Reclamo de una sociedad constreñida
- Cuerpo Editorial

- 19 jul 2015
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El que escribe, envía un afectuoso saludo en el Señor Jesús a los lectores: Paz y gracia de Cristo en sus vidas, que el Padre Celestial, el Verdadero Dios sea pleno en misericordias y victoria en su recorrer por este mundo.
Hace muy pocos días transitaba por las redes sociales como cualquier mortal. De pronto, la publicación de uno de mis contactos llamó mi atención. Leía su escrito y escribía una arenga hacia el Señor Jesús, la descripción de su reino incompleta e incumplida y el uso de parábolas para hablar a la gente.
No niego hubo un celo enorme para dar réplica expedita, pero la paz de Cristo debe sobreabundar en nuestros corazones a fin de no dar pie al enemigo estropee nuestra obra (la defensa de la fe en este caso). El Espíritu Santo fluye y da el mensaje correcto.
Este perspicaz contacto no daba crédito que Jesús hablara de un reino de Dios y que nunca lo cristalizó, jamás se vio. La generación pasó y nunca vieron ese reino. Incluyó a Saulo de Tarso en su narrativa. Mencionó que la iglesia primitiva fue la católica y que de haber nacido en aquéllos tiempos hubiésemos muerto decepcionados.
Pero por el Espíritu Santo sabemos que el reino al que Jesús se refirió era uno espiritual, interno, que implica el alma y no el cuerpo. Porque de haber sido terrenal habría sido forzoso escoger una locación física y sería imposible determinar qué área sería sin pecado. Esa generación pasó y murió en su rebeldía al no creerle en sus propias palabras de viva voz y fue culpable de su sangre derramada. En cuanto a lo católico, pues fue hasta la caída del imperio romano cuando se combinaron diabólicamente los dioses romanos con los personajes judíos de los tiempos de Cristo.
El punto a tratar, amados lectores, es que tenemos que contener nuestra lengua o manos antes de proferir respuesta para dar lugar al Espíritu Santo que, siendo eterno como el Padre y el Hijo, estuvo en el pasado antes que nosotros y podrá hilvanar el argumento destructor de mentiras, palabras ociosas y dogmas perversos que confunden a todos los que no se protegen en Cristo de eso.
Tantas doctrinas han hecho que la libertad se ha degenerado en libertinaje de descomponer todo lo que había sido hecho, para que el enemigo tome partido entre las mentes débiles, las perdidas y las contumaces y enterrar todo lo que sea mensaje del Padre a través del Hijo y no busquen la verdadera sabiduría, la de lo Alto.
Y los reclamos varían en que humanos de este tiempo, como en aquél, siguen esperando un reino terrenal, cuando el Señor Jesús jamás dijo eso y desde un principio declaró que su reino no era de este mundo ni de esta tierra. ¿Por qué la terquedad y no el enmendarse de su mal camino?
La respuesta final, es que la fe libera y fortalece en vida, más la religión enclaustra el alma y corazón hasta la muerte. Preciosos hijos de Dios: no desmayen, continúen porque el camino es difícil pero tolerable y más en el Señor Jesús por medio del Espíritu Santo.
Y he aquí la palabra de consolación: que a medida que renunciemos más a estas ataduras y estos placeres, mejor será nuestro galardón de parte de quien nos vio, escogió y llamó por nuestro nombre: Cristo Jesús, Señor nuestro ante la complacencia del Padre.
Que la sabiduría de lo Alto sea esparcida y sobreabunde en sus mentes y corazones a fin de que sigan guardados en la sana doctrina de nuestro Señor Jesucristo, es la petición. Amén

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