Tres testimonios de gloria
- Cuerpo Editorial

- 28 feb 2015
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Mateo 14:22-33 22 En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. 23 Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo. 24 Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario. 25 Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. 26 Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: !!Un fantasma! Y dieron voces de miedo. 27 Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: !!Tened ánimo; yo soy, no temáis! 28 Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. 29 Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. 30 Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: !!Señor, sálvame! 31 Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: !!Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? 32 Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento. 33 Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios.
En este episodio de la escritura se relata la confesión por medio del Espíritu de los que están en la barca hacia Cristo, confesándole como el Hijo de Dios. La barca y los que están en ella representan a la iglesia y a los que la conforman. Durante todo este tiempo, en algunas ocasiones el Señor se ha tenido que mostrar de alguna u otra manera para manifestar su presencia ante los ojos de los hombres. Y lo ha hecho para fortalecer la fe de los testigos y dar señal de su poderío. No quiere decir lo anterior que se muestre tal como lo hace el relato literalmente, sino que por medio del Espíritu se deja ver a aquéllos que para un propósito espiritual han sido escogidos, los que poseen el corazón puro, promesa dada a nosotros los creyentes y seguidores de Jesucristo. Y la novia se goza del amor que le profesa el novio y ella, por el Espíritu le confiesa como el Hijo del Dios Viviente. Por eso la iglesia implora su pronto regreso, porque sin el amor del novio ella no es.
Segundo testimonio
Mateo 27:50-54 50 Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. 51 Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; 52 y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; 53 y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos. 54 El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios.
En este relato en Mateo, la confesión viene de testigos escogidos del mundo en cuanto a las señales y obras del Padre en cuanto a su HIJO. También el mundo le verá y le confesará, para vergüenza del diablo y para victoria de Dios. Más no necesariamente para salvación sino para cumplir que ellos viendo no ven y oyendo no oyen, para que crean, le sean abiertos sus ojos y sean sanados. Porque aún los demonios creen y tiemblan, puesto que saben también quién es Cristo. Y por tanto el mundo también sabe en esencia, pero busca esconder esta verdad de vida a los débiles y a los que le buscan afanosamente en forma física, no espiritual. Y como testimonio están las naciones antiguas, la reina del Sur, Nínive, Tiro y Sidón para fustigamiento de los duros de corazón, los apóstatas y los rebeldes.
Tercer testimonio
Juan 1:43-49 43 El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halló a Felipe, y le dijo: Sígueme. 44 Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro. 45 Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. 46 Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve. 47 Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño. 48 Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. 49 Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel.
Juan, el amado discípulo de Cristo, a través del Espíritu nos da una muestra del amor de nuestro Señor hacia nosotros, señalándonos cómo llamó a sus ovejas por su nombre. Así nos ha llamado a todos, por nuestro nombre y a nuestro tiempo y en nuestro interior sabemos que ese momento ha sido de los más gratos en toda nuestra vida y sabemos también de qué manera sentimos el poder de Dios y el amor de Jesucristo posó en nuestro interior por primera vez. Nos da testimonio al recordar detalles de cómo fuimos llegando a los pies de nuestro amado Señor Jesús. Por lo cual todos nosotros por medio del Espíritu también le confesamos y lo seguiremos haciendo mientras vivamos como el Hijo de Dios, puesto que sin él, sin su llamamiento, estaríamos muertos en vida como muchos otros. ¡Aleluya! Amén.




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