Editorial 49
- Cuerpo Editorial

- 14 mar 2015
- 5 Min. de lectura

La carta a los Hebreos es una carta que debe ser leída en el Espíritu Santo por los creyentes en el Señor Jesucristo. Trata de las comparaciones de la voluntad de Dios que establece en los tiempos, para los judíos fue un trato e hizo un pacto con ellos y para los gentiles y la iglesia. El mejor pacto: el Señor Jesucristo y su palabra. No hay nada qué hacer con la religión judaica: la casta sacerdotal se perdió y con ello la oportunidad de ser por muchos siglos el pueblo escogido. Hasta ahora se han dado manifestaciones de recoger al pueblo judío en la futura gracia que el Padre tiene con ellos, la iglesia no tiene por qué compararse con la religión judaica, sus promesas son muchas pero su rebeldía hizo que se perdieran y no les fuera útil, en cambio la iglesia el Señor se manifestó y la invistió con poder de su espíritu a todos los creyentes y sustitutyó la casta sacerdotal por siervos en ministerios que sirven con apego a la palabra del Señor Jesucristo: que sean sufridos, humildes, bondadosos, llenos de amor, que busquen el bien de los demás y sobre todo que se apeguen a la escritura del nuevo pacto, si los que están al frente de las congregaciones en donde se predique únicamente al Señor Jesucristo no reúnen esa calidad de vida espiritual ¡Cuidado! son falsos obreros desviados de la verdad.
El clero judío estaba orgulloso con el arca de la alianza porque era su testimonio de unidad con Dios; así mismo estaba orgulloso del templo, de la casta sacerdotal y de la elección de Dios sobre todos los pueblos de su época, pero el Señor permitió que el arca de la alianza se perdiera o desapareciera en la época de los macabeos y así lo dispuso, para que se dieran cuenta que es mejor la comunión con Él que la simbología de las cosas, de ahí que después adoraban al templo, un templo que en la época del Señor Jesucristo era la tercera vez que se reconstruía y que su magnificencia físicamente muchas de las cosas se las habían robado otros reinos. El templo construido por Salomón no era más que un recuerdo ya que se aferraban al pasado pues era lo único que les quedaba. Aun así los discípulos admiraban al templo y el Señor Jesucristo les profetizó que no iba quedar nada de ese templo y ahora él se constituía el único ser de adoración y los creyentes serían llamados templo de Espíritu Santo.
También los judíos se gloriaban de su casta sacerdotal que sin seguir los consejos de Dios fueron advertidos por los profetas del Altísimo y como siempre los rechazaban porque no querían seguir al Altísimo. Estos desviaron y corrompieron las tradiciones de los padres y trataron al pueblo sin amor y misericordia llevándolos al engaño y al desprecio, el pueblo judío seguía pagando impuestos al templo y a los diezmos por obediencia a Dios y a la ley, como sucede en este mundo siempre el pueblo paga las consecuencias de sus malos pastores y desviaciones de la palabra del Señor Jesucristo.
En la iglesia de Jesucristo establecida en todo el orbe, los hermanos en el presbiterio sirven en amor y bondad y no cobran diezmos u obligan a dar contribuciones para hacer templos hechos por manos de hombre, ni voltean a ver el antiguo pacto sino que se deleitan con la palabra del Señor Jesucristo quien nos salvó y no condicionó la salvación con impulsos humanos u obras de nosotros mismos, seguramente en el lugar que te congregas hacen esto.
Pero entonces, si así sucede ¿por qué permanecer? Es mejor salir de la religiosidad a la libertad dada por la fe. Puesto que lo mismo hizo el Señor Jesús, vino a libertar al pueblo de su Padre, nuestro Padre de la opresión y esclavitud, pobreza y desnudez NO FÍSICA, sino espiritual. Aunque ellos no quisieron, la oportunidad tuvieron, así como usted que nos lee ahora mismo, la tiene. ¿Quiere ser el judío espiritual que rechaza la nueva y mejor dádiva de Dios? ¿O desea ser libre? Amén.
