La sabiduría que viene de lo alto es primeramente pura…
- Cuerpo Editorial

- 28 nov 2020
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Actualizado: 10 dic 2020
Amados de Dios y Cristo, creyentes dispersos en todo el orbe: Paz, gracia y sabiduría del Señor Jesucristo les sean enviados a ustedes, que hallen cabida en ustedes para que crezcan en esto y sean hallados como frutos con olor fragante ante el Padre nuestro quien habita en los cielos.
En el tema anterior toqué por el Espíritu la descripción de la lengua. Ese pequeño órgano por el cual muchas almas se pierden, pocas almas se salvan y todavía otros pocos que la dominan. Una de las batallas espirituales que tenemos es precisamente refrenarla. Pero, como hemos dicho hasta el cansancio, no es con las obras o buenas intenciones del hombre, sino con el poder del Espíritu, a través de la sabiduría.
Abordaremos lo contenido en Santiago 3:13-18 para el presente tema.
El apóstol Santiago comienza explicando que la sabiduría es la puerta de la victoria mediante las buenas obras por la práctica de la mansedumbre. La mansedumbre pues, es la actitud de no tomarse a pecho las cosas, los dichos o las personas. No dar tiempo al sentimentalismo o a los dardos del diablo para que mengüen el control sobre la lengua y ésta nos haga caer. Por así decirlo, la capacidad de mantener la balanza en equilibrio temperamental.
Una manifestación que Santiago específica -por algo lo hace- es el celo amargo, que conlleva a la contención (es decir, pleito, disputa, pelea, animadversión) salida del corazón por querer ganar todo argumento siempre, motivados por la jactancia de “yo soy del pueblo de Dios”, “yo soy del linaje de Abraham”, “soy parte del olivo natural”, “tengo ascendencia judía” mintiendo, pues ningún argumento de estos tiene validez espiritual.
En todo caso, tales argumentos y otros de ese tipo son vanos y de origen terrenal, animal, diabólico (versículo 15). Concluye el apóstol esta afirmación que donde hay celos y contención hay solo perturbación y obra perversa. ¿Por qué? Porque pleitos y vanaglorias de este tipo NO SON INSPIRADOS POR EL ESPÍRITU SANTO DE DIOS. ¿Cuándo el Espíritu ha tenido competencia como para que tenga que expresarse con soberbia? ¿No es el vivir en el Espíritu una extensión mejorada de la vida de Cristo?
Pero la señal de cuando un maestro en la fe habla y enseña por el Espíritu, es el siguiente listado de especificaciones fácilmente detectables de la sabiduría con la que habla:
a) Es pura; es decir, solo habla cosa concerniente al Señor Jesucristo como propósito, finalidad o conclusión discursiva: en otras palabras, todo lo aterriza en Cristo
b) Es pacífica: nunca alienta a pleitos, contra argumentos, ni ofende; al contrario, estimula al oído para escuchar lo que Espíritu comunica a la congregación
c) Amable: respetuosa, concisa, clara, ejemplificadora, ilustrativa, impersonal la forma de enseñar
d) Benigna: al ser solo Cristo el sujeto principal, el motivo y la conclusión, implica aprender preceptos para hacer el bien en la práctica
e) Llena de misericordia: libre de juicios, acusaciones o maldiciones; llena de amor, esperanza, perdón, libertad, fe y poder es la prédica
f) De buenos frutos: es decir, quien enseña, tiene testimonio que le precede si no en todo en la mayoría -predica con el ejemplo-: un profesor que profesa lo que profiere a sus profesados, tal como el Señor Jesús hizo, así el maestro fiel que le imita conforme al Espíritu.
g) Sin incertidumbre: la fe, el poder y el conocimiento previo del nuevo pacto no da pie nunca a titubeos de quien enseña, es decir, todo lo que dice sabe que es verdadero porque lo ha vivido, le ha sido revelado o testimonio verdadero le han comunicado.
h) Sin hipocresía: no son relatos, mensajes, prédicas, discursos o exposiciones fingidas, con dobles sentidos u oscuras intenciones. Todo natural, sincero, humilde y sencillo, tal como el Señor Jesús fue: libro abierto sin letras chiquitas.
El apóstol sella este capítulo con el siguiente mensaje: “y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz”. Si la enseñanza es en paz, en paz se recibe la enseñanza cuyo fruto es la justicia que es por fe. De manera que, hermano israelita: debes dejar la soberbia, el deseo de sentirte o saberte superior a los gentiles, porque esas etiquetas las impuso el diablo: todos somos uno y si algo habrás de enseñar, a Cristo en tu vida debes pregonar, testificar y demostrar.
Dejamos pues, lo establecido por el Espíritu en Santiago 3:13-18. La paz del Señor Jesucristo está en ustedes, amados lectores, amén.
13 ¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. 14 Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; 15 porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. 16 Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. 17 Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. 18 Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.




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