La fe en Cristo sobrepasa entornos físicos
- Cuerpo Editorial

- 23 may
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Que la paz, gracia y sabiduría de nuestro Señor Jesucristo sean a todos ustedes, amados hermanos, plenos y rebosantes, de olor fragante a nuestro Padre, amén.
Amados nuestros, rápido casi se llega a la mitad del año: el tiempo se acorta y pasan los días más pronto. Marcos 7:24-30 es una lección de fe que jamás debemos olvidar, sobre todo los gentiles, quienes por medio de esta profecía de esta mujer se da como se lee:
24 Levantándose de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón; y entrando en una casa, no quiso que nadie lo supiese; pero no pudo esconderse. 25 Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino y se postró a sus pies. 26 La mujer era griega, y sirofenicia de nación; y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio. 27 Pero Jesús le dijo: Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos. 28 Respondió ella y le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos. 29 Entonces le dijo: Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija. 30 Y cuando llegó ella a su casa, halló que el demonio había salido, y a la hija acostada en la cama.
El Señor Jesús tocó regiones ya gentiles en su práctica. Realizó una función de seguimiento y dejar razón de sí en el mundo pagano, no para predicarles directamente, sino que fuese conocido primero y luego, cuando la iglesia se expandiera, ya hubieran dichos sobre él. Era necesario que no solamente los judíos le conociesen de palabra, sino también de vista para que no creyeran eran fábulas. No quería pues que se supiera que posó sobre cierta casa, pues no era enviado a ellos todavía en la enseñanza, dado que ellos no conocían la ley.
Se apersonó, pues en aquella región tan cosmopolita, pues los puertos de Tiro y Sidón, herencia fenicia, eran el acceso al mundo romano y así, desde ya supieran de un tal Jesús para cuando Pablo, varios años después tuviese de alguna forma el camino pavimentado.
Pero este caso es maravilloso. Una mujer sirofenicia, es decir, para nada relacionada con la simiente israelita oyó hablar de Cristo como sanador. Ella no lo pensó y tan pronto se enteró que él estaba en sus entornos fue, lo buscó y lo encontró. Pero no para ella, sino para su hija, poseída por un demonio que la atormentaba.
Nada consideró. Solo la fe, el valor y la rectitud de su plan de amor. Ya a los pies de Jesús rogó por clemencia y necesidad. Misericordia y atención a su causa. Liberación para restauración.
“Pero Jesús le dijo: Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos.” El Señor Jesús prioriza, no para negarle la petición, sino para que, a causa de la fe de ella, Israel fuese avergonzado una vez más de su infidelidad y para abrir la puerta de par en par al mundo gentil, todavía excluido de la gracia. Además, expone que él es enviado al pueblo, no al pueblo gentil en ese momento, pues así lo indicó el Padre.
La mujer, sin nada que perder y llena de total esperanza en que este Jesús era misericordioso, a pesar de la aparente objeción solo declara una verdad espiritual que a nosotros nos reconforta y hace estallar de júbilo: “Respondió ella y le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos.” Es decir, que sin incumplir con su misión algo de él puede ella merecer, algo de misericordia. Acepta su condición, su lugar y la misión del Maestro, pero le alaba al decir que él es Señor en todo y es capaz incluso, de tener piedad de alguien fuera de la gracia por la visitación como ella.
Con toda la fe que le fue dada, nada dejó para otra ocasión. Reconoce el poder sanador de Jesucristo y no le importó siquiera no ser del pueblo para tener acceso a él. Le invocó, le reverenció, le pidió y le demostró sinceridad en sus palabras. El amor y angustia por la hija en sufrimiento y la confianza total de que la palabra de Cristo era más que suficiente para tenerla de vuelta en sus cabales le dieron su veredicto: “Entonces le dijo: Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija.”
La lección es que no necesitamos más que fe y confianza. Nada hay que limite al Señor de hacer misericordia. Ningún pretexto hay para no invocarlo. Buscarlo y hallarlo. Ahora que esta fe es posible tenerla, hay que usarla toda y crecerá más. Nuestro Señor se sintió maravillado. Amados, nada es imposible para Jesucristo, nuestro Señor, Salvador y Maestro. Roguemos por todas las pruebas, debilidades, enfermedades, persecuciones que nos afectan negativamente y que por su gracia seamos salvos por él. Todo es cuestión de tener la fe firme, nunca dudar, siempre confiar en aquél que dio la vida por nosotros y murió, para resucitar al tercer día.
¡Aleluya!
Que la gracia, amor y paz de nuestro Señor Jesucristo sea en ustedes, amados hermanos, amén.

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