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Carta que no requiere explicación

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 14 feb 2015
  • 5 Min. de lectura

¡Melquisedec no era judío!


Abraham le reconoció y le da un diezmo pero no porque estuviese obligado o por alguna ley, sino se lo dio de todo corazón por lo que él era para Dios, de aquí se quieren colgar las religiones de hoy en día para dar el diezmo de forma obligatoria, mas ese mandamiento se impuso con la ley para los judíos. Sin embargo el clero judío lo hizo más importante que el verdadero espíritu de la ley, había triunfado el enemigo de Dios al despertar en ellos la avaricia, la codicia, el amor a las riquezas y el acumulamiento de bienes materiales en lugar de ver por la espiritualidad del pueblo judío, que soportaba con paciencia dicha conducta de los rectores de su ley. Por esta razón su rencor estaba con aquel que los iba a venir a salvar, pues ellos no levantaban la mano contra sus opresores y por ende a la venida del Hijo descargaron todo su odio hacia él, el clero judío sabía de ese sentimiento del pueblo hacia ellos, de tal modo que cuando Jesucristo les preguntó de dónde venía el bautismo de Juan ellos no quisieron responder por temor al pueblo. Siguiendo con la figura del rey Melquisedec, se le describe como un ser sin principio y sin fin, lo que demuestra que él no es el enviado de Dios para salvarnos, puesto que la profecía decía que de simiente de mujer había que nacer el verdadero Salvador de todas las naciones.


El Señor Jesús no quiere diezmos materiales, quiere el corazón de cada creyente; él no necesita dinero ni el Espíritu Santo tampoco. Los bienes materiales se deben compartir con los miembros de la iglesia, el Señor Jesús vé todo y todos sabemos si verdaderamente somos compartidos con los demás hermanos en necesidad, si hay algún hermano que los visite y les trae profecía, sana doctrina o servicio espiritual, atiéndalo y envíelo con lo necesario para su camino, si se va a quedar por un tiempo hospédenle por el tiempo que le ha asignado el Señor, esta vida es la que es agradable a Dios.


A Melquisedec se le compara con los sacerdotes judíos, el sumo sacerdote y los sacerdotes cumplían una tarea muy pesada al compararlo con el sacerdocio de Melquisedec había una gran diferencia y este sacerdocio también tenia una gran diferencia con el sacerdocio de Jesucristo. Al renovar el sacerdocio Dios le prometió al rey David un sacerdote de linaje divino no solamente para el pueblo judío sino para todas las naciones, un reino que no iba a tener fin y que con el sacrificio salvará a todas las naciones que creen en él. El apóstol Pablo recalcaba mucho esta situación respecto a Jesucristo al pueblo judío que el sacerdocio de Jesucristo era impuesto por el Padre, el Señor no vino por sí mismo, vino en obediencia al Padre en el tiempo exacto de tal manera que su bautismo fue a los treinta años para cumplir un sacerdocio para Dios, Jesucristo no vino a reformar al clero judío, su ministerio era otro ya que el pueblo judío está destinado a pagar con un juicio hasta nuestros días por apartarse de la voluntad de Dios. El que quisiera salvarse tan solo es creyendo, él no vino a restaurar la religión judaica pues si ese hubiese sido el motivo no fuese necesaria su muerte, además, ya habían sido enviados profetas para desanimarlos de sus errores y sus fallas pero el clero seguía en su humanidad en lugar de las cosas de Dios y por consiguiente al tenerlo en su tiempo no sabían cómo tratarlo a él y optaron por matar al Hijo de Dios y salvar la religión judaica.


Los sacrificios, los ritos y enseñanzas ya no eran conforme al espíritu de la ley, Jesucristo lo sabía y cuando fue al templo se enojó con los vendedores que se encontraban en el templo en virtud de los abusos que existían por los precios altos para la gente pobre en la compra de sus animalitos para expiar los pecados, ante la complacencia de la clase sacerdotal que obviamente recibía sus comisiones en confabulación con ellos, Jesucristo los llamó ladrones para con Dios y para con los cambistas.


La perfección no fue alcanzada por la ley y que hay una esperanza fundamentada con el sacerdocio de Jesucristo y compara la eficacia del nuevo pacto con el anterior pacto en el cual había muchos sacerdotes con sacrificios para el mandamiento de perdonar pecados al pueblo y ahora con el único sacrificio de Jesucristo los pecados de todos los hombres han sido perdonados, cualquiera que quiera tener comunión con Jesucristo que está sentado a la diestra del Padre, tan solo invocarlo, él te escucha. Te animo a que lo hagas en este instante, sin intermediarios y verás lo que sucede en tu vida, Jesucristo es para integrase individualmente e integrarse como iglesia.


En el plan de Dios de salvación para todos los hombres, no hay falla, no hay margen de error es un plan perfecto, Jesucristo vivió entre nosotros sin pecado, sin mancha, no como los sacerdotes judíos que primero se limpiaban de sus pecados y luego limpiaban los pecados del pueblo, ahora nosotros gozamos del perdón por su sacrificio en la cruz, haciendo más fácil el yugo de obedecer a Dios porque él lo hizo todo, de ahí que la ley era imposible alcanzarla, de tal manera que Jesucristo enseñó que su yugo es más fácil y ligera la carga.


En el nuevo pacto no hay tantas prohibiciones como en la ley, es mejor hacerse a la palabra del Señor Jesucristo que nos habla de la fe, esperanza y amor para vivir en ellos. Ya es prohibitivo para los creyentes de realizar los procedimientos judíos pues están lejos de la voluntad de Dios. En los tiempos de los judíos Jesucristo habló de la destrucción del templo y que en tres días lo restauraría hablando de su resurrección, no tan solo esa enseñanza habría de ser transmitida en el nuevo pacto sino que también en ese templo. El arca de la alianza ya no se encontraba dentro pues se había perdido, por eso el Padre ya no tenía comunión con el clero judío y por ende, el pueblo sufría enfermedades, plagas, pobrezas, endemoniados y esos sacerdotes ya no tenían comunión con Dios solo algún remanente del clero y del pueblo se mantenía en comunión con Dios. Todo esto sucedía para que el pueblo voltease los ojos a Él y no a los hombres religiosos y aun así muchos seguían el engaño y el error, de tal forma que no recibieron al enviado de Dios.


El Señor Jesucristo echaba en cara al clero su incongruencia de poner mucho énfasis en lavarse las manos, los platos y hacer los ritos de purificación y demás preceptos que contenían la ley pero se olvidaban de lo mejor de la voluntad de Dios que es amar al prójimo. Por esta causa los que hemos creído en el Señor Jesús debemos de dar testimonio de que él vive en nuestro corazón y dejarnos guiar por el Espíritu Santo toda vez que hemos sido llamados reyes y sacerdotes de un orden espiritual y un linaje divino, ¡hasta cuando comprenderán los que han creído en el Señor Jesús de no imitar las costumbres y usos religiosos y se volvieran a la palabra del Señor Jesucristo escrita en el nuevo pacto! (Veremos el blog de reyes y sacerdotes en abril).


Debemos de pedir al Señor Jesús que nos fortalezca en nuestra carne para cumplir fielmente su palabra y que él haga su obra en nosotros, creyendo que por nosotros mismos no podemos, sino es por la voluntad de nuestro Padre. Amén.

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