Editorial 57
- Cuerpo Editorial

- 16 may 2015
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La paz del Señor Jesucristo en tu espíritu
Amor y gracia para todos los santos establecidos en los más recónditos lugares de la tierra, siempre leales a la esperanza debemos de estar firmes en la promesa de la venida del Señor Jesucristo, animémonos y deseemos de todo corazón la pronta venida del Señor Jesucristo.
Cada día que acontece el mundo se pierde cada día más en la búsqueda de cosas que los ayuden a mitigar y aliviar lo que pasa en el mundo, el hombre sin Dios prodiga todo engaño para hacer difícil el tránsito del hombre en esta vida, la gran concentración de riqueza en manos de unos cuantos y los gobiernos serviles a esos cuantos provocan en las naciones constantes divisiones de pobreza, hambre y enfermedad que hace imposible la estancia de millones y millones de seres humanos esparcidos en la marginación mas espantosa que haya visto y vivido en el planeta.
La idolatría, la ignorancia y la incredulidad son para el mundo su enseñanza más cruel y despiadada para desaparecerla en las tinieblas que lo ahogan en poner su esperanza en hombres o sistemas; los hijos de Dios debemos de permanecer en paz en cuanto sabemos que sucederán muchas cosas antes que venga el Príncipe de gloria por su iglesia.
El amor entre los hermanos debe de prevalecer para seguir en el camino de la fe en el Señor Jesucristo, no debemos de contaminarnos con la corriente ecuménica que está floreciendo en todos los países del mundo. Grandes organizaciones cristianas han sucumbido ante dichas corrientes y las han avasallado las religiones del mundo, cada vez, los medios electrónicos, los sistemas de comunicación, los sistemas digitales se han visto invadidos en su privacidad con el único objetivo de encontrar los que critican el nuevo sistema de interconexión humana.
No es tardanza la venida de Jesucristo, es una nueva oportunidad que concede nuestro Padre para dar la vida eterna a los que crean en él. El número de redimidos ya los conoce y los contó Dios. La iglesia debe dar testimonio de no estar en la corriente de este mundo, sino confrontarla con la verdad no en la contienda sino en el soporte de vivir la vida en Cristo Jesús: Pastor, Cabeza y Señor de la iglesia.
Debemos de clamar: “¡Ven Señor Jesús!”, amén.

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