La parábola de la semilla de mostaza
- Cuerpo Editorial

- 28 feb 2015
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Esta breve parábola que se lee en Marcos 4:30 fue enseñada ante la mucha gente que seguía el Señor Jesús: judíos y gentiles que visitaban esa tierra se acomodaban para escuchar el mensaje del Señor Jesucristo en su ministerio. Transcribo literalmente lo enseñado en ese lugar: 30 Decía también: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios, o con qué parábola lo compararemos? 31 Es como el grano de mostaza, que cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra; 32 pero después de sembrado, crece, y se hace la mayor de todas las hortalizas, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo pueden morar bajo su sombra.
Comienza el Señor Jesucristo con una pregunta para explicar el reino de Dios y luego se vuelve a cuestionar con que parábola la compararemos. ¿Cuál era el mensaje principal del Señor Jesucristo? ¿En qué consistía el ordenamiento primario para que el pueblo le conociera y lo obedeciera? ¿Cuál era el conocimiento primario que debiera aprenderá el pueblo para que fuera salvo? Sin lugar a dudas quien creyera que él era el Hijo de Dios, el enviado para reconocer que Dios ahora los va a tener como hijos y le llamen Padre. El mensaje de salvación al parecer es sencillo y no hay mucho discurso para decirlo. El pueblo judío había sido engañado por el enemigo de Dios para distraerlo y no atendiera a su máxima voluntad y los hizo seducir con cosas materiales olvidándose de las espirituales, de ahí que el Señor les recuerda y les habla del reino de Dios, era un pueblo rebelde e interesado en las cosas materiales. El mensaje a los gentiles sería diferente: cree en el Señor Jesucristo y serás salvo, más sencillo y sin complicaciones, ellos estaban interesados en su redención y salvación, más que un reino, los judíos querían un reino y el Señor les ofrece el reino de Dios en sus corazones.
¿En que consiste el reino de Dios para los judíos? Esta pregunta forma parte de la sencillez de su evangelio y la enseña así: en que reinarán el Padre y Jesucristo en sus corazones si declaraban que Jesucristo es el Hijo de Dios. Muchas doctrinas posteriores del ministerio de Jesucristo, consideran que el reino de Dios es el reino de la eternidad pero hay un solo detalle, la parábola es utilizada para que no la entiendan el clero judío ni el pueblo judío que los sigue pero a sus discípulos el Señor sí les explicaba en qué consistía. En vista de lo anterior se deduce que se refiere a un dominio y reino aquí en la tierra, ya que en la eternidad no hay otro gozo más que el contemplar la gloria de Dios y ser partícipe del reino eterno y este reino consiste en que su Espíritu Santo more en sus hijos y vivan la palabra. Quien no obedezca a la palabra del Señor Jesucristo no es del Señor. Las religiones no salvan solamente el Señor Jesucristo.
A que parábola la compararé y enseña diversas parábolas que hablan de su reino aquí en la tierra, el establecimiento de la iglesia. La compara con el minúsculo grano de mostaza, pequeño, casi sin entender su escaso tamaño, así somos los hijos de Dios por la fe iniciamos de ese tamaño y a medida de ser como Jesucristo y reinar en nuestro corazón se va fortaleciendo en la fe, esperanza y amor hasta convertirse en un árbol de gran tamaño, y es visible para todos dando una especie al sabor de algunos platillos, el árbol es grande y la semilla en la tierra da su fruto, aquí en esta vida el reino del amor y poder se establecen para consuelo de muchos y juicio para otros. Las aves del cielo son los que se sostienen en los que siguen al Señor Jesucristo produciendo consolación, amor y exhortación para el descanso de sus almas. Sus ramas son fuertes para sostener todo aquello que quiera aspirar la palabra del Señor Jesucristo, sé tu como la semilla de mostaza y crece en el Señor Jesucristo.
Es por eso que nuestro testimonio como hijos espirituales de Dios debe ser aquí en la tierra, el reino es aquí en esta vida que constituye el contrapeso victorioso ante el mundo y lo que de éste emane. Nosotros somos representantes de ese reino del cual el Señor Jesús nos declaró en la parábola y se lo ocultó a los sabios y entendidos de este mundo así como a aquéllos soberbios doctores de la ley, pero ahora tenemos la ventaja que el Espíritu Santo nos da detalles acerca de este misterio dicho por nuestro Salvador. Amén.

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