Que la paz, gracia y sabiduría de nuestro Señor Jesucristo sean a todos ustedes, amados hermanos, plenos y rebosantes, de olor fragante a nuestro Padre, amén. Amados hermanos en Cristo, les saludamos con ósculo santo y un fuerte abrazo de amor y fe. Con tristeza escribimos ahora, dado que muchas congregaciones notamos son sujetas y dependientes de sujetos taimados que se mueven al andar de los tiempos políticos y económicos y se definen como siervos, enviados, apóstoles y no