a cambio, es decir, abuso de la confianza o una nefasta ingratitud. Así pues, en este marco introductorio es necesario leer el siguiente pasaje a la luz del Espíritu, hallado en Marcos 8:22-26, para la honra y gloria de nuestro Señor Jesucristo, amén:

22 Vino luego a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le rogaron que le tocase. 23 Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo. 24 Él, mirando, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan. 25 Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos. 26 Y lo envió a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea.

En esta ocasión, el Señor Jesús llega a Betsaida, una aldea en el rumbo de su trayecto por evangelizar. Gente allegada a un ciego le aborda y le pide sanación para éste, sabiendo de su poder y don de sanar. Pagan con fe el favor divino. Vio esto nuestro Maestro y como tal, ejerció su talento de enseñar, no solo sanar a este hombre, quien también creyó totalmente en Jesús y obedeció totalmente.

Se resalta el hecho que el presente pasaje es exclusivo de esta revelación. ¿A qué se debe esto? A lo que se comunicó cuando el primer relato de este libro, Marcos es método, es decir pasos a seguir sin tanta teoría, o sea, doctrina. Es la acción que el Padre espera después de la edificación dada. Nuestra fe no son sólo palabra, sino hechos de amor. Termina el pequeño paréntesis.

Entonces, Jesucristo saca a este hombre de esa aldea y se lo lleva consigo a un lugar no revelado, secreto, único y especial, donde el Señor habrá de obrar de manera personal en abrir los ojos de este varón.

El ciego jamás había percibido algo en sus ojos. Era cero luz, cero formas, cero colores, cero dimensiones visuales. El misterio ocurre cuando, después que el Señor Jesús escupió en sus ojos y puso sus manos sobre estos, tras preguntarle si veía algo, el hombre dijo: Él, mirando, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan. La revelación es progresiva. Siempre, es imposible (para el hombre, no para Dios, se aclara) percibir todo el conocimiento de golpe, a una sola vez, instantáneamente. ¿Cómo supo el hombre ciego cómo se veía un ser humano? ¿A qué se refería que lucían como árboles que andan? Lo que el ser humano ve es una proyección de luces y sombras en diferentes ángulos, en acuerdo con la intensidad de la luz y la textura de los objetos iluminados. El conocimiento es lo que se obtiene mediante descripciones previas de los objetos dados usando los otros sentidos, a saber: oído, tacto, olfato y gusto. Este hombre ya conocía la forma, pero sin usar la vista. Y el Dios Todopoderoso le permitió especializar su mente en el oído, requisito previo para la fe.

Y no que Jesús fallase, sino que le permitió al hombre usar y gozarse en el uso de la vista, necesaria para saber dónde continúa el camino. Ser árboles andantes implica el hecho que los hombres son grandes, amplios y llenos de ramas (particularidades) que los hacen únicos. Ya en otro pasaje el Señor hizo esta comparación del reino de los cielos y la fe que hayan buena tierra en los humanos y tras crecer, vienen a ser como árboles donde las aves posan, leer Marcos 4:30-34. Tras esta descripción, colocó nuevamente las manos sobre él y ahora sí, pudo ver cómo lucen las cosas en realidad. Establece el evangelio: “… fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos”.

Cuando uno obedece a Cristo y le sigue, lo que pasa es que salimos de la aldea mundana donde estamos y el Señor nos otorga la vista. Es decir, la realidad de las cosas. Pero esto es un conocimiento privado, cada creyente tendrá que experimentar esto tantas veces en su vida como sean necesarias en los aspectos de la vida que le atañen, es una de esas ocasiones donde el propio Cordero Inmolado se hace presente en nosotros y nos revela tesoros espirituales tocantes a nuestra vida, esencia, presencia, sustancia y propósito.

Poco a poco notaremos entre lo que creíamos que era conforme a nuestra ceguera y ahora, con los ojos espirituales, percibir la verdad llana y pura.

Ahora bien, el Señor le ordenó fuera directo a su casa, sin cruzar la aldea y sin comentar a la gente de su milagro. Es decir, fuese discreto. ¿Cuál es el motivo? No le tocaba ser profeta en su tierra y esto que vio antes de ser sanado, implica la profecía que este hombre también sería enviado a salir a predicar lejos de los suyos.

¿Por qué el Señor lo tomó aparte? ¿Por qué lo mandó a su casa? ¿Por qué no dar testimonio de júbilo? Y sobre todo, ¿Cómo llegar a su casa, si jamás la había visto? Por la fe de los suyos, por la fe del hombre mismo. Porque si lo mandaba con la gente, eso que el Señor vio en él se perdería y había que guardarse para él. ¿Quién de los lectores presume que tiene sus bolsillos llenos de dinero en efectivo ante la gente? Había mucha incredulidad y lo que el Espíritu reveló a este hombre en su visión del mundo (árboles que andan y se mueven) es que no estaba contaminado. El júbilo podrá esperar, ahora la misión es tener obreros listos para recoger la mies que es mucha y los obreros, pocos. Por la fe y la obediencia del hombre, se le otorgó el conocimiento de lo Alto de saber, con base en lo que este varón debió preguntar y solicitar detalles y descripciones, además de la agudeza auditiva otorgada al nacer de parte de Dios.

Amados, el poder de Cristo para darnos la vista es para todos. Los que recién se salvan y los que ya estamos en la salvación. Es por eso que no toda la revelación es para todos. Lo único que el mundo debe saber de Jesucristo es:

A)     Es el Hijo de Dios

B)     Murió crucificado en un madero para rescate de muchos

C)      Resucitó de entre los muertos

D)     Es el Señor, Salvador y Maestro de quien le confiesa de labios y con toda su mente, corazón y alma.

E)      Vendrá pronto por los suyos

Lo demás, nos pertenece a sus ovejas. Si alguien del mundo desea y quiere para sí todos los tesoros inescrutables del conocimiento de Dios, tiene que salir de su aldea y seguir a Cristo.

Que el Amor y la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea en su espíritu, amados lectores, amén.

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