Padre Nuestro
- Cuerpo Editorial

- 22 jun 2015
- 5 Min. de lectura

El nombre dado a la humanidad para nombrar al único y sabio Dios, el nombre dado por el Señor Jesucristo a todos aquellos que quieran ser hijos del Creador de los cielos y la tierra y todo lo que habita, ya no será Jehová para su iglesia, ni Yahvé, ni Adonai, ni Shaddai… Esos nombres son para los antiguos, para los del nuevo pacto el gran Dios de todos los espíritus es nuestro Padre, no es mío ni tuyo, NI EL DE LOS JUDIOS, es nuestro. Es de todos los que le invocan, somos de su cuerpo por Jesucristo, él es Dios y seguirá siendo Dios pero se revela en nuestros tiempos como nuestro Padre.
¿Por qué crees que así lo dispuso?
¿Por qué crees que envía a su hijo Jesucristo?
¿Por qué ya no es como el Dios de los judíos?
Por amor y misericordia
No es por justicia, entonces ¿Qué somos delante de Él?
No es por nuestra obra ¿qué hemos hecho para tal distinción?
Solamente por amor a su Hijo en nosotros
Él es Dios pero ya no le llames así
Dile: “Padre” y dile “nuestro” para que te unas en el Espíritu con amor que aquellos también le dicen Padre.
¿Acaso no es maravilloso nuestro Padre?
Nos hermana con toda la humanidad en el Espíritu y somos uno con Él, el mejor título que puede adquirir un hombre es ser hijo, ser hijo de alguien y qué mejor gracia de ser de los hijos de Dios por la Fe en el Señor Jesucristo.
En esta era es de bendición y gracia para a todos aquellos que invocan su nombre por medio de Jesucristo, toma en cuenta esta obediencia a su palabra, este mandato se lo dio a nuestro Señor Jesucristo que proclamará la nueva filiación del hombre obediente a su palabra.
El Dios severo que se predica se derrama en amor y misericordia a través de la lectura del nuevo pacto:
Evangelios
Hechos de los apóstoles
Cartas epistolares
Lee en orden el nuevo pacto, es el medio más precioso de conocer esta dispensación destinada para los hombres de esta generación, no hay amor más valeroso que la de nuestro Padre que hará todo por sus hijos, Él envió a su Hijo Jesucristo a morir en la cruz para salvarnos y darnos la vida eterna, Jesucristo hizo el sacrificio y ya no hay más sacrificios, solo hay que seguir la palabra de Jesucristo y reconocer esa remisión de la sangre derramada en su muerte por nosotros.
Acércate confiadamente a Dios como a un Padre; acércate por medio de Jesucristo en señal de obediencia al pacto con los hombres de este tiempo, Él te escuchará y oirá, Él te responderá, Él te ayudará, Él te sostendrá, Él te complacerá, Él te afirmara, Él te guiara, Él te sanará, Él te salvará.
Lee unas palabras que el Señor Jesucristo le dijo a nuestro Padre y que el Espíritu Santo nos dejó en Juan 14:15-17 15 Si me amáis, guardad mis mandamientos. 16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: 17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.
Juan 15:26 Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.
Juan 16:25-28 25 Estas cosas os he hablado en alegorías; la hora viene cuando ya no os hablaré por alegorías, sino que claramente os anunciaré acerca del Padre. 26 En aquel día pediréis en mi nombre; y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, 27 pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios. 28 Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre.
Juan 17:1-5 Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; 2 como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. 3 Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. 4 Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. 5 Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese. 6 He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. 7 Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti; 8 porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste. 9 Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, 10 y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos. 11 Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. 12 Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese. 13 Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos. 14 Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 15 No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. 16 No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 17 Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. 18 Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. 19 Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. 20 Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, 21 para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. 22 La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. 23 Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. 24 Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo. 25 Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. 26 Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.
La palabra escrita en el nuevo pacto es un nuevo lenguaje divino que encuentra eco en nuestro más íntimo pensamiento de nuestra mente por el Espíritu, sigue leyendo el nuevo pacto en orden; versículo por versículo y capítulo por capítulo y encontrarás los verdaderos tesoros de sabiduría.
Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.
10 Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. 11 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. 12 Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. 13 Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.




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