Editorial 47
- Cuerpo Editorial

- 28 feb 2015
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Algunos creyentes en Jesucristo no han asimilado la lección sucedida al pueblo judío en su relación con Dios, siendo el pueblo escogido no se comportó a la altura de tal distinción. Muy por el contrario su actitud ante nuestro Padre no fue lo suficientemente fiel y su testimonio ante las demás naciones fue la de una nación rebelde que requería de azotes públicos ante los pueblos por sus constantes actos rebeldes y distanciamientos por causa de su terquedad de imitar a los pueblos del mundo.
El pueblo judío no enseñó la salvación de su Dios a las naciones, antes bien ellos mismos no quisieron ser salvados al no creer la profecía de la venida del Hijo de Dios: Jesucristo. Un destino fatal que han pagado caro por su poco entendimiento de la escritura. Esto debe de servir a los creyentes en Jesucristo para no cometer el mismo error y la desviación que sufrió el pueblo judío y retrasar la apostasía en el cual muchos serán engañados y seducidos por el príncipe de este mundo y apartados de la voluntad de nuestro Señor Jesús, desdeñando la guianza del Espíritu Santo e ir en pos de su propio camino que los conducirá ciertamente a un estado de alejamiento de la palabra del nuevo pacto.
Los remanentes fieles en Jesucristo vencedores por profecía seguimos manteniéndonos firmes con poca fuerza, pero bien cimentados en la roca de salvación, adorando al Padre en espíritu y verdad para ver lo invisible y no caer en lo efímero y pasajero del mundo visible, poniendo nuestra mirada siempre en el autor y consumador de nuestra fe y esperando su venida.
Sabemos que somos del Espíritu y anhelamos las revelaciones e interpretaciones de la palabra del Señor Jesucristo, vivimos el evangelio y dejamos que el Espíritu Santo nos lleve a la aplicación diaria de lo que el Padre ha dispuesto y preparado de antemano para el testimonio de los que nos rodea para ser obedientes a su palabra establecida en el nuevo pacto, exhortamos a todos los creyentes de Jesucristo que dejemos de ser nosotros e iniciemos reconociendo que el es y nosotros somos hechura suya que su obra y gracia este en nosotros y nuestra vista, oídos y demás sentidos sean puestos en el Señor Jesucristo. Amén.




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