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¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David?

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 16 may 2015
  • 3 Min. de lectura

En los dos pasajes que se describen a continuación tratan de un mismo hecho, por un lado relatado por Lucas y por el otro Mateo. Es un cuestionamiento que habla de la autoridad del Señor Jesús y de su forma de enseñar haciendo preguntas y contestándolas con una seguridad del tema que estuviera hablando.


El presente tema describe el profundo manejo que hace el Señor Jesús de la explicación de los tiempos. Por un lado refería al libro de los salmos en el cual el rey David (orgullo del pueblo judío) le reconocía como Señor y por el otro explicaba que su linaje humano procedía de David y el pueblo le reconocía como profeta. En Lucas 20:41-44 está escrito: 41 Entonces él les dijo: ¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David? 42 Pues el mismo David dice en el libro de los Salmos: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, 43 Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. 44 David, pues, le llama Señor; ¿cómo entonces es su hijo?


Y en Mateo 22:41-46 está escrito: 41 Y estando juntos los fariseos, Jesús les preguntó, 42 diciendo: ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron: De David. 43 Él les dijo: ¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor, diciendo: 44 Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? 45 Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo? 46 Y nadie le podía responder palabra; ni osó alguno desde aquel día preguntarle más.


En Mateo se describe que el cuestionamiento es directo a los fariseos y les pregunta lo que piensan del Cristo y de quién es Hijo.


Los fariseos jamás iban a reconocer la posición y el linaje de Jesucristo, ellos (como los ateos y religiosos de este tiempo en el mundo) desean la gloria de los seres humanos y rápidamente contestaron: de David.


¡David, el linaje humano en la carne! Los fariseos no le iban a dar crédito a Jesucristo en su anuncio, había qué ocultar la verdad. Eso hacen actualmente los religiosos y los ateos, los primeros en dar vuelta a la palabra de Dios para que nos sea predicado el Señor Jesús; y los segundos para distraer y ocultar en todas las formas posibles de la existencia y la venida del Señor Jesucristo.


El señor Jesús en Lucas menciona el libro de salmos y cita los siguientes versículos:

Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, 43 Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. 44 David, pues, le llama Señor; ¿cómo entonces es su hijo?


Una correcta diferencia que aparece en el pasaje de Mateo, es que muchos cuestionamientos hay que discernirlos en el espíritu como está establecido en el versículo 43: Él les dijo: ¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor? Jesucristo es el Señor debajo del Señor Dios y conoce la posición de su Señor Jesús que es la diestra del Padre, pues Dios es uno. El Padre, de quien todo fue hecho, siendo Padre y único y sabio Dios engendra a su hijo, ¿no entendéis acaso? Nunca un Padre es después que el Hijo, el hijo SIEMPRE es después que el padre, Él es quien concede la honra de su diestra, porque Él se movía en su interior y ahora él está en Su diestra, ha recibido un lugar especial, desde antes de la fundación del mundo.


Los que son del Espíritu discernirán lo anterior. Solo hay un Dios: el Padre, y un Hijo unigénito y primogénito, su Espíritu está en nosotros y nos guía a esta verdad absoluta. Los fariseos no lo entendieron, pero no lo cuestionaron en ese pasaje. La lección es que Dios en su palabra le había dicho a su pueblo que enviaría a su rey, a su sacerdote del orden de Melquisedec y su salvador. Ellos se contentaron con su religión. Dios no quiere religión en el hombre, quiere libertad para comprender la sabiduría de Dios, ése es el libre albedrío que se pregona en la escritura: no el seleccionar una decisión, sino creer al enviado Jesucristo de parte del Padre y al que hace posible su entendimiento: el Espíritu Santo. Recuerdo aquel filósofo griego de la teoría del movimiento en el cual se refería aquel que mueve, todo lo que se mueve, sin moverse. Jesucristo es el Hijo de Dios. Amén.

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