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LUCAS 7

  • Foto del escritor: Cuerpo Editorial
    Cuerpo Editorial
  • 26 may 2015
  • 4 Min. de lectura

Lucas 7:36-50 36 Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa. 37 Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; 38 y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume. 39 Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora. 40 Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro. 41 Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; 42 y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más? 43 Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado. 44 Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. 45 No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. 46 No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies. 47 Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; más aquel a quien se le perdona poco, poco ama. 48 Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados. 49 Y los que estaban juntamente sentados a la mesa, comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es éste, que también perdona pecados? 50 Pero él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz.


Este pasaje confirma que Jesucristo conoce lo que piensa el hombre. Lo escrito en Juan 2:24-25 24 Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos, 25 y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre.


Los fariseos representan una clase hipócrita de vida exterior, la doctrina farisea es un ejemplo de pulcritud externa y podredumbre en su interior. Juzgador por excelencia y perseguidor de los débiles de conciencia para sobrevivir a su pobre situación espiritual delante de Dios, ellos se autoexaltaban de su superioridad en conocimientos y comportamientos, su realidad no solo era despreciable por el pueblo sino por DIOS, lo menos que quería de esa secta, era su abominable soberbia y enaltecimiento, contrario a lo que establecía en su palabra.


Sólo el que reconoce su actitud de desobediencia a Dios, sabe que la pobreza espiritual, ante Dios es solicitar su perdón por medio del arrepentimiento sincero de corazón, que consiste en volcarlo ante él, para reconocer que sólo Él lo puede limpiar. Ahora en estos tiempos hay que tener la esperanza de ser como Él, para purificarlo como dice en el capítulo de 1 Juan 3:2-3 2 Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. 3 Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.


Jesucristo conoce nuestros corazones, él sabe quiénes somos nosotros y que tan cerca o alejados estamos de él. Jesucristo no nos reconoce por número de desobediencias que cometemos diariamente en nuestro andar por el mundo, sino por la fe en que vivimos, en el amor de soportar, de esperar, de creer y de sufrir. Él quiere un corazón contrito, humilde de reconocer de no confiar en nuestra carne o nuestras fuerzas, él quiere una fe de que él lo puede vencer todo, él es el alfarero de nuestras vidas, él se encarga de regenerarnos, transformarnos y moldearnos. No es el barro el que se forma así mismo, sino el alfarero que va cambiando su figura y lo va adecuando al servicio para el que fue hecho.


La fe en Jesucristo salva es la mayor declaración que en ese lugar se vertió, la fe perdona los pecados, al creer que Jesucristo los pagó en la cruz. Jesucristo en autoridad, dominio y señorío espiritual le perdonó los pecadosa la mujer que lo ungió. Hoy, hace lo mismo con todos los hombres, los pecados ya han sido pagados, no hay pecado que no esté pagado. Jesucristo ya los pagó ya está implícito en ese pago el perdón de los pecados, solo quiere que te muevas en estas declaraciones de fe.


Vivamos en esa paz de Jesucristo en este mundo. No importa que los fariseos actuales no lo crean, para ellos no hay perdón por no creer, para los que hemos creído que Jesucristo es el Hijo de Dios, la vida espiritual del poder de Dios se revela en el mismo instante al creerlo. Amén.

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