La carta a los Hebreos es una carta que debe ser leída en el Espíritu Santo por los creyentes en el Señor Jesucristo. Trata de las comparaciones de la voluntad de Dios que establece en los tiempos, para los judíos fue un trato e hizo un pacto con ellos y para los gentiles y la iglesia. El mejor pacto: el Señor Jesucristo y su palabra. No hay nada qué hacer con la religión judaica: la casta sacerdotal se perdió y con ello la oportunidad de ser por muchos siglos el pueblo escogido. Hasta ahora se han dado manifestaciones de recoger al pueblo judío en la futura gracia que el Padre tiene con ellos, la iglesia no tiene por qué compararse con la religión judaica, sus promesas son muchas pero su rebeldía hizo que se perdieran y no les fuera útil, en cambio la iglesia el Señor se manifestó y la invistió con poder de su espíritu a todos los creyentes y sustitutyó la casta sacerdotal por siervos en ministerios que sirven con apego a la palabra del Señor Jesucristo: que sean sufridos, humildes, bondadosos, llenos de amor, que busquen el bien de los demás y sobre todo que se apeguen a la escritura del nuevo pacto, si los que están al frente de las congregaciones en donde se predique únicamente al Señor Jesucristo no reúnen esa calidad de vida espiritual ¡Cuidado! son falsos obreros desviados de la verdad.
El clero judío estaba orgulloso con el arca de la alianza porque era su testimonio de unidad con Dios; así mismo estaba orgulloso del templo, de la casta sacerdotal y de la elección de Dios sobre todos los pueblos de su época, pero el Señor permitió que el arca de la alianza se perdiera o desapareciera en la época de los macabeos y así lo dispuso, para que se dieran cuenta que es mejor la comunión con Él que la simbología de las cosas, de ahí que después adoraban al templo, un templo que en la época del Señor Jesucristo era la tercera vez que se reconstruía y que su magnificencia físicamente muchas de las cosas se las habían robado otros reinos. El templo construido por Salomón no era más que un recuerdo ya que se aferraban al pasado pues era lo único que les quedaba. Aun así los discípulos admiraban al templo y el Señor Jesucristo les profetizó que no iba quedar nada de ese templo y ahora él se constituía el único ser de adoración y los creyentes serían llamados templo de Espíritu Santo.
También los judíos se gloriaban de su casta sacerdotal que sin seguir los consejos de Dios fueron advertidos por los profetas del Altísimo y como siempre los rechazaban porque no querían seguir al Altísimo. Estos desviaron y corrompieron las tradiciones de los padres y trataron al pueblo sin amor y misericordia llevándolos al engaño y al desprecio, el pueblo judío seguía pagando impuestos al templo y a los diezmos por obediencia a Dios y a la ley, como sucede en este mundo siempre el pueblo paga las consecuencias de sus malos pastores y desviaciones de la palabra del Señor Jesucristo.
En la iglesia de Jesucristo establecida en todo el orbe, los hermanos en el presbiterio sirven en amor y bondad y no cobran diezmos u obligan a dar contribuciones para hacer templos hechos por manos de hombre, ni voltean a ver el antiguo pacto sino que se deleitan con la palabra del Señor Jesucristo quien nos salvó y no condicionó la salvación con impulsos humanos u obras de nosotros mismos, seguramente en el lugar que te congregas hacen esto.
Pero entonces, si así sucede ¿Por qué permanecer? Es mejor salir de la religiosidad a la libertad dada por la fe. Puesto que lo mismo hizo el Señor Jesús, vino a libertar al pueblo de su Padre, nuestro Padre de la opresión y esclavitud, pobreza y desnudez NO FÍSICA, sino espiritual. Aunque ellos no quisieron, la oportunidad tuvieron, así como usted que nos lee ahora mismo, la tiene. ¿Quiere ser el judío espiritual que rechaza la nueva y mejor dádiva de Dios? ¿O desea ser libre? Amén.




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