DOMINIO PROPIO.
- Cuerpo Editorial

- 18 abr 2015
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A todos los hermanos en la fe de nuestro Señor Jesucristo, dispuestos en todo el planeta, salud. Que el Dios de toda misericordia y gracia sobreabunde éstas en sus espíritus para testimonio a los que están engañados y consuelo a los que están en libertad. Amén.
El Señor Jesucristo no solamente es un Señor en nuestras vidas (alguien que está con más autoridad que nosotros y rige) sino también es un Pastor (nos proporciona los medios para subsistir y crecer) y además Maestro (nos muestra con palabras y ejemplos prácticos el modo que desea que vivamos).
Y específicamente Maestro porque él inició no sólo con su prédica sino con sus hechos que lo que Dios realmente quiere y espera de nosotros es no solamente palabras sino hechos realizados con sinceridad y gozo. Cristo vino a realizar y pavimentar el camino de salvación para nosotros con su propio ejemplo en obediencia al Padre, sujetándose a Su Voluntad en amor a Él y a nosotros.
Durante su estancia en este mundo, Jesús tuvo muchos inconvenientes: afanes, disgustos, incomprensiones, frustraciones, amarguras, decepciones, porque miró que el estado espiritual del pueblo de su Padre estaba en lo mínimo posible y en los gentiles no era la excepción tampoco.
Sin embargo, no dudó, sino que continuó adelante, sometiendo su voluntad a la causa de Dios. El llevar a cuestas tal responsabilidad no supone algo fácil, como nada fácil lo es en éste mundo. ¿Ganarse el pan de cada día, criar hijos, ir a la escuela, el hecho de trabajar, el trato diario con gente es sencillo? Es pregunta.
Por tanto el principio del dominio propio es éste: saber que lo uno hace, soporta o evita es para la causa de Dios, entender que si uno se priva de cosas es lo que más conviene para el crecimiento del Espíritu en detrimento de lo carnal y pasajero; y si uno observa y medita antes de hablar es porque la sabiduría y la inteligencia deben estar siempre antes que la impetuosidad y ansiedad.
Porque si el mismo Jesús tuvo que ser llenado del Espíritu Santo antes de iniciar su ministerio, así nosotros mismos debemos ser llenos del Espíritu Santo para practicar el dominio propio y lidiar con el mundo. Puesto que quien se domina a sí mismo antes que a otros, éste es bienaventurado y no por o para los hombres (pues estos son insensatos) sino por y para Dios (quien le justifica y le ama); así como amó a Su Hijo, no sólo porque obedeció al venir, sino por el hecho que soportó con paciencia lo duro de la misión en su tiempo.
Dominio propio no es una combinación de palabras bonitas. Es una pareja de palabras gloriosas, fuertes, admirables. Porque el Maestro es lo que es por lo que hizo y demostró. El Señor Jesucristo tiene por eso toda autoridad sobre nosotros, los que le amamos, no sólo porque su esencia es espiritual sino porque él primero cimentó la salvación y nosotros al seguir sus pasos aspiramos a ser como él. Porque si somos vencedores, llegaremos a ser tan espirituales como él y ciertamente nuestra dedicación no quedará ni en el olvido ni en vano. Porque por eso están los premios y los laureles, como incentivo que hay más detrás del esfuerzo. La recompensa dada por él, nuestro Maestro, nuestro Señor para quienes luchen y lleguen al final victoriosamente, así como el Gran Dios y Padre recompensó la labor fiel de su Hijo al darle TODA POTESTAD sobre la creación.
El dominio propio implica un alto grado espiritual, que de ninguna manera se llega pronto (a menos en específicos casos logrados por el Padre en sus operaciones de testimonio) pues como todo manjar de reyes y poderosos en esta tierra, toma tiempo conseguir los mejores ingredientes, los mejores utensilios, el tiempo de preparación y cocción hasta que el platillo esté perfectamente listo para ser provisto y degustado.
Y aunque el mundo tiene su versión de “dominio propio” (pues el diablo busca afanosamente en ocultar el único camino de salvación con senderos similares) éste fracasa al ser hueco, limitado, vano. ¿Por qué? Porque no es integral. Sólo aplica para ciertas almas, ciertas situaciones. Implica estar en soledad extrema, en condiciones extrañas, en privaciones exageradas para alabanza personal. Dios pone las cosas en su debido tiempo y forma y el hombre provoca o somete las situaciones a su capricho.
Por eso, es mejor siempre andar y estar en el camino genuino para practicar el dominio propio con el Maestro que lo enseñó sin vanidades, que buscar y encontrar imitaciones baratas y necias del mismo hechas al gusto, idioma y necesidades de cada quien.
Amados: sed sabios y procurad practicar el dominio propio para que os luzca como a las mejores vestimentas perfumadas delicadamente ante nuestro Señor y ante nuestro Dios y Padre. Bien hacéis si seguís cabalmente con este consejo que os doy, y que el Señor Jesús os provea de todo lo necesario para que lleguéis a buen puerto en este asunto. Paz sea a todos vosotros, los hijos de Dios por la fe en Jesucristo, Señor nuestro, una de las manadas pequeñas en México os manda saludos, el que escribe de igual forma, Amén.

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