Las hijas de Dios casadas
- Cuerpo Editorial

- 21 mar 2015
- 5 Min. de lectura

No hay labor más altruista que la de una hermana en Cristo casada, de gran deber y gran propósito en los planes de nuestro Padre. El enemigo de Dios siempre estará confundiendo las mentes débiles de los seres humanos para distraer al hombre en su obediencia a él, el plan de un hombre y una mujer ha sido mal interpretado desde los inicios de la humanidad en sociedad, primero los siervos de Dios y después los hijos de Dios han sabido interpretar su voluntad en la función del hombre y la mujer en este mundo, obedeciendo el propósito y el plan de Dios de crearlos para que cada uno conozca su función en la vida social. El hombre que no conoce a Dios ha exagerado en algunas ocasiones el trato a las mujeres y le ha otorgado un papel y rol diferente a la mujer. Actualmente en las sociedades modernas a través de sus gobiernos en otro error abismal han querido distraer al mundo en una igualdad del hombre y la mujer en su funcionamiento social colectivo y los lleva también a radicalizar y a contradecir lo que quiere Dios con los hombres.
Es menester aclarar que este blog no tiene el propósito de juzgar o criticar la actuación del mundo, el objetivo principal de nuestro blog es el de exponer la Sana Doctrina del Señor Jesucristo en la vida espiritual y la terrenal en su ámbito social como testimonio en el mundo. En virtud de lo anterior iniciaremos con que debemos de partir en que la voluntad de Dios prevalece en sus hijos por la fe en Jesucristo, esto es que desde antes de la fundación del mundo Él destinó nuestras vidas y con ello las obras que debemos de realizar, todo lo formó Dios en su voluntad, cómo somos, dónde íbamos a vivir, cuándo viviríamos, quienes serían nuestros antecesores y nuestros sucesores, nuestros rasgos físicos, rasgos almáticos y espirituales, en fin, todo lo ha hecho Dios, por eso es Dios y los que lo niegan nunca alcanzarán a conocer a Dios y se vuelven últimos en la fila como necios e insensatos.
En el funcionamiento social de la iglesia en un matrimonio el hombre casado está sujeto a Cristo y la mujer casada sujeta al hombre: su esposo. Es una señal que Dios pone a sus hijos conforme a su género, no hay otra instrucción que se pueda interpretar en otra dirección, así lo ha dispuesto Dios y así quiere que vivamos en testimonio. La igualdad del hombre y de la mujer es solamente ante Él quien juzga igual a los dos según la obediencia a su palabra, nada tiene qué ver con alguna situación social terrenal como nacionalidad, edad, estudios, linajes humanos u otra subdivisión. La sujeción y obediencia de las hijas de Dios a sus maridos enaltece el testimonio de que Dios mora en las hermanas. De no obedecer alguna hermana a su marido comete pecado ante Dios y ciertamente está en desagrado del Señor Jesús. No hay concesión, esta es palabra del Señor Jesús, a algunos les parecerá injusto, pero es todo lo contrario, al hombre le ha concedido situación más responsable como el discernir que Cristo es cabeza del hombre y por ello deberá amar a su mujer como Cristo ama a su iglesia, esto es, si Jesús dio su vida por todos los hombres e hizo salvo a todos los creyentes, el marido dará su vida por agradar a su mujer, por muy difícil que se pueda comprender. No en el sentido literal sino espiritual, esto es, el hombre al agradar a Cristo obedeciendo y poniendo en práctica la palabra del Señor, lo llevará a amar a su mujer como Dios quiere que se amen y se cumpla que sea una sola carne en deseo, compatibilidad, armonía, en amar y ser amada en señorío y sujeción, en mando y obediencia.
El hombre ama a su mujer no viendo el atributo físico de sus ojos (aunque este influye en la selección de la mujer amada) sino en la docilidad del alma femenina al estar sujeta Jesucristo y su posición de ser salva es el proceso generoso a la obediencia a la palabra del Señor Jesucristo, la hermana en Cristo favorecida debe ver en su futuro marido la obediencia a Jesucristo y el apego al nuevo pacto, además de ver su pretensión en costumbres, gustos y carácter para tener la posibilidad de obedecerlo, esto es lo que se conoce espiritualmente la ley del marido al cual estará sujeta la hermana hasta el fin de los días de su marido.
La hermana casada dejará padre y madre y sólo fijará el nuevo rumbo que le haya escogido el Padre, a través de su esposo, al cual desde el inicio de su matrimonio cumplirá fielmente lo que está escrito en las diferentes cartas epistolares y personales y la ley de su marido. Si no se hace así es que hay un gran problema de alejamiento a la palabra del Señor y por ende existe un grave desorden en la vida social de muchos creyentes que siguen voluntad y tradiciones de hombres. La hermana casada debe sustentar su vida en obediencia y sujeción a su marido, el hacer la voluntad y obedecer la palabra conllevará a ser favorecida por el Padre en todo y a través del Señor Jesucristo será colmada de beneficios y de ayudas de lo Alto a las hijas de Dios que no cuestionan en la carne, acercan al marido a la palabra si éste se está distanciando de la misma.
El número de hijos debe ser conforme a lo natural, jamás acudan al consejo del mundo de no procrear muchos hijos, al contrario agrada a Dios y ten los que él tiene preparado para ti, gózate de la situación económica, de salud o de otra índole, obedecer la palabra del Señor Jesucristo está por encima de toda situación mundana, en un matrimonio de los hijos de Dios se cumple la ley del perdón, ya que la convivencia diaria se expone a tener más problemas que con hermanos externos, todo debe ser perdonado entre los esposos en Cristo y ser ejemplo de los hijos.
Las hermanas casadas que trabajan háganlo con el sacrificio de dar testimonio ante el mundo de que Dios en todo tiene propósito, existen muchos ejemplos para continuar con las diferentes circunstancias que rodean a las hermanas casadas en Cristo, lo más importante que deben tomar en cuenta es que descansar en la palabra del Señor Jesucristo trae paz, amor y misericordia de Dios, lean los anteriores blogs (mandamientos del Espíritu Santo a las hijas de Dios y matrimonio en los hijos de Dios). Las mujeres no deben estar en ministerio, es un error y desviación de la palabra pueden estar atrás o con la cobertura de su marido, más las mujeres sí pueden procurar los dones y frutos del Espíritu Santo y ponerlos al servicio de la iglesia y de los que te rodean, el amor sea sin fingimiento y sin medida y se envuelvan en el amor espiritual y físico que Dios nos ha dado para el disfrute de nuestros cuerpos consagrados para su propósito eterno y el ejemplo de su promesa de amor por nosotros en la venida de Jesucristo por su iglesia. Amén.




